La Sociedad de Estudios Historicos del Ecuador

4 agosto, 2012

Valencia La Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador

Mucho hemos escuchado decir que la Historia es importante, que se debe conocerla, estudiarla, amarla… Sin embargo, con pena vemos como cada vez más este saber es descuidado. En los programas de estudio de educación secundaria no se le da un lugar importante e incluso estuvo amenazado con desaparecer definitivamente. En cuanto a los centros de educación superior, pocos son los que ofrecen la carrera de Historia, y menor aún es el número de personas que se interesan en seguir esta carrera. Ni qué decir, entonces, del poco interés que la mayoría de personas le brindan en la vida cotidiana: los ignorantes históricos abundan, sobre todo en las generaciones más nuevas.

Sin embargo, pese a tantas quejas, sobre todo por parte de los círculos académicos e intelectuales, raramente aparecen iniciativas concretas para revertir esta realidad. Por eso, para no ser cómplices de tan deplorada inacción, un grupo de jóvenes, al que represento, ha querido contribuir a la difusión de la Historia, especialmente la de nuestra Patria, y con este fin constituyó la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador (SEHE). Y ya que lo más agradable de la historia, por su amenidad, suelen ser las anécdotas, voy a relatar cómo nació nuestra “pequeña Sociedad”, como me gusta llamarla, no por menospreciarla, sino por el cariño que quienes engendran guardan para con sus obras más preciadas:

Me encontraba cursando el último año de colegio en el célebre “San Gabriel” de los padres jesuitas en la ciudad de Quito, contaba apenas con 17 años, cuando conocí al ya desaparecido y llorado doctor Manuel de Guzmán Polanco, entonces director de la Academia Nacional de Historia del Ecuador (ANHE). Era el año 2006, los gabrielinos nos encontrábamos alborozados con los festejos por los cien años del milagro de la Virgen Dolorosa, acecido en 1906 en pleno régimen liberal, perseguidor de la Iglesia y enemigo de la educación católica. El padre rector, José Ribas, me había honrado inmerecidamente designándome, en representación de los alumnos, miembro de la “Comisión del Centenario”, encargada de organizar los actos conmemorativos del referido Prodigio y conformada por jesuitas y ex alumnos del Colegio.

Curiosamente, el doctor Manuel de Guzmán, en aquel momento, junto con tres compañeros más, era uno de los ex alumnos de mayor antigüedad (promoción 1933) y yo pertenecía a la última, la más joven… ni siquiera me había graduado. Pero como los lazos que se tejen en el Colegio son tan fuertes, a pesar de la gran diferencia generacional, trabamos amistad enseguida. Si bien teníamos en común el haber pasado por las aulas de este tradicional Colegio, próximo a cumplir 150 años en septiembre de este año 2012, nos unía también una pasión, que en mi apenas germinaba y en él había ya producido abundantes frutos durante su larga vida, aquella misma que, 400 años antes de Cristo, había hecho prisionero a Heródoto: la Historia.

Con aquella amistad surgió también una feliz idea, hacer un grupo de jóvenes interesados en la Historia que tuviera participación activa en la Academia Nacional de Historia, que si bien, poblada estaba de sabios le hacía falta una “inyección de dinamismo juvenil” a decir de su director, el doctor De Guzmán. Sin embargo, por diversos motivos se retrasó este proyecto. Tuvieron que pasar todavía tres años para que finalmente se concretara. Así en el año 2009, luego de conversar con el doctor De Guzmán en su oficina, ya en la nueva sede de la Academia, en el restaurado edificio denominado “Casa Alhambra” por sus formas algo arabescas que evocan al célebre palacio granadino, me impuse la tarea de seleccionar con seriedad a los posibles candidatos para el grupo que iba a conformarse y de invitarlos a una reunión para hacerles la propuesta.

En agosto de ese mismo año, en que se conmemoraba el primer centenario de vida de la Academia Nacional de Historia, fundada en 1909 por el obispo Federico González Suárez con un grupo de jóvenes intelectuales, nació la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador, con un nombre muy parecido al primitivo de la actual Academia, que nació como “Sociedad de Estudios Históricos Americanos”. Cinco jóvenes universitarios fuimos los primeros miembros y fundadores, Diego Villamar Dávila, Ahmed Deidán de la Torre, José Luis Castro, Esteban Crespo y, quien ahora les ofrece estas líneas, Daniel López Garzón.

Conformado este primer grupo, acudimos a nuestro viejo amigo y maestro, el doctor Marco Lara Guzmán, abogado, periodista, historiador y catedrático para que nos orientara en los pasos legales a seguir para la erección de nuestra Sociedad. Luego se invitó a otros jóvenes a integrarse al grupo, David Núñez, Santiago Salas, Christian Castañeda, André Santos, David Egas Yerovi, Pablo Meriguet, Germán López, Isaac Vásquez, Francisco Núñez y Diego Ortiz.

Pero, acabado el año 2009 se terminó también la fructífera vida del doctor Manuel de Guzmán. Meses antes había sido elegido para reemplazarle en la dirección de la Academia el intelectual y destacado hombre público, doctor Juan Cordero Íñiguez. El 8 de enero del 2010 nos presentamos ante él y desde el primer momento el doctor Cordero nos acogió sin reservas y con mucho optimismo. El 26 de agosto de ese mismo año éramos recibidos con una ceremonia solemne en la Academia como entidad adscrita a la misma, no sin antes vencer innumerables obstáculos como el recelo y hasta cierto desdén que algunos académicos mostraron hacia nuestras jóvenes e inexpertas personas. Si bien De Guzmán dio el primer impulso al grupo, Cordero ha sido quien más ha contribuido con el desarrollo de la SEHE. Para él toda nuestra gratitud.

Hemos organizado conferencias y debates con la participación de connotados historiadores, dirigidas especialmente a los jóvenes, con temas coyunturales como el aniversario de la muerte del presidente Gabriel García Moreno, el sesquicentenario de la Batalla de Guayaquil, recientemente hicimos un acto conmemorativo del arrastre de Alfaro, que como siempre tuvo una nutrida concurrencia, entre otros…

Los pasos para conseguir nuestro objetivos, entre ellos quizá el más importante, el que los jóvenes se acerquen a la Historia y a través de Ella amen más a nuestra Nación Ecuatoriana, son lentos pero seguros. Ahora buscamos fortalecer las Sociedad de Estudios Históricos fuera de Quito, a través de los Centros Provinciales Correspondientes y de integrar a otros jóvenes con el mismo ideal; recientemente hemos incorporado dos nuevos miembros, Paula Salas Ortiz, la primera mujer en nuestro grupo, y Roque Albuja Ponce. Todo esto es señal de que crecemos y caminamos.

Daniel López Garzón,
Presidente

Revista Emprendedores Ecuador

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