Ecuador: El jefe de la tribu

14 enero, 2013

Ecuador: El jefe de la tribu

En su acepción clásica, tribu es un conglomerado humano conformado por grupos de familias, organizados de manera elemental bajo el liderazgo de un jefe absoluto, cuya responsabilidad es mantener la unión del grupo, cuidando de aspectos varios como su manutención y seguridad.

En el proceso de evolución social, las tribus son grupos previos a la organización de un Estado, y el jefe de una tribu no es un mandatario que deba rendir cuentas a los demás, ni es un ciudadano que deba cumplir sus funciones por un tiempo determinado, para luego dar paso a otro elegido de manera democrática.

Por el contrario, el jefe de una tribu posee un poder centralizado en él, con privilegios casi ilimitados. En ciertos lugares del planeta aún encontramos las tribus, pero las sociedades más numerosas y fuertes pasaron de tribus a monarquías, donde la organización se volvió más compleja, pero, conservó las facultades centradas en un líder máximo denominado príncipe, rey, o cualquier nombre que le otorgase la categoría de soberano.

Pero, a partir de la aparición de ilustres pensadores como Rousseau, Locke y Montesquieu, el mundo empezó a cambiar y se estableció la división de poderes, constituyéndose el Estado de Derecho donde las funciones ejecutiva, legislativa y la administración de justicia, están establecidas de manera independiente unas de otras, pasando la soberanía a manos del pueblo, quien es reconocido en cualquier Estado de Derecho, como el legítimo soberano, con su gobierno repartido en las funciones antes mencionadas, con un administrador ejecutivo que, según el modelo de gobierno, puede ser un presidente o un primer ministro.

Sin embargo, hay en muchas personas un total desconocimiento de las razones que han creado la figura del Estado de Derecho, así como de la importancia que la división de poderes significa para la vida democrática de una nación, y de que cuando este sistema desaparece, el abuso la corrupción y la injusticia campean como una infección mortal en un organismo sin sistema inmunológico.

Mientras más escasa sea la educación, menos recursos tenga, y más baja sea la autoestima de un pueblo, más se inclinará a buscar un “jefe de tribu”, a quien miren con reverencia, idolatren y lleguen al extremo de creer el único capaz de gobernarlos. Los políticos sagaces e inescrupulosos siempre saben explotar esta pobre manera de pensar, presente en las grandes masas, y hasta se encargan de bajar más su autoestima convirtiéndolos en “mendigos” al hacerlos dependientes de migajas como bonos, comidas populares y donaciones diversas, bajo la excusa de suplir sus carencias. Pese a conocer bien el refrán de que lo ideal es enseñarles a pescar y no darles el pez cocinado, no les interesa crear mejores condiciones para que los más pobres logren por su cuenta superarse; en lugar de ello destruyen más su autoestima para aumentar su dependencia y conseguir su voto en las urnas.

Unos pocos ejemplos ilustrarían la situación en Ecuador: En lugar de dar a los más pobres un bono en dinero, podrían darles un bono de consumo consistente en un talón de tickets para productos de consumo básico; además, tarjetas de la telefónica Alegro (CNT), en vez de que gasten el dinero en las transnacionales Claro y Movistar, en cuanto a generación de empleo, crear cooperativas de producción y de reciclaje.

No es el objetivo de este comentario ahondar en propuestas, en momentos en que hay un montón de candidatos tratando de convencer al pueblo de que cada uno de ellos puede darle más migajas a los pobres; pero, la verdad es que mientras sigamos buscando un “jefe de tribu” en lugar de un mandatario que tenga bien claro que es un servidor nuestro y no un monarca, seguiremos de tumbo en tumbo; después de todo, bien dice el dicho: “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”.

William Sánchez Aveiga

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