Otono Rebelde

11 septiembre, 2012

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Llegamos a Septiembre con la visita de Merkel a revisar las tareas asignadas a los gobernantes del Sur. Ha precedido al tiempo actual en España la ciudadanía en la calle movilizada, las medidas injustas que recortan derechos a las mayorías han causado la indignación popular. Pero esa rabia de las movilizaciones no ha podido detener ni parar los “ajustes”.

El gobierno considera que las mayorías representativas son suficientes para gobernar, aun incumpliendo las promesas del programa. Prometer no es dar. Lo del IVA es lo más llamativo porque en su momento cuando Zapatero planteó la subida hasta insumisos se declararon y hasta en las calles por aquel entonces estuvo el líder de la oposición recogiendo firmas en contra de la subida. Mariano Rajoy ahora no lo recuerda, los/as ciudadanos/as SÍ.

Toda esta incoherencia – que no es patrimonio sólo del PP – nos debe invitar a reflexionar sobre los límites de esta democracia. El déficit democrático es una verdad irrefutable. Mas ninguno de los partidos, ni de las viejas instancias de participación se toma en serio las necesarias reformas que demanda la calle para volver a creer en ellos.

Pero todo esto viene de lejos y no es patrimonio de España, hay que recordar que cada momento histórico por singular que sea, no resulta un fruto del azar o de la suerte. El territorio europeo, ha ido en un proceso larvado de recorte de los derechos en su espacio. Ha empezado casi siempre por los que ha considerado en función de sus valores de nación –cultura y lengua- distintos, así en diferentes momentos las personas inmigrantes han sido y son estigmatizadas.

Esta desvalorización de derechos ha llegado más tarde a España, como Estado de capitalismo tardío y por el incipiente nacimiento democrático como la construcción  de su Estado del Bienestar al que las fuerzas conservadoras no se atrevían, todavía… a cuestionar. En la actualidad hay consenso en reconocer las debilidades de nuestro modelo de cohesión social. Ese Estado de bienestar se quedó enano y la pobreza en España es evidente, ya no sólo entre los inmigrantes.

Este momento tan grave de la historia de España, no puede ser mirado con la miopía del corto plazo o de la ambición de poder, por eso la movilización no debe ser protagonizada por quienes en el pasado por activa o por pasiva han contribuido a esta situación. Porque han otorgado y han callado, han compartido intereses económicos o políticos con quienes nos han llevado a esta debacle, participando en instancias de despilfarro y mala gestión sin decir nada, como no dicen nada ante las imposiciones de Alemania. Porque el problema no es de España sino de la de la Política Europea y quienes la lideran.

Viejas y nuevas estructuras sociales de participación, deben unir voluntades y propiciar espacios de reflexión común para la propuesta y la acción, los protagonismos y los sectarismos sólo debilitarán la respuesta necesaria y urgente del otoño rebelde. Hay miles de motivos para la rebeldía porque es evidente, -ya casi nadie lo duda- que este neocapitalismo no da derechos a todos, sólo privilegios a algunos.

Y si queremos conservar derechos sociales universales hemos de enfrentar con inteligencia y unidad las imposiciones de Europa, ganando en democracia, no se trata sólo de un cambio de gobierno más bien de un cambio de paradigma y superación del déficit democrático en Europa y sus instituciones. Si de verdad queremos cambiar algo, empecemos por cambiar nosotros, sea este el primer acto de rebeldía. Seamos capaces de autocrítica y sinceridad, el tiempo se acaba.

Yolanda Villavicencio M.
AESCO.org

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