Ecuador: La ultima palabra, Aji Picante para el Alma de William Sanchez Aveiga

22 enero, 2013

Imagen-Ecuador: La ultima palabra, Aji Picante para el Alma de William Sanchez Aveiga

La última palabra por William Sanchez Aveiga, Ají Picante para el Alma.

Un experimentado pescador se hace a la mar en su barco, rumbo al lugar donde las corrientes le indican que encontrará un cardumen que le garantizará una gran jornada; un próspero inversionista decide construir un centro comercial en cierta zona de la ciudad, luego de haber pagado una gran suma de dinero por un estudio, a expertos en el tema; el presidente de un club de fútbol contrata al goleador de la temporada pasada, pagando  varios millones al dueño del pase, confiando conseguir el próximo campeonato.

Por otro lado, un joven pobre y con problemas de salud, sale de su pueblo natal y toma rumbo a la capital para buscar una matrícula en la facultad de medicina de la principal universidad; una humilde mujer con tres hijos a cargo, que apenas tiene educación primaria y acaba de enviudar, pone  un pequeño comedor, soñando tener a futuro un gran restaurante; y en un rincón del planeta, una pequeña nación de recursos precarios, logra su independencia política y financiera, enfrentando el reto de crecer en medio de un conglomerado de países grandes y poderosos.

Desde nuestra perspectiva humana, podríamos fácilmente predecir los diversos resultados que acompañarían a cada uno de los casos presentados, pues la lógica parece indicarnos que las circunstancias favorables o desfavorables que enfrenta cada actor, harán que la balanza se incline a un lado o a otro. Ya sea que se trate de una inversión financiera, de una decisión académica, de la búsqueda de un trabajo, del tratamiento de una enfermedad muy grave, o de cualquier otra situación en nuestra vida, siempre decidiremos de acuerdo con lo que pensemos.

Sin embargo, ¿qué le parece si le digo que aunque usted crea que todas las circunstancias están dadas para que suceda esto o aquello, es Dios quien siempre tiene la última palabra? Cuando Dios le dijo a Moisés “te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel”, asustado le respondió: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?”, (pues  la verdad es que Moisés era tartamudo y no se creía capaz de realizar tan importante obra); cuando Dios escogió a Gedeón para que le sirva, este también se consideró poca cosa, por lo cual pidió una señal; y cuando David era sólo un muchacho pastor de ovejas, el más pequeño de los hijos de Isaí, nadie creía que sería ungido Rey de Israel por el profeta Samuel.

Hoy, al  igual que en tiempos pasados, solemos encontrarnos frente a casos que parecen absolutamente predecibles, lo que a menudo nos hace olvidar que es Dios quien decide. Esto no quiere decir que podemos ser negligentes o descuidados, sino que debemos aplicar a diario aquel proverbio que dice: “fíate de Jehová de todo tu corazón,  y no te apoyes en tu propia prudencia”.

Si las situaciones cotidianas miden nuestras capacidades y nuestro grado de  confianza en Dios, es en los momentos de dura prueba, donde podemos encontrarnos con hechos sobrenaturales contrarios a nuestra lógica, en los cuales Dios opera milagros, evidenciando de manera categórica, su poder y supremacía. Oremos y velemos incesantemente para que Dios nos de sabiduría, pero, sin olvidar que Él es quien siempre tiene la última palabra.

 

 

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