Enfermos pobres, enfermos ricos

13 agosto, 2012

Imagen Enfermos pobres, enfermos ricos

Desde el día 1 de septiembre, unas 150.000 personas mayores de edad que viven en España en situación irregular no podrán ir al centro de salud ni a la consulta del especialista ni a hacerse una radiografía. Su tarjeta sanitaria, que les permite ahora —si están empadronadas— recibir asistencia médica, será desactivada. Así de escueta, así de dura e insolente es la noticia. El Ministerio de Sanidad del gobierno español ha tocado a locura y en esa locura no ha reparado, como buenos desquiciados, en el daño brutal que esa decisión puede hacerle no solo a los, para ellos, detestables inmigrantes sino que una mala salud en ese colectivo, una salud no controlada, puede tener consecuencias gigantescas de gravedad y por tanto peligrosas para el resto de la ciudadanía. Consuela que en España al menos 1.000 médicos del sistema sanitario de salud español se hayan colocado una pegatina en señal de “Yo sí atiendo”, más o menos. Es decir que hay 1.000 galenos que no están por la labor de dejar a un ciudadano no español, con papeles o sin ellos, en la puerta de su ambulatorio esperando a que más temprano que tarde muera. Me parece que esta noticia, que jamás pensé leer en un medio de comunicación de mi país, es de las de mayor calado que he visto en los últimos años. Por su crueldad, claro.

Pero no nos hagamos los santitos que hay quienes están dispuestos a increpar a “su” médico del Servicio Canario de Salud si éste osa atender a emigrantes en su consulta o repartir entre los dos enfermos, español e inmigrante, las dos únicas recetas que le queden. Gana el blanco.

Solo las embarazadas recibirán atención al parto y posparto a partir del 1 de septiembre, de manera que busquen la manera de acelerar el final de los nueve meses para que el mazazo no se les venga encima. El resto únicamente podrá acudir a urgencias. Una consulta por una gripe, una gastroenteritis o cualquier otro problema de salud que no se considere a priori grave quedará en manos de los médicos que se han declarado objetores y de las organizaciones no gubernamentales que les prestan asistencia. Leo que el Consejo General de Enfermería ha propuesto a sus afiliados la creación de consultas en los colegios profesionales. Un truco para seguir atendiendo a sus pacientes inmigrantes “pero dentro de la legalidad”. Pero la objeción de conciencia de los médicos, los vericuetos para esperarles en la esquina, podría tener gravísimas consecuencias para su proyección profesional y por eso andan organizándose para atender lo que ha sido su responsabilidad primera; curar enfermos. El lumbrera de Montoro dice que los facultativos españoles no son los que pagan y por tanto que no deben meterse en este asunto y sí, tal como han manifestado, desean atender a enfermos inmigrantes en otro sitio, en otro horario, en otro espacio pueden hacerlo pero lejos, apartados. ¿Pero qué es eso…?, ¿en qué condiciones se impartirá esa medicina?. Que nadie dude de que hablamos de una persecución a médicos, enfermos y inmigrantes. ¿Eso lo va a permitir la sociedad española?.

¿Quién y dónde, si no se puede impartir medicina de calidad en la pública, va a hacer pruebas diagnósticas, estudios e intervenciones fuera, en la carretera?”. Se pregunta con autoridad el presidente de la Organización Médica Colegial. “Si el coste de la atención a estos pacientes es tan insignificante como dicen, que se puede llevar a cabo con cualquier mecanismo alternativo, ¿por qué no se continúa dando en la red pública?.”, Lo que pretenden es montar un régimen de caridad y abrir dos vías en la sanidad: una para ricos y otra para pobres”.

Otra cosita: Las organizaciones que atienden a «sin papeles» y que hasta ahora suponían un gran apoyo para ellos han advertido de que las subvenciones que reciben, además, son cada vez más escasas. La propuesta del Gobierno de cobrar a los sin papeles un «aseguramiento» de 710 euros al año por recibir asistencia en la sanidad pública no es una buena opción. A partir de ahora habrá que estar atentos porque una de las medidas de presión que proponen los facultativos es de denunciar cada una de las desatenciones de las que sean testigos con un inmigrante por medio. Mantienen además la intención de desviar cada caso de ese perfil a los comités de ética cosa que está muy bien si no fuera porque hay situaciones de salud que no esperan y que en ese ir y venir más de uno quedará en el camino. Lo que estoy viendo y escuchando en este caso es un horror porque incluso personas a las que tengo por buena gente ya hablan sin rubor de su enfado; «si mi médico atiende a un inmigrante antes que a mi niño le monto un pollo. Yo soy española y si el otro no tiene un duro, que coja la patera y se vaya». Termino con un comentario que ha escrito una amiga de la red, Marianela, y que en este revoltillo de disparates pone un poco de cordura y esperanza. Lean

Una mujer blanca de unos 50 y tantos años llegó al asiento asignado en su avión que iba lleno pero se negó a sentarse porque la butaca de al lado la ocupaba un hombre de raza negra. Disgustada llamó a la azafata y le demandó otro asiento porque, argumentó, «yo no puedo sentarme junto a un hombre negro». La azafata le contestó: «Permítame ver si hay otro asiento disponible». Después de chequear el avión la joven regresó y le dijo: «Señora, no hay otro asiento disponible en clase económica, pero revisaré con el capitán para verificar si existe algún asiento libre en primera clase». 10 minutos después, la aeromoza regresó y dijo; «El capitán ha confirmado que, efectivamente, no hay asientos disponibles en clase económica pero hay uno en primera clase. Es nuestra política en la empresa no cambiar nunca a una persona de clase económica a primera clase, pero viendo que podría resultar un escándalo forzar a alguien a sentarse junto a una persona que no le es agradable, el capitán está de acuerdo en hacer el cambio a primera clase». Antes de que la mujer pudiera decir algo, la aeromoza se dirigió al hombre de raza negra y le dijo, «señor, si fuera usted tan amable de tomar sus pertenencias personales deseamos trasladarlo a un asiento más confortable, en primera clase, ya que el capitán no quiere que usted esté sentado junto a una persona desagradable».

Los pasajeros en los asientos cercanos comenzaron a aplaudir mientras algunos ovacionaban de pie la atinada reacción del capitán y la azafata. ¿Cierto? Hay fotos de la escena.

Fuente: canarias7.es

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