Inmigrantes: En el infierno de Gadafi

19 marzo, 2012

Imagen Inmigrantes: En el infierno de Gadafi

Un impactante documental narra el drama de 24 inmigrantes de una patera que han logrado condenar a Italia en el tribunal de Estrasburgo por entregarles a Libia en alta mar.

El documental ‘Mare chiuso’ (Mar cerrado), de Stefano Liberti y Andrea Segre, que se estrenó el jueves en Italia y es una bomba contra la política de inmigración del último Gobierno de Silvio Berlusconi, nace y tiene su fuerza en una casualidad. El 6 de mayo de 2009 la Marina italiana localiza en alta mar una barcaza con 200 inmigrantes etíopes, eritreos y somalíes, huidos de sus países en guerra y luego de Libia, donde a menudo son maltratados sistemáticamente por su color de piel. «Nos dieron agua, nos trataron bien y nos dijeron que no nos preocupáramos, que nos llevarían a Roma en helicóptero», cuenta una mujer en la cinta. Pero de repente sonó el teléfono y la cara del militar se oscureció. Estos 200 desgraciados, locos de felicidad por llegar a Europa, no lo sabían, pero iban a ser conducidos de vuelta a Libia sin contemplaciones. Fue con esa llamada, por primera vez, cuando se inauguró esa dudosa práctica. ¿Cuál es la casualidad? Que en esa barca había dos periodistas de ‘Paris Match’ y lo contaron todo. En ‘Mare chiuso’ se ven las impresionantes imágenes grabadas dentro de la patera.

Quienes iban en aquel bote preferían morir antes que caer en manos libias. Alguno, atado de pies y manos, se arrojó al agua para suicidarse. Tuvieron que pegarles con palos para que desembarcaran. Muchos ya habían pasado por las cárceles de Tripoli y sabían lo que les esperaba. Según su testimonio, estuvieron atados boca arriba a pleno sol, con descargas con cables eléctricos, uñas arrancadas con pinzas, latigazos con cadenas y escasa agua potable. El contraste con las declaraciones que en ese momento hacía Berlusconi es brutal y revela todo su cinismo: «Les hemos entregado a territorio libio, donde pueden fácilmente dirigirse a Naciones Unidas para explicar su situación personal y pedir el derecho de asilo en Italia». Gadafi, en cambio, fue más claro durante una de sus delirantes visitas a Roma: «Los africanos no tienen derecho de asilo. Dicen solo mentiras. Esta gente vive en los bosques, o en el desierto, y no tienen problemas políticos». Todo aparece en ‘Mare chiuso’.

15.000 euros por cabeza

Se calcula que hubo ocho o nueve traslados masivos de este tipo, que afectaron a un millar de personas, aunque no hay datos precisos y el Gobierno italiano tampoco los da. ‘Mare chiuso’ llega a las tres semanas de una sentencia que le ha permitido al menos añadir un final un poco feliz. El pasado 23 de febrero el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo condenó a Italia a indemnizar con 15.000 euros por cabeza a 24 de aquellos 200 inmigrantes, representados por una ONG italiana, el Consejo Italiano para los Refugiados, que pudo identificarlos en Libia. El fallo, dictado por 17 jueces de forma unánime, acusa a Italia de haber violado tres principios fundamentales de la Convención Europea de los Derechos del Hombre: la prohibición de torturas y tratamientos inhumanos, de expulsiones colectivas y el derecho al recurso de asilo.

«Fueron tratados como paquetes, o peor, porque los paquetes son registrados y tienen un control. Es una sentencia muy importante porque por primera vez rechaza las expulsiones colectivas», explicaba ayer en Roma, en la primera proyección del filme, uno de los abogados, Anton Giulio Lana. Su tarea ahora es encontrar a muchos de sus 22 clientes -otros dos han muerto- para darles la noticia. Si esto ya es difícil mejor ni pensar en el millar restante que sufrió idéntico tratamiento. La mayoría no se sabe dónde está.

Semere lo logró

«El mensaje clave de la sentencia -analizaba el letrado- es que no se puede ‘externalizar’ la gestión de los inmigrantes y que el derecho comunitario incumbe a cualquier barca interceptada en alta mar por una nave de un estado europeo, no hay una zona franca». La representante en Italia de ACNUR, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Laura Boldrini, fue aún más clara: «No hay atajos legales en nombre de la seguridad».

Ahora da aún más vergüenza recordar las imágenes de Berlusconi besando la mano a Gadafi. El exprimer ministro italiano firmó en 2008 un extravagante Tratado de Amistad con el sátrapa libio por el que le donaba 5.000 millones como indemnización por la época colonial. La idea, en realidad, era comprar a Gadafi para que hiciera el trabajo sucio de policía de frontera: cerrar el grifo de la inmigración por mar a Italia. Hasta le regalaron seis fragatas para patrullar las costas. La Liga Norte, el partido xenófobo aliado con Berlusconi y que ocupaba entre otros el ministerio de Interior, impulsó luego su medida soñada: no dejar a los inimgrantes ni pisar tierra, para no tener que pensar en su alojamiento, en tramitar peticiones de asilo ni encontrárselos por la calle.

Poco o nada se sabría hoy de la suerte de este millar de personas si en marzo de 2011 no hubiera estallado la guerra en Libia. Muchos terminaron en el campo de la ONU en Shousha, Túnez. Es allí donde fueron entrevistados para el documental. La cámara sigue a uno de ellos, Semere, que después de estar separado más de dos años de su mujer y su hija, a la que no conocía, logra por fin el visado para entrar en Italia. Tras dramáticas peripecias, él lo consiguió. Según la ONU, se calcula que solo en 2009 y solo de las embarcaciones zarpadas desde Libia, el mar se tragó a 1.500 personas.

Fuente: lasprovincias.es

.

.

Compártenos y Síguenos en:
  • Bitacoras.com

Previous post:

Next post: