El veto presidencial abre fisuras en PAÍS

10 enero, 2012

Imagen El veto presidencial abre fisuras en PAIS

Asambleístas de la oposición y algunos del oficialismo, con Fernando Cordero a la cabeza, han llegado a coincidir en un deseo: encontrar un mecanismo para esquivar el derecho a veto del cual goza el presidente.

Esa es la demostración más palmaria de que el presidente, al usar en forma discrecional y poco política su prerrogativa, ha terminado volviéndose un problema para la Asamblea. Ni su bloque puede articular una mayoría ni la oposición, en los casos que juzga posible, puede poner sus votos para sacar adelante leyes polémicas. Todos saben que no pueden negociar los contenidos porque estos pueden cambiar en Carondelet.

La búsqueda de un mecanismo para superar ese impasse se antoja, entonces, desesperada. Pero tan poco segura como una exploración en pos del Santo Grial. Lo sabe César Montúfar. Entre otros asambleístas, él propuso que la oposición apoyara con sus votos, por ejemplo, una buena ley de comunicación con dos condiciones, en particular: que el oficialismo se muestre permeable a las observaciones hechas al proyecto Andino.

Y dos, que si hay acuerdo en torno a un cuerpo legal, el oficialismo se comprometa, con firma pública, a insistir en el acuerdo con sus votos si el veto presidencial desnaturalizara la ley. Por supuesto, el oficialismo no quiso ir en esa dirección.

Pero, coincidencia curiosa, ahora es Fernando Cordero quien busca, desde hace algún tiempo, una salida al círculo desgastador en que se encuentra la Función Legislativa. Lo dijo en EXPRESO, primero, y ayer, en El Comercio. En este Diario comunicó su deseo de publicar el contenido de la ley para darlo a conocer e invitar al presidente a participar en un debate abierto. Su idea era “socializar el proyecto” con el fin de disminuir el margen del veto. Ayer, Cordero agregó una propuesta: organizar un par de foros públicos y persuadir al presidente Correa de dos cosas. Una, que participe. Y dos, que en esos escenarios haga observaciones aceptables para todos.

En ese planteamiento, en teoría, el problema desaparecería y el presidente, habiendo actuado, dejaría de usar el veto como arma de destrucción masiva. Si en los hechos hubiera la posibilidad de que Correa hiciera lo que propone Fernando Cordero, la primicia la daría el propio presidente.

Cordero no dio una noticia; busca cómo aflojar la prensa en que están hoy atrapados. Sus declaraciones revelan el malestar que hay en una Asamblea en la cual, hasta el bloque oficialista, empieza a sentir amenazas reales derivadas de las iniciativas del Ejecutivo. O de su capacidad de veto. Esto se evidencia en el cambio en el sistema de asignación de escaños para los asambleístas provinciales y nacionales. O en el veto que busca que los medios, en época de elecciones, hablen de todo, menos de política. Hasta ahora, el bloque oficialista y el mismo presidente de la Asamblea, no asumían, como costo, la anemia política que causaba el veto presidencial en el Legislativo. No lo sentían porque contaban con mayoría. La pérdida de figuras como Betty Amores y María Paula Romo, el desgrane de votos de aliados seguros y la ambivalencia de otros, les hizo tomar conciencia de un hecho que Fernando Cordero refirió a este Diario: la mejor vía para aprobar las leyes son sus bondades intrínsecas.

Pero, ¿cómo negociarlas si, en última instancia, Correa usa su derecho al veto como una verdadera espada de Damocles suspendida sobre la cabeza de todos los asambleístas. Con sus vetos, el presidente Correa inoculó malestar entre los suyos. Ya no se trata de sumar votos. El cambio de asignación de escaños ha puesto a algunos a hacer cuentas. Y todos saben que si no se oponen al pedido de prohibir a los medios difundir información electoral, muchos de ellos firmarán el acta de defunción política.

Solo el presidente, armado de un aparato de propaganda, finge ignorar que los políticos son adictos a salir en los medios. Y no hay oficialista que no sepa que si la prensa independiente no puede hacer su trabajo, lo más seguro es que la foto con el presidente no les baste, en sus provincias, para volver a la Asamblea. Esta vez el presidente, además de dejar sin trabajo a la asambleístas, se metió con ellos. Por eso el veto pasó a ser un lío para los asambleístas más políticos, y quizá más democráticos, del oficialismo.

José Hernández, Subdirector

Fuente: Diario el Expreso de Guayaquil

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