España: El coste de cada extranjero en un CIE se eleva a 17 euros al día de media y se expulsa a una minoría

25 mayo, 2012

Imagen Espana: El coste de cada extranjero en un CIE se eleva a 17 euros al dia de media y se expulsa a una minoria

El gasto es alto para los resultados que se obtienen, según los sindicatos. El viaje de repatriación, otros 1.807 euros. El año pasado fueron recluidos 13.241 una media de 37 días.

Identificar extranjeros irregulares en las calles, detenerlos, abrirles un expediente de expulsión, ingresarlos en un CIE (Centro Internamiento Extranjeros), y finalmente echarlos del país es un proceso caro. El Gobierno ha facilitado a IU algunos de estos costes y ha revelado, por ejemplo, que el mantenimiento de los nueve CIE que hay en España costó el año pasado 8,3 millones de euros, incluido la alimentación, la limpieza y los consumos de luz, agua y gas.

Según el Gobierno, el coste medio diario “de la plaza de cada inmigrante retenido es de 17 euros, sin tener en cuentas los gastos de personal”. En 2011 pasaron por los CIE 13.241 extranjeros sin papeles, es decir, que según las cuentas cada interno pasó 37 días de promedio en un CIE hasta que fue expulsado de España o puesto en libertad porque no se pudo acreditar a que país debía ser entregado (la estancia máxima legal en un CIE es de 60 días).

Hay más datos. Expulsar, es decir, escoltar a un extranjero a un aeropuerto o a un barco, y pagarle el billete de vuelta, tiene otro coste medio de 1.807 euros. De los 13.241 inmigrantes que pasaron por un CIE en 2011, solo 6.825 fueron expulsados. Hubo otros 4.533 sin papeles que también fueron expulsados sin pasar por un CIE. Los envíos de expulsión costaron así a las arcas públicas otros 20,5 millones de euros. Para este año Interior ha presupuestado 25 millones de euros en esta partida.

Los CIE están en el centro de la polémica por las condiciones que sufren los extranjeros allí retenidos, que han desembocado incluso en alguna muerte. Asociaciones de inmigrantes y ONG han denunciado hacinamiento e insalubridad. Y colectivos de abogados, las pocas garantías jurídicas de muchos de los recluidos. En el de Algeciras ha llegado a haber 8 internos en 8 metros cuadrados de celda.

Solo un 6%

Los sindicatos policiales, por su parte, creen que el Estado gasta muchos recursos en algo que no da resultados, “ya que solo el 6% de los miles de extranjeros a los que se les abre un expediente de expulsión abandonan finalmente España”, según el SUP.

El Consejo General de la Abogacía va más allá y explica que el internamiento en un CIE debe ser solo una medida cautelar para garantizar una expulsión “en los casos de que esta sea una sanción adecuada y necesaria”.

Cree que solo debe decretarse cuando hay garantías de que el interno va a ser expulsado, algo que no pasa en muchos casos porque al final no se puede identificar su país de procedencia ni el Estado destino emite la autorización.

“Durante diez días mi hija no supo dónde estaba”

Tiago es de Sao Paulo. Cruzó el Atlántico hace seis años y es Dj. La madre de su hija también es brasileña. Una noche se acercó a la cabina a pedirle una canción y tres años después nació Simone –nombre ficticio–. Pero la historia no cuajó y ella regresó a Brasil. Simone tenía dos años cuando tres policías pararon a Tiago en la estación de metro de Oporto –Madrid– y le pidieron la documentación. Él enseñó la carta de libertad en vigor que conservaba de la última vez que había estado en el CIE de Aluche. Dos agentes lo dejaron seguir pero el tercer agente decidió que los acompañase a comisaría. Él les intentó explicar que estaba a cargo de su hija. Que no tenía familiares. Que su madre vivía en Brasil. Que solo tenía dos años. Y les rogó que comprobasen que no mentía antes de detenerlo. Fue inútil.

Tiago fue recluido por tercera vez en el Centro de Internamiento Temporal y durante diez días no pudo ponerse en contacto con nadie. “La llamada de rigor a la que se supone que tienes derecho es un utopía. Depende de quién esté en el turno. A mí no me dejaron llamar a nadie”. Solo diez días después, cuando la ONG Pueblos Unidos se interesó por su caso, pudo contactar con la persona que se había quedado a cargo de Simone la tarde que lo detuvieron.

“La dejé unas horas con la cuidadora y pasó más de una semana hasta que supo que estaba en el CIE”. Simone lo visitó días después, pero le pidió a la niñera que no la volviese a llevar. “Gritó al verme, pero no podía abrazarla porque había un cristal en medio. Y me quedé destrozado”. En esa ocasión, el Policía de turno hizo una excepción y abrió la ventana para que Tiago pudiese tocarla.

Una semana después, Pueblos Unidos logró su libertad tras demostrar que era el tutor legal de su hija. Fue incapaz de denunciar a la Policía porque temió que se produjese el efecto bumerán. El próximo 30 de julio tiene cita con la abogada para conseguir los papeles por arraigo familiar. Y si la resolución es negativa, volverá a intentarlo. Es incapaz de comparar el CIE con una cárcel porque nunca estuvo en prisión. “Solo conozco las comisarías porque prácticamente toda mi familia es policía en Sao Paulo”. Pero cuando se refiere al CIE habla de celdas. Privación. Horarios. Malos tratos. Y angustia.

Fuente: 20minutos.es

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