Ecuador: ¿El papel del Presidente es producir epopeyas?

25 marzo, 2012

Imagen Ecuador: El papel del Presidente es producir epopeyas

Fracasaron: la lectura que hace el Gobierno de la marcha del 22 es el mejor ejercicio de ceguera política en tiempos. El presidente Correa se multiplicó para decir, el jueves pasado, que habían logrado llevar a Quito 60.000 personas. En la plaza San Francisco habló de 70.000. Lo cierto es que el Gobierno no llenó ninguna plaza. En ningún momento ese día.

La otra certeza es que los indígenas no fueron “cuatro pelagatos”. Hubo miles de ellos, representantes tan sencillos como dignos de la riqueza étnica que tiene el país. Hay cosas que la publicidad no puede ocultar.

60.000 o 70.000 personas, dijo el Presidente, versus 3.500. Lo dijo radiante, convencido de la verosimilitud de esas cifras que cualquier persona ecuánime no puede suscribir. Y convencido, además, de que el fondo de la marcha reside en sumas y restas.

Si la tarea de un gobierno fuera competir en las calles con sus ciudadanos, la realidad sería más llevadera. El peligro nuclear no existiría en las centrales europeas, chinas y japonesas. Bastaría con que esos gobiernos desconocieran la alerta de 20.000 ciudadanos que hace poco manifestaron y reunieran a los amantes de la energía nuclear. Pero esos gobernantes no proceden así: reciben el mensaje enviado, lo procesan y no deslegitiman la preocupación ciudadana.

Mientras este Gobierno no entienda que en política es tan importante prever y decidir como oír y corregir, el Presidente Correa podrá vanagloriarse de muchísimos éxitos callejeros. Siempre habrá funcionarios agradecidos y plata para transportarlos.

Lo que desnuda esta marcha, de sus exbases sociales, es que el Gobierno se ha fabricado un cerco conceptual y político como consecuencia de que no hay quién discuta las decisiones presidenciales. Eso produce situaciones surrealistas. Los mismos ministros que, hace algunos meses justificaban que no había que discutir con los dirigentes de la Conaie porque no representaban a nadie, y eso decían porque eso decía el Presidente, hoy afirman lo contrario. Hace unos meses, el Gobierno buscaba desesperadamente interlocutores entre los indígenas. Como hizo Lucio Gutiérrez o Abdalá Bucaram. No han cambiado ni Humberto Cholango ni Delfín Tenesaca. Pero Doris Soliz, hace unos meses, y Betty Tola, ahora, no hacen política ni procesan la realidad-real: escuchan las sabatinas y siguen la marea presidencial. Como todos los ministros.

Todos respetan religiosamente su autismo. Y el Presidente luce encerrado, como diría Jorge Luis Borges, en la múltiple compañía de sí mismo. Su drama político radica ahí: en la imposibilidad de mirar a la sociedad como un ente vivo, plural, contradictorio, versátil y, en última instancia, incontrolable. En vez de interlocutor de ella, él se ve como su único representante, guía y demiurgo.

En ese cerco, lo más dramático para el país, es contar con un gobierno que toma sus deseos por realidades. Y que, una vez que comprueba que entre deseo y realidad hay un desfase, se declara impedido para corregir. El Presidente, con la total anuencia del vicepresidente y de su gobierno, ha erigido en cultura política un despropósito: cualquier acto o decisión suya hace parte de una epopeya. Y es tan trascendente como infalible.

Por ende, cada decisión debe ser defendida incluso contra las evidencias de la realidad. Por eso el Gobierno procede como si cada día tuviera que ir a la guerra y vencer. Cada victoria se suma a las anteriores como si el objetivo de la democracia fuera aplastar enemigos. Y como si el destino de los gobernantes fuera producir hitos históricos.

Con semejante escenario, corregir suena a una claudicación indigna del rol épico que debe jugar una revolución. Corregir es dar razón a alguien y eso no figura en el guión oficial. El oficialismo tiene y tendrá la razón así el aparato mefistoliano tenga que maquillarla o los ministros inventarse eventos para traer funcionarios a las manifestaciones.

El cerco conceptual y político en que se mueve Correa es insostenible. Porque corregir es devolverse y él se programó solo para avanzar y vencer.

Fuente: Diario El Expreso de Ecuador

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