Ecuador: Solidaridad con los 10 de Luluncoto

4 diciembre, 2012

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El lunes 3 de diciembre, se cumplió 9 meses de la detención de los 10 presos/as políticos del gobierno de Rafael Correa. El montaje de esta detención con tintes carnavalescos, atentatorio de la dignidad humana, de los derechos fundamentales y del mantenimiento de un estado democrático, evidentemente tenía como objetivo atacar y descalificar la Marcha Plurinacional por el Agua, la Vida y la Dignidad de los Pueblos, llevada a cabo en marzo del presente año.

Los 10 de Luluncoto, nombre bajo el cual los y las jóvenes se identifican, por haber sido apresados en el barrio de Luluncoto al sur de Quito, participaban de una reunión de análisis político para definir las estrategias de su participación en la Marcha del Agua que iniciaría 5 días después.

El gobierno, que venía sosteniendo el discurso de una marcha “golpista, violenta, financiada por la CIA”, necesitaba encontrar culpables y así lo hizo. Bajo una lógica maquiavélica, característica del Correismo: Fadua, Abigail, Cristina, Luis, Royce, Javier, César, Pablo, Santiago y Víctor Hugo, fueron sentenciados a cumplir este papel, al final de cuentas, el fin justifica los medios.

Y por cierto es incapaz de rectificar. Bien decía en 1996 el columnista Javier Ponce Cevallos, hoy ministro de Agricultura, a propósito del Caso Putumayo, cuando 11 campesinos torturados y encarcelados por 3 años y medio, acusados injustamente por la muerte de policías y soldados ecuatorianos: “No hay peor tozudez que la que arrastra en su torpeza a otros. No hay peor tozudez que la del Poder, cuando se equivoca, y ese espíritu de infalibilidad le impide reconocer que se equivocó”.

Pero aquí, al parecer, no hay equivocación. La estrategia fue perversa, los 10 jóvenes fueron instrumentalizados para construir el imaginario difuso de una oposición “peligrosa” que justificó la violencia, el control, la militarización, las limitaciones y la ofensa frontal que vivimos durante la Marcha.

Cuando nos preguntamos cómo ha sido posible mantener dilatado un proceso ilegal, ilegítimo e infundado durante tanto tiempo y sin esperanza alguna de justicia, crece la indignación.

Por un lado, el control descarado del poder ejecutivo por sobre el poder judicial y por otro, una política internacional que en el interior se permea de contradicciones. Hacia afuera se vende una imagen de soberanía y revolución, en este sentido y en un acto mediático de gran impacto internacional, se otorgó asilo político a Julián Assange, el futuro expresidente Rafael Correa fue aplaudido y consolidó una plataforma internacional de radicalidad progresista. Hacia dentro, se criminaliza la oposición y la resistencia, las herramientas utilizadas son la descalificación y la construcción de un imaginario de enemigo peligroso y golpista.

En este escenario llega nuestro segundo punto de indignación. Al parecer, los 10 de Luluncoto tienen “bien merecido” este proceso legal infundado por tener vinculaciones con un partido político de oposición. Las indiferencias de la sociedad civil, en sus distintos matices, se han fundado en una serie de odios y resentimientos inducidos por Correa ante el Movimiento Popular Democrático. La estrategia de Correa no se ha limitado a dividir a la izquierda, sino que ha roto solidaridades humanas creando una serie estigmas, prejuicios y descalificaciones.

“No podemos permitir que vuelva la época de las dictaduras”, dice uno de los slogans de la campaña por la liberación de los presos políticos, y es que, observamos la reproducción fidedigna de las prácticas de los regímenes totalitarios. El juzgamiento por un delito tan difuso como “atentar contra la seguridad del Estado”, en medio de un proceso montado fraudulento, carente de evidencias y en el que las irregularidades llegan a lo burdo: allanamiento sin orden, montaje de evidencia, segmentos de la sentencia plagiadas de páginas de internet como taringa y buenas tareas.com, etc.

No es casual que el operativo de este caso se llame: Sol Rojo, tampoco es casual que las evidencias tomadas en el allanamiento familiar, sean objetos que pinten de rojo, de negro, de revolución, de protesta y rebeldía. Esta acción es propia de un régimen totalitario.

Sabemos que el denominador común de los 10 compañeros y compañeras es el de pertenecer a clases populares, familias humildes, en palabras de Eduardo Galeano, ser del grupo de los NADIE. No tienen apellidos Duzac, ni son primos del presidente, tampoco tienen dinero ni la intención de sobornar a los jueces.

Se trata de estudiantes, profesionales, padres y madres de familia quienes altruistas se han mantenido en pie de lucha, dando prueba de valentía, de coherencia y aceptando con fortaleza un proceso violento, atentatorio de su humanidad.

Son los 10 de Luluncoto y sus familias, a quienes rendiremos homenaje este 10 de Diciembre, día Internacional de los Derechos Humanos y día en el que se instalará la audiencia de juzgamiento.

Desde la unidad plurinacional de las izquierdas condenamos las perversidades, la violencia, las agresiones y violaciones de derechos humanos y responsabilizamos al gobierno por la restitución de sus derechos y la reparación integral de los graves impactos psicosociales ocasionados a los detenidos y sus familias.

El caso de los 10 de Luluncoto nos convoca a todos y todas, nos reafirma en la resistencia y la rebeldía. A estos compañeros y compañeras les debemos nuestro compromiso por la construcción de un Estado que mantenga la independencia de los poderes, que garantice justicia en los procesos legales y que respete la pluralidad y libertad de pensamiento y expresión.

Rafael Correa, cual patrón de hacienda, piensa que este apresamiento brutal sería aleccionador para mantener callada a la izquierda revolucionaria, se equivocó, las injusticias cometidas contra los 10 de Luluncoto, fortalecen nuestra lucha.

¡Todo para la Patria, nada para nosotros!

 

 

Alberto Acosta
Candidato presidencial de la Unidad Plurinacional

 

Fuente: ecuadorlibrered.tk

 

 

 

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