Economia: Asfixiados por las hipotecas en yenes

11 septiembre, 2012

Economia: Asfixiados por las hipotecas en yenes

Corría el año 2006 y pasar euros a determinadas divisas era hacer de la plata el oro. Los bajos intereses y el cambio favorable fueron, en plena ‘fiesta’ inmobiliaria, una tentación irresistible. Muchos se lanzaron a firmar una hipoteca en monedas como el yen japonés o el franco suizo para ahorrar en la compra de su vivienda. Le pasó a Juana, que suscribió en 2007 una hipoteca de 390.000 euros que se tradujo en 63 millones de yenes con una mensualidad de 1.500 euros por un casoplón. Hoy debe 650.000 euros.

Cuando cayó en este producto financiero llamado ‘hipoteca multidivisa’, Juana (nombre ficticio a petición de la entrevistada) ni se imaginaba que algún día las cartas podrían volverse en su contra. Creyó que tiraba una jugada maestra hasta… que llegó “el hachazo inesperado”. La devaluación del euro frente a divisas como el yen dobló sus cuotas después de cuatro años pagando “religiosamente”, cuenta esta funcionaria de 60 años.

De aquellos 1.500 euros de cuota mensual pasó a los 3.000 euros que paga ahora. “Ni vendiendo la casa puedo cubrir la deuda”, denuncia.

Su infortunio se reproduce en otros 30.000 damnificados —según ADICAE— que corren igual destino. Todos se agarraron al trampantojo de las multidivisas para abaratar su préstamo. El euro era, durante los años que duró el milagro español, la moneda dominante y el tipo de interés de referencia de este tipo de hipotecas es el Libor, que rondaba el 0,7% frente al 5% del Euribor.

Ante estos “intereses fantásticos”, como le contaron unos amigos a Juana, ella acudió al banco para pedir la hipoteca y éste no puso trabas. Las nóminas eran buenas y el negocio funcionaba. Las advertencias del riesgo que entraña la operación brillaban por su ausencia. “Me dijeron que ya hubo algunos casos con problemas en los años 80 pero que no me preocupara demasiado, que eso no volvería a pasar. De operaciones de alto riesgo no me dijeron nada”, recuerda.

“El beneficio o la pérdida solo se puede derivar en el corto plazo”, explica el presidente de la Asociación de Consumidores de las Islas Baleares (Acuib), Carlos Hernández. Un detalle, este, que nadie le contó a Juana.

A partir de 2008 comenzó la asfixia. El valor del yen, moneda en la que estuvieron contratadas la gran mayoría de estas hipotecas, inició una bajada “espectacular” sin que el banco diera explicaciones. La situación se hacia cada vez más insostenible. “Mientras corríamos la ‘carrera de fondo’ no sólo estaba aumentando la cuota mensual, es decir el interés que pagábamos por nuestras casas, sino también el capital pendiente de nuestras hipotecas”, recuerdan desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca Multidivisa.

La divisa europea perdió aproximadamente el 60% de su valor frente al yen. Hoy, cada euro equivale a 97 yenes aproximadamente frente a los 160 de 2007. Es decir, que para amortizar los 63 millones de yenes y sus mensualidades ahora Juana necesita desembolsar mucho más dinero con tal de cubrir una deuda disparatada que va de camino a los 700.000 euros.

“Pagamos el doble de cuota y lo llevamos apretados. El problema es que tú haces unos cálculos para 1.500 euros, pero de golpe sube a 3.000 pues y no es lo mismo. Esperamos que baje porque así no se puede hacer nada”, lamenta mientras aprovecha para limpiar sus gafas, volvérselas a poner y añadir: “Ahora se trata de hacer este camino lo más llevadero posible porque esto es una carrera de fondo y, al final, aprendes a levantarte por la mañana y ver el cielo”.

El papel de los bancos

Cuando se trata de buscar al culpable de su situación, Juana reconoce su propia “metedura de pata” pero recrimina a los bancos sus “políticas subterráneas” y pintarlo todo demasiado fácil. Los responsables de las entidades bancarias son, en resumidas cuentas, para todos los afectados como Juana, los grandes causantes de su desgracia.

Afectados HMD lo resume en una pregunta “muy simple”: “¿Qué madre de familia, qué padre, qué pequeño empresario se habría jugado su casa en este casino bancario de haber sido avisado de los alcances reales de este producto?”.

En la misma línea, el presidente de la Asociación de Consumidores y Usuarios (FACUA), Alfonso Rodríguez, considera que el 99% de los bancos no informaron del riesgo del producto con la única pretensión de “cubrir objetivos comerciales”. El método era fácil: “Los directores de las oficinas utilizaron la confianza de sus clientes para colocar este tipo de hipoteca”, explica.

Por su parte, Carlos Hernández, abogado de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y presidente de Acuib, sostiene que estos señores, los banqueros, “se saltaron algunos principios a la torera” y promovieron la adquisición de este producto bajo una única premisa: “Basta con convencer al cliente”.

Él, incluso, sospecha de que todo se trate de una “convención” en la que el banco jamás haya ejecutado el cambio de divisa y, por ende, “nunca existiese una entrega física de yenes sino de euros”. Es decir, según esta suposición, los afectados estarían pagando una hipoteca en base a una serie de parámetros como el Libor o los tipos de cambio del yen, cuando el banco, en realidad, nunca llegó a ejecutar la suscripción de la hipoteca en otra divisa.

Sea como fuere, hoy, cuando el producto ya está encasquillado, la situación ya no es la misma. Los bancos no siguen ofreciendo estas hipotecas porque a nadie le conviene. Un comercial de Bancaja, consultado por este medio, asegura que “su uso ha caído” y que “sólo se estudiaría en casos interesantes para el banco”.

Mientras, los 30.000 ‘atrapados’ reclaman una solución que, por ahora, no aparece. Convertir la divisa con el euro tan devaluado no es una opción. El único remedio es la demanda judicial. “Aunque al final dependerá de cómo los jueces contemplen la legislación: algunos contemplan la manifiesta falta de información de la entidad mientras otros sólo ven la firma del cliente”, matiza Rodríguez.

Lo mismo opina Hernández, quien con cierta sorna tratando de hacer ver lo difícil de la situación, plantea una alternativa ciertamente ilusoria para muchos: “Salir del país y hacerse con una buena nómina en yenes”.

Los damnificados, en pocas palabras, se hallan cada vez más asfixiados a la espera de cómo evoluciona la coyuntura. Y ésta, precisamente, se caracteriza por la incertidumbre. El futuro, hoy más que nunca, se les antoja impredecible. Con las cuotas y las deudas disparatadas, nada les asegura que vayan a bajar. Por eso Juana se lo toma con “resignación cristiana y dignidad” porque, de momento, no hay salida: “No podemos hacer nada. No podemos convertirnos en dinero y la vida no me la van a quitar. ¿Si me quitan la casa? Les doy las llaves. Peor para ellos”.

Fuente: elmundo.es

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