Ecuador: Marcha Plurinacional. Recuperación de las voces del pueblo

28 marzo, 2012

Imagen Ecuador: Marcha Plurinacional. Recuperacion de las voces del pueblo

Por Ulbio Cárdenas S.

La Marcha Plurinacional que captó atención mundial, preocupó gravemente al gobierno, que apenas anunciada, ideó mecanismos para descalificarla, satanizando a sus organizadores, tratando de deslegitimarla con la cantaleta de la desestabilización; a lo que se sumaron medidas como la infiltración  de agentes, intentos de cerrar el paso en diversos puntos, prohibición a los transportistas para conducir a los marchantes en los trechos que lo requerían, insultos en cadenas nacionales, todo lo que llevó a su majestad a profetizar el fracaso rotundo, frente a la masa de servidores públicos (la mayoría obligados) que en más de mil buses se movilizaron el 22 de marzo a la capital para defender al caudillo de los supuestos intentos desestabilizadores; que finalmente quedaron como el cuento del lobo en boca del farsante pastor.

Laboriosa fue la dirigencia organizacional para levantar el ánimo de sus bases; pues a favor del caudillo existía todo un proceso de desmovilización popular que tiene su origen en lo que alguien llamó la expropiación de la voz de los pueblos, que comenzó con el apoderamiento falaz del discurso y consignas de lucha, cuyo nuevo dueño fue el caudillo, empedernido pequeño burgués que escondió su prepotencia con las canciones del Che y el recuerdo de los íconos de las luchas legendarias de nuestro pueblo. Un segundo paso fue el debilitamiento de la organización popular con la cooptación de dirigentes débiles y susceptibles al chantaje del poder. Luego vino la asfixia económica a las organizaciones que no se sometían y el sometimiento de otras que se convirtieron en reducto personal de los Collaguazo y De la Cruz, que juegan el papel de perros falderos del caudillo. Todo este proceso desembocó en la aplicación de la política del miedo y la criminalización de la lucha, expresada en cerca de quinientos luchadores populares enjuiciados por sabotaje y terrorismo. En ese escenario las organizaciones perdieron su voz, que fue reemplazada por la del caudillo, que en la tarima anunciaba revolución, pero en la práctica desandaba lo caminado en Montecristi; festinando los recursos naturales, hipotecando la producción petrolera ante un nuevo y voraz acreedor (China), despidiendo a miles de servidores públicos que no entienden como se puede hacer una revolución sin los trabajadores. Ante tamaña avalancha, muchos decían hay que parar al tirano, pero se quedaban mordiendo la impotencia, frente a la oscura realidad.

De pronto, desde las selvas de la Amazonía Sur  salió el grito de rebeldía. Surgió la vaquita solidaria que recibía la generosidad popular, vino la solidaridad en la acción con decenas, cientos y miles de gentes sencillas apoyando a los marchantes, uniéndose a ellos, entregándoles comida, dándoles techo donde pernoctar. En Cuenca, fueron cincuenta mil los que levantaron su voz contra la destrucción de los humedales de Kimsacocha; luego sería Riobamba y Latacunga, para rematar finalmente en las estrechas calles quiteñas que se hacían  eco de las consignas salidas de los pechos de hombres y mujeres amantes de la libertad y dispuestas a continuar la lucha por la liberación. Los ecos de sus gritos estarán sin duda zumbando aún en las cabezas del caudillo y sus cortesanos que para ocultar su desazón se lanzan ahora en una ofensiva orientada a deslegitimar una marcha que contó con el aplauso y la solidaridad de los quiteños ese 22 de marzo en que los pueblos del Ecuador comenzaron a perder el miedo y a recuperar su voz.

Mashikuna

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