Ecuatoriana espera una salida para no entregar su vivienda en España

27 marzo, 2012

Imagen Ecuatoriana espera una salida para no entregar su vivienda en Espana

Cada martes por la noche, decenas de propietarios de viviendas que no pueden pagar sus hipotecas se reúnen en un hacinado centro comunitario, cerca de la principal plaza de toros de Madrid, y discuten cómo seguir luchando contra sus bancos acreedores.

Los afectados, muchos inmigrantes procedentes de Sudamérica, miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, hablan por turnos sobre lo cerca que están del desalojo. Hablan de perder sus puestos de trabajo, de no pagar sus préstamos y de recibir la notificación judicial de que falta poco para que les echen.

Muchos miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca son ecuatorianos que llegaron a España a finales de la década del noventa y principios de la del 2000 para trabajar en la industria de la construcción, sin imaginarse la crisis que vendría.

Una de las afectadas es la ecuatoriana Patricia Tapia, de 28 años, una desempleada que dejó de pagar la hipoteca hace cuatro años y que en febrero pasado se salvó de ser desalojada porque con la ayuda de un psicólogo voluntario convenció a las autoridades de que le dieran un respiro de 45 días con el que espera ganar tiempo para beneficiarse de las nuevas normas del gobierno español.

Según Tapia, ella y su expareja ganaban unos 3.600 euros ($ 4.788) al mes juntos, cuando recibieron una hipoteca de 285.000 euros ($ 379.050). Los ingresos de Tapia cayeron a 400 euros ($ 532) de su prestación por desempleo.

Su prestamista Bankia, una de las entidades financieras españolas más afectadas por préstamos inmobiliarios de dudoso cobro, la llevó a la justicia y se quedó con la vivienda. El banco tendrá dificultades para deshacerse de ella en un moribundo mercado inmobiliario y si no se vende, Tapia seguirá debiendo toda la hipoteca.

Si se vende a los precios muy rebajados de hoy, Tapia deberá la diferencia.

“La vivienda es suya. Solo espero por lo menos quedarme sin la deuda. Es un peso muy grande. Si en el futuro encuentro un trabajo, ellos (el banco) se quedarían con parte de mi sueldo”, indicó Tapia.

Inmigrantes de bajos ingresos, como la ecuatoriana, se vieron particularmente afectados después de que el mercado se desplomara en el 2007-2008 y cientos de miles de personas se vieron debiendo más de lo que valía su casa. Al mismo tiempo, las tasas de interés subieron y los pagos mensuales de hipotecas a tipo variable se dispararon mucho.

La plataforma ha conseguido suspender o retrasar las decenas de procesos en los últimos seis meses mediante la organización de protestas frente a casas cuyas hipotecas han sido ejecutadas y ayudando a la gente a negociar con sus bancos.

La campaña Stop Desahucios ha generado una ola de rebeldía contra los bancos y el nuevo gobierno ha prometido un respiro a los hipotecados que recibieron préstamos durante un largo boom inmobiliario.

Tapia ahora espera arreglar su situación y no perder la vivienda que comparte con sus dos hijos pequeños.

Fuente: Diario El Universo de Ecuador

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