El MPD es parte de la historia de lucha del pueblo

26 septiembre, 2012

Por: Samirabé Tumipamba
La acción de la izquierda ha sido trascendental para la vida del país, tanto en la defensa de los derechos de los sectores populares, como en la definición de un rumbo revolucionario para el Ecuador.
Su presencia es más evidente a partir de la década de los 70, en el desarrollo de la dictadura militar de Guillermo Rodríguez Lara, que se proclamó como una dictadura patriótica, pero que en los hechos buscaba implementar una nueva casta oligárquica del país, nuevos burgueses, que desde las esferas del Estado manejaron los inmensos ingresos que generaba la reciente explotación petrolera.
El posterior triunvirato militar, que derrocó a Rodriguez Lara y que daría paso a lo que se ha denominado “el retorno a la democracia”, se caracterizó por el endurecimiento de una política entreguista de los recursos naturales, que solo benefició a ciertos grupos empresariales. En este escenario, las organizaciones de izquierda, como la FEUE, la UNE, la FESE y otras protagonizaron significativas movilizaciones, que recibieron una brutal represión, con medidas como la ilegalización de la UNE y la FESE, sus dirigentes fueron perseguidos; similar situación a la de hoy.
La presión social obliga a la dictadura a convocar a conformar la Comisión de Notables, para discutir sobre la suerte de la Constitución y definir vía referéndum por las tesis que se presentaban como alternativa: “La Constitución del 45 reformada” o “la nueva constitución”, que resultó ser la más avanzada y la que ganó el favor popular.
La burguesía de entonces exigía una organización legalizada para escuchar las voces de los sectores populares -“una representatividad burguesa”-; condicionamiento que no amilanó a los pueblos. Era necesaria una tienda política ideológicamente capaz de combatir las posiciones oligárquicas, que cuente con una estructura nacional, es ahí que nace el Movimiento Popular Democrático (MPD), en la convención de constitución del partido, en la que participaron miles de obreros, campesinos, estudiantes, maestros, amas de casa, moradores de los barrios populares, personalidades democráticas y de izquierda de todo el país.
Y coincidencialmente a como sucede ahora con el tema de la reinscripción de los movimientos y partidos políticos en el Consejo Nacional Electoral, la política oligárquica de ese entonces deslegitimó al MPD, para impedir su participación en las elecciones presidenciales de 1979; sin lograr su cometido, ya que gracias a la lucha social, el partido del pueblo posteriormente triunfó en las elecciones parlamentarias, logró una primera y gran victoria: llevar al parlamento al representante de los sectores excluidos, Jaime Hurtado, el primer diputado negro en la historia del país.
El sector obrero, por su parte, reclamaba derechos, el auge del movimiento huelguístico provocó una oleada represiva cuyo punto culminante se produjo con la masacre de AZTRA, en la que cerca de un centenar de trabajadores, principalmente de zafreros, fueron cobardemente asesinados en el desalojo de la huelga. Muchos cadáveres fueron incinerados en las calderas de este ingenio azucarero, otros fueron encontrados en los canales de regadío.
Este sector, tradicionalmente defensor de los derechos, luego del regreso a la democracia, ha sido protagonista de casi un centenar de huelgas, debido a las leyes aplicadas por los gobiernos de turno, como fue la paralización de la refinería Esmeraldas en 1980, por la estabilidad laboral y el reconocimiento a la libre asociación. Su principal dirigente, Ernesto Estupiñán, actual alcalde de Esmeraldas por el MPD, fue despedido.
Posteriormente, la elevación de los precios de los combustibles desembocó en la huelga general de octubre de 1981, declarada por el FUT. Las políticas del gobierno de León Febres Cordero, la flexibilización laboral, de Borja como continuación reformista del Código de Trabajo. Con Sixto Durán Ballén, que trataron de reducir el Estado, la privatización de la seguridad social, la Ley Trole, las políticas fondomonetaristas, el feriado bancario y la dolarización de Hamil Mahuad, hicieron que los pueblos luchen bajo la dirección de la izquierda revolucionaria y de las organizaciones sociales. En estas luchas la acción del MPD ha sido fundamental.
Los emepedistas, como parte de la estructura barrial, han liderado acciones importantes en la mayoría de sectores de Quito, una de ellas fue “la guerra de los 4 reales”, que rechazó la elevación de los pasajes urbanos de 4 a 8 reales. También fueron parte del Frente Patriótico por la Nacionalización del Petróleo, liderado por la FTP y la FEUE, la UNE y otras organizaciones, que confluyó en múltiples movilizaciones en busca de la expulsión de la Texaco-Gulf del Ecuador, meta que se alcanzó. Estas y más organizaciones urbanas e indígenas, en este trayecto histórico, han elevado su voz de protesta en contra de las dos horas de religión y la privatización de la educación que planteó Durán Ballén, en contra del despilfarro de los fondos reservados del vicepresidente de ese gobierno, Alberto Dahik. El Tratado de Libre Comercio y la petrolera OXI, también fueron rechazados y expulsada, respectivamente, gracias a la presión popular.
En los 90 las principales expresiones de lucha se dan con los levantamientos indígenas en contra de Mahuad. La CONAIE y Pachakutik, juntos actúan en busca de la patria nueva, la refundación del país. La misma suerte corren Aldalá Bucarán y Lucio Gutierrez, que debido a su entrega a los organismos internacionales prestamistas, pretendieron acabar con la soberanía económica del país y golpear a los sectores organizados.
Durante estos 40 años de “democracia”, la lucha social ha sido y es criminalizada, líderes sociales han muerto, otros están bajo procesos jurídicos o presos por pensar distinto, sin embargo la lucha de la izquierda continúa.

 

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