Los unos y los otros, Aji Picante para el Alma, por William Sanchez Aveiga

21 febrero, 2013

Imagen-Los unos y los otros, Ají Picante para el Alma

William Sánchez Aveiga

La humanidad está dividida en dos grandes grupos: aquellos que valoran la libertad como un valor supremo, y aquellos que están a gusto bajo la voluntad  y capricho de otros. Los primeros no aceptarían jamás la imposición de ideas ni admitirían la superioridad de otra persona, a no ser respecto a un trabajo o jerarquía organizacional; los segundos, anhelan encontrar un líder o ídolo a quien adorar y seguir.

Los primeros, tienen autoestima y, cualquiera que fuesen sus creencias o filosofía, no se dejan influenciar fácilmente; los segundos, tienen muy poca autoestima y, debido a ello, son manipulables emocionalmente y fáciles de confundir intelectualmente. Los primeros son minoría y los segundos abundan.

Mientras mayor sea el grado de educación de un individuo, más fácil le será abandonar el segundo grupo, no sólo por la acumulación de conocimientos que le servirán como armas para su  emancipación, sino porque también su nivel de autoestima se elevará. Sin embargo, es oportuno indicar que la autoestima es como el dinero: se puede carecer absolutamente de ella, tener muy poco, contar con algo, gozar de una cómoda cantidad, o disfrutar de mucho.

Paralelamente, la ética y la moral son los rieles sobre los cuales se asienta todo nuestro comportamiento y, también están sujetos a una escala desde lo poco hasta lo mucho. Cuando un individuo desarrolla cierto grado de autoestima, pero, en contraste, no ha logrado crecer en valores espirituales, su ética y su moral serán pobres y producirán un ser mezquino, egoísta, ambicioso y nocivo. Sus conocimientos le permitirán llegar a niveles altos de poder en cualquier empresa o actividad, escalando posiciones mientras atropella los derechos de quien se ponga en su camino y trepando sobre las espaldas de quien sea. Como dice la frase de Rabelais: “la ciencia sin conciencia es la ruina del alma”.

Cuando el área es empresarial, las consecuencias de sus actos no pasan de la corporación, o máximo de los sectores con los cuales se relaciona la compañía; mas, cuando el ámbito es político, las consecuencias involucran a toda la sociedad.

En el otro lado están quienes se sienten cómodos bajo el dominio y voluntad del ídolo de turno que  han elegido seguir; ellos encuentran en aquel ídolo una especie de pan psicológico que calma su hambre espiritual; ponen en él su admiración y sus esperanzas, aunque sea por un tiempo, pues este tipo de personas van de ídolo en ídolo y, los mismos que ayer se rindieron bajo los encantos del líder “A”, y antes se deslumbraron por el líder “B”, hoy se someten a  un nuevo caudillo y mañana lo harán por otro.

Los políticos inescrupulosos conocen muy bien el comportamiento del pueblo y, ya sea por instinto sagaz, o por consejo de sus astutos asesores, manipulan a las masas con técnicas y falacias de tipo ad hominem, ad baculum, ad ignorantiam, post hoc, ad verecundiam  y, particularmente,  falacias ad populum, que apelan a las emociones de un conglomerado humano que, al tener poca capacidad de reflexión, responde casi de manera pura a los exhortos populistas que exacerban sus emociones.

Hace poco, alguien recordaba la frase que expresa “cada pueblo se merece el gobierno que tiene” y, la verdad es que la miseria y la ignorancia es el pasto que alimenta la bestial voracidad de quienes aman enfermizamente el poder.

Por: William Sánchez Aveiga

.

.

Compártenos y Síguenos en:
  • Bitacoras.com

{ 1 trackback }

Previous post:

Next post: