Ecuador: Trapos de inmundicia, Aji Picante para el Alma

18 diciembre, 2012

Trapos de inmundicia: Aji Picante para el Alma No. 133

Ají Picante para el Alma No. 133

Toda persona tiene, aunque sea de una forma vaga o imprecisa, una idea de lo que es la justicia, pues ella está  intrínsecamente ligada a nuestra condición de seres racionales.

En efecto, si echamos una rápida mirada a los demás seres de la creación, veremos que su comportamiento está sujeto –por lo general- a sus instintos que le sirven para su conservación. En ninguna especie animal, ni siquiera en aquellas que viven en sociedades organizadas con estructura jerárquica y dirigidas por un macho o hembra alfa, existe el concepto de justicia en las relaciones de sus individuos, sino un sistema de privilegios favorables a quienes tienen mayor fortaleza y poder.

Sin perjuicio de lo expresado, debemos señalar que la palabra justicia proviene del latín “iustitia”, y su significado está condicionado a la cultura y ordenamiento jurídico de los  pueblos de diversas épocas, de modo que lo que podría haber sido justo para los romanos de hace 2.000 años, hoy puede no serlo. En el mismo sentido, lo que hoy puede ser injusto,  mañana nuestra legislación podría calificarlo de justo, pues la justicia humana es constantemente variable e imperfecta.

Por el contrario, la justicia divina es perfecta e inmutable;  por ello no es extraño que la Biblia en el Libro del Profeta Isaías exprese que “todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia” (entiéndase: papel higiénico), y sentencie: “Ay de aquel que a lo bueno le dice malo, y a lo malo le dice bueno”. Por otro lado, Romanos 3:10 señala que “No hay hombre justo, ni aún uno”, por lo cual se hace necesaria la intercesión de Jesucristo, el único justo, bueno y perfecto.

Si usásemos un escalafón para medir la importancia de las palabras que empleamos, según su significado, probablemente la palabra “justicia” sería segunda a continuación de la palabra “amor”, por lo cual, en el sermón del monte el Señor nos exhorta (Mateo, 6:33): “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”.

Nuestra sociedad ha creado la Jurisprudencia como ciencia que estudia los derechos y la aplicación de la justicia y, ciertamente, entre las fuentes del derecho se reconoce universalmente el llamado derecho divino, como inspiración del hombre para la elaboración de sus códigos y normas de convivencia; complementariamente, se acepta que los derechos no son invención humana, sino que los vamos reconociendo mediante las leyes que nuestros legisladores van elaborando con el evolucionar de la sociedad.

El reconocimiento de los derechos a través de la ley pretende lograr la aplicación de la justicia, por lo cual, si el legislador se equivoca, se podría producir una grave lesión al propio objetivo. Pese al rechazo que podría tener de parte de ateos y agnósticos, me atrevo a afirmar que lo que la legislación busca es cumplir la justa voluntad de Dios; pero no sólo somos incapaces de crear leyes perfectas, sino también de aplicarlas, por ello vemos a diario muchos atropellos en el ejercicio de Jueces y Fiscales.

Mientras más lejos de Dios estemos, menos consciencia de justicia tendremos y mayor será el grado de injusticias cometidas, pues no habrá temor de Dios ni voluntad de obedecerlo, y no puedo cerrar este comentario sin mencionar que a lo largo de la Biblia, son muchas las promesas de Dios a favor de quienes practican la verdadera justicia; pero, al mismo tiempo, quienes hacen injusticias serán destruidos por Dios. Así, los operadores de justicia que condenan a los inocentes y exculpan a los culpables, acarrean sobre ellos condenación, porque Dios ha declarado: “Mía es la venganza, yo pagaré” (Romanos 12:19) y “Terrible cosa es caer en manos del Dios vivo” (Hebreos 10:31). Amén.

William Sánchez Aveiga

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