Mireya Perea: “Algún día las cosas cambiarán y yo volveré a mi tierra”

22 octubre, 2012

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Mireya Perea vivía en Colombia. Allí era profesora. Y era hija, compañera y amiga. Una mujer comprometida con su entorno y con su realidad social, con los problemas de la gente y la comunidad que le rodeaba.

Como maestra, siempre intentaba sacar la escuela a las calles, expandir los márgenes del aula, implicar a los vecinos y a los padres en la educación. Como ciudadana, reivindicaba las libertades fundamentales del pueblo: formaba parte de un grupo que defendía los Derechos Humanos y a sus propios defensores. En su intento por transformar la vida de los otros, acabó cambiando la propia.

Hace quince años, Mireya llegó a Vitoria de la mano de Amnistía Internacional, que la ayudó a salir de su país, aunque de un modo «abrupto y traumático». No sabía nada de Euskadi, su lugar de destino, excepto «unos pocos datos geográficos». Y no emigró en busca de una vida mejor: huyó para salvar la que tenía, «para escapar de la muerte». Lo consiguió, aunque en parte… porque hay algo de ella misma que murió en aquel viaje y porque su vida, desde entonces, es otra. «Después de una salida tan forzosa -dice-, lo único que te queda es resistir». La realización personal ni la nombra.

«Yo tenía mi casa, mi trabajo, mi espacio social y afectivo. Desarrollaba mis dimensiones como ser humano y como profesional. Me dedicaba a la educación, a aquello que me interesaba. Y todo eso desapareció. Ya no soy profesora. Mi carrera -Pedagogía con énfasis en Humanidades y Lengua Castellana- aquí no existe. He tenido que adaptarme a una realidad diferente, a una arquitectura distinta. Pocas casas aquí tienen jardín y están en el suelo. La mayoría están en el aire, son espacios reducidos y cerrados En palabras de mi padre, que era campesino, son como casas de avispas».

Mireya es refugiada. Y una charla con ella alcanza para hacerse una idea de lo que eso significa. Tener que huir, pedir asilo, emigrar sin querer, implica mucho más que añorar a los afectos o construir lejos una nueva querencia. El exilio es la nostalgia a la fuerza. Y eso, como ya sabían los antiguos griegos, es otra modalidad de la muerte.

Diez años en la radio

«Muchos refugiados se niegan a decir que lo son. No lo admiten ni lo comparten, en general, porque tienen miedo. Incluso cuando estás lejos conservas el temor de ser perseguido -expone-. Sin embargo, yo defiendo que estas cosas hay que decirlas y compartirlas. Que un estado te dé asilo significa que reconoce, a nivel internacional, que en tu país se violan los Derechos Humanos y no se respeta la vida. Que tú digas que eres refugiado implica recordar eso mismo. Ahora bien, si lo ocultas y lo niegas, entonces niegas la violencia de tu país y la solidaridad del que te ha abierto las puertas».

Con esta lógica -y convicción-, Mireya quiso dar un paso más allá en la divulgación de este tema y sus implicaciones. De sus quince años como refugiada, ha pasado los últimos diez al frente de un programa de radio en el que, cada semana, analiza junto a Mario Calixto la actualidad de los países latinoamericanos. «La promoción de los Derechos Humanos y de la cultura es nuestro principal objetivo», subraya Mireya para definir el espacio ‘Hola, Latinoamérica’. «Nos parece importante seguir participando en los procesos sociales y en el desarrollo de la cultura, además de servir de voz de quienes están, como nosotros, exiliados».

En ese sentido, «si bien la emisora tiene alcance local -Hala Bedi Irratia cubre Álava-, Internet se ha convertido en una herramienta muy valiosa para el acercamiento de los pueblos. Hoy en día, contamos con varios corresponsales en distintos países de América Latina y sabemos que nos escuchan desde diversos lugares: Austria, Francia, Suiza, Australia, Bélgica… Hay muchos refugiados en el mundo», dice Mireya. En efecto, son más de 15 millones de personas, según las cifras de ACNUR, que lo han perdido todo. O casi todo. Porque la esperanza, no.

«Yo creo que el futuro está en América Latina -opina Mireya-. En algunos países, la situación ya está cambiando y en otros, también lo hará. El germen está ahí y algún día ocurrirá. Cuando la situación sea otra, cuando no haya peligro, volveré. Siempre piensas en volver a tu tierra. Mientras tanto, resistes».

Fuente: elcorreo.com

 

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