Ismael Vs. Isaac

10 diciembre, 2012

Guayaquil, 9 de diciembre de 2012

Abraham era aquel patriarca muy conocido a través de la lectura del Antiguo Testamento, quien tuvo un hijo llamado Ismael, con su sierva Agar, bajo pedido y consentimiento de su mujer Sara, que era estéril. Mas, andando el tiempo y pese a la avanzada edad de Sara, esta logró por bendición especial de Dios, embarazarse y alumbrar un hijo al que llamaron Isaac.

Esta historia reconocida por judíos, musulmanes y cristianos, ha dado origen a muchas discrepancias tanto en lo religioso como en lo político, pues mientras los judíos y cristianos interpretan que Isaac es “el hijo de la promesa”, los musulmanes indican que aquel hijo que Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a Dios, era Ismael, 14 años mayor que Isaac.

Sin adentrarnos en detalles sobre los argumentos de unos y otros, pues no es el fin de este comentario, recordaremos que tanto Ismael como Isaac rivalizaron desde el principio, conformando más tarde sus propias familias de las cuales derivaron dos grandes naciones que han mantenido un grave antagonismo hasta nuestros días, y es sobre esto que hablaremos hoy.

Tanto la Biblia como los eruditos en estos temas, nos han informado sobre las múltiples disputas entre judíos (descendientes de Isaac) e islámicos (descendientes de Ismael) a través de los siglos y, sin detenernos tampoco a discutir sobre la pureza genética de una u otra nación (sobre todo de la judía, que vagó por el mundo durante siglos antes de ser reconocida nuevamente, hasta darles un pequeño y árido territorio en la ribera sudoriental del mar Mediterráneo, y el status de Estado con el nombre de Israel), es de conocimiento general que esa rivalidad subsiste hasta nuestros días, con consecuencias de carácter mundial, pues ya no se trata de dos comunidades de primitivos pastores que pelean a pedradas y palazos, ni sus disputas giran en torno a sus cabras, ovejas y pozos de agua.

Los islámicos, por su parte, son una enorme nación repartida en varios países, entre los cuales están los denominados “palestinos”, una comunidad pequeña que comparte con Israel el territorio geográficamente llamado Palestina, que desde la creación del Estado judío en 1947, ha sido el centro de las agresiones mutuas entre esas dos naciones milenarias.

La trascendencia del conflicto entre israelíes y palestinos es de tal magnitud hoy, que incluso pone en peligro la paz mundial y, por lo general, no hay humano sobre la tierra que no tenga una postura a favor o en contra de uno de los litigantes. Sin embargo, quienes profesamos el cristianismo de manera fiel, siguiendo las enseñanzas de Cristo que nos dicen que lo más importante es el amor, no deberíamos guardar en nuestro corazón odio ni favoritismo, sino mirar con tristeza como el resentimiento es una cadena con eslabones tan difíciles de romper.

Sólo Dios sabe cuándo terminarán las agresiones entre estos dos pueblos descendientes de una misma raíz, cuyas disputas están ahora instigadas por grandes industrias bélicas, petroleras y de otras ramas, que detrás de los políticos son quienes manipulan al mundo. Los cristianos debemos rechazar todo odio, violencia, abuso y guerra, vengan de donde vengan, pues son contrarios a lo que hemos recibido como enseñanza, y orar mucho para que la paz y el amor reinen en esta tierra; amén.

William Sánchez Aveiga

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