Ecuador: “Mi​entras estemos vivos​ tendremos la fortal​eza para de seguir p​eleando”​

19 noviembre, 2012

Imagen-“Mientras estemos vivos tendremos la fortaleza para de seguir peleando”

Son las 4 y 30 am y nos encontramos detrás de 70 personas que al igual que nosotros esperan el turno para ingresar desde las 9 de la mañana. En la vereda del costado derecho se ven familias enteras durmiendo con cobijas, esperando a que abran la puerta para ver a sus familiares detenidos.

Faltan 4 horas y nos mata la soledad, de repente la voz de una señora mayor nos dice “Qué duro que es tener a un hijo encerrado, las madrugadas frías para coger el turno y las mañanas hirviendo para entrar me van matando cada vez más”.

El sol asoma agradablemente, pero dieron las 8 y se vuelve en el peor enemigo de los ansiosos familiares y amigos. Dispersos por toda la calle, comiendo cevichochos, plátano, pan, tomando agua o solamente parados en espera de que los gendarmes digan ¡Haber señores hagan fila, sino no entran!. Son las 9 y ya han entregado 380 turnos. “Es un horno ahí adentro con tanta gente”, comenta una enorme morena, esposa de un recluso.

Por fin la fila avanza, aunque de 10 en 10 podemos entrar, lo más seguro es que los guardias nos hagan esperar como si nos castigaran por ser familiares de los reos. Las condiciones de entrada son muy malas, hay desorganización, descontrol y sobre todo un trato de a perro.

Con sello en mano se puede ingresar, “72” grita un policía, por fin pude ingresar, pero creí haber terminado con la espera. No, otra gran fila, para que en mi cédula pusieran un numero, otro número en mi brazo, para que me toqueteen todo el cuerpo, creo que si uno de esos guardias me dijera alguna frase fuera “te conozco desde el pelo, hasta la punta de los pies”, pues no hay rincón que no toquen, incluso con temor me saco los zapatos por si acaso la media esté rota.

Con cerca de 5 sellos pude ingresar al pabellón 1 del Centro de Detención Provisional (CDP). Crílin lo apodan al pasador quien nos guió hasta donde se encuentran 4 de los 7 hombres detenidos el 3 de marzo en Luluncoto. “Castro, Castro”, gritaba. Finalmente Pablo Castro, nos llevó a la celda 8.

El camino hostil para llegar al lugar no era nada amigable, miradas perdidas, fijas, morbosas, tristes e incluso furiosas se posaban sobre nosotros. Cientos de reclusos abarrotados en pasillos estrechos, llenos de celdas, de hecho ese lugar se asemeja más a un gallinero que a una cárcel. Entramos a una caja de fósforos y nos acomodamos como pudimos para poder conversar.

Minutos más tarde ingresó un hombre grande, blanquecino, a decir por su contextura parecía que su tiempo lo ocupaba haciendo ejercicio, con lentes y quien saludó con gusto a sus visitas. “vinimos para conversar contigo”, comentamos. Con un suspiro arrancó la ardua tarea de recordar su pasado. “Hay cosas que uno no quisiera recordar”. Luego de romper el iceberg que se formó después de haber preguntado “Santiago, ¿Cómo fue tu infancia?”, comenzó su relato; “Viví siempre en un hogar sumamente sencillo. Mi padre era policía y mi madre ama de casa.

Fuimos 4 hermanos, yo soy el menor de todos. Tuvimos carencias desde que yo era niño hasta que entré a la universidad. Para poder ir a la escuela tuve que trabajar en la mañana, ahí pude entrar a estudiar en la escuela Rafael Larrea, aquí llegué a ser abanderado. Incluso, como me gustaba el dibujo, gané un premio provincial.

Los Franciscanos, fueron a la escuela a ofrecer cupos gratuitos en las Instituciones Franciscanas de Ibarra, ahí acepte por la necesidad de tener educación gratuita, pues daban los uniformes y los útiles escolares. Pero pronto me di cuenta que eso no era lo que quería, no me sentí a gusto con eso, por ello mis padres decidieron ayudarme a entrar al colegio Teodoro Gómez de la Torre.

Para ese entonces, ya solo quedamos mi hermano Hugo y Yo, éramos los dos últimos. Con él me tocó seguir trabajando para poder estudiar y ayudar en la casa.” Interrumpimos su relato para preguntar que pasó en su colegio, a quienes conoció allí y como era la época secundaria. “En la época colegial, conocí muchos amigos que gustaban del arte y de la música alternativa y a otros cuyos familiares enfrentaban al gobierno de Bucaram, en ese entonces.

Me interesé por las reuniones de los jóvenes que se reunían para conversar y organizar las listas para las elecciones del círculo estudiantil, y discutir los problemas de la educación y el país. En ese contexto es que yo pude también interesarme por los problemas socialess, además como yo sentí en carne propia la falta de comodidades básicas, pues me indignaba la forma en que debíamos vivir o sobrevivir. En el Colegio siempre estuve participando en elecciones, hasta que en sexto curso gané la presidencia del círculo estudiantil. Y gané liderazgo con los compañeros de mi colegio.

De igual manera tenía un fuerte lazo con un amigo mío que se apellidaba Cancerbero, él fue presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE), y con él también iniciamos una fuerte protesta contra el gobierno de Bucarám. En su interés por organizar a los estudiantes creó la red de círculos estudiantiles, y fue así que se dio a conocer con todos los líderes estudiantiles de la provincia.

Al finalizar el colegio, la gran mayoría de sus amigos y compañeros de colegio migraron a España y la idea de seguir formando jóvenes se paralizó por un momento, hasta que entraría a la Universidad Técnica del Norte.” Frunciendo el ceño, recordó que para entrar a la Universidad debió dedicarse a la venta de medicinas naturales en los buses. Esta actividad le permitió costear sus estudios de Ingeniería en Agroinsdustrias, esta actividad la realizó hasta que finalizó su tesis. Santiago fue uno de los fundadores del Frente Cultural, en el cual practicaba el teatro desde el segundo año de la carrera. En el transcurso de sus estudios conoce al Frente de Izquierda Universitaria (FIU), en este frente encuentra la organización que estaba buscando, pues para él lo necesario era que la sociedad pueda cambiarse, que no siga el desempleo o subempleo del cual él también fue víctima.

Su liderazgo iba en aumento, hasta que en cuarto año, ganó la asociación escuela de su facultad. Una vez graduado, logró trabajar para una empresa avícola, en esta organizó a los obreros para ir a una huelga, reclamando por las malas condiciones de trabajo.

Naturalmente lo despidieron y regresó a las ventas ambulantes. Su habilidad en el discurso le ayudaban a vender y hacía de esta actividad una buena fuente de recursos, pues la gente lo escuchaba y compraban sus productos. “No creo que la gente me compraba porque el producto era bueno, sino porque les convencía cuando yo hablaba de la pobreza, el desempleo y subempleo”.

En el año 2007, por sus buenas referencias lo contrataron en la sección de Seguro de Riesgos del IESS, su trabajo estaba orientado a la defensa y mejora de las condiciones de la salud y derechos de los obreros. Ahora que se encuentra preso ha perdido su empleo, su maestría en la Universidad Técnica Equinoccial, en la que se encontraban invertidos $7000. Gallegos finalizó diciendo que “estar presos es un riesgo que asumimos cuando emprendemos el camino de transformar las condiciones de vida de todos nosotros los pobres.” Por: Santiago Vinueza

Fuente: nodo50.org

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