Ecuador: El contrapaso, por Jordi Zarate

4 marzo, 2013

Imagen-Ecuador: El contrapaso, por Jordi Zarate

Con las manos en las espaldas atado las muñecas por unas esposas, siento como se corta mi circulación y se hinchan los dedos, todo esto mientras el guardia me empuja para ingresar a las oficinas de la Corte y evitar que salude con mis amigos y familiares que con carteles, indignación e ira se han tomado la calle para exigir libertad.

Lo único que falta a este portón, de acero frío y grotesco, es el letrero descrito por Dante, aquel que me trajo muchas pesadillas en la juventud al haber leído la Divina Comedia. Hoy calzaría como anillo al dedo cada uno de esos fonemas que decían: “Es por mí que se va a la ciudad del llanto, es por mí que se va al dolor eterno y el lugar donde sufre la raza condenada, yo fui creado por el poder divino y no hubo nada que existiera antes que yo, abandona la esperanza si entras aquí”.

La entrada, muy parecido a la descrita por el poeta italiano, me da tanto terror como en los años de juventud; la diferencia es que Virgilio no me acompaña el día de hoy, pero tengo la certeza que no son pocas las personas que levantan mi bandera. Y sí que he perdido la esperanza de poder ser juzgado con honestidad, ya que desde el primer momento que fui detenido se mostró un sin número de irregularidades y se montaron falsas pruebas en mi contra.

Este juicio violó el derecho al debido proceso, desde el momento mismo en que fui catalogado como terrorista. Desde ese instante no se buscó saber si era inocente o culpable, sino lo que se trató fue de aplicar penas eternas bajo “La Ley divina del Contrapaso”, es decir, lo que se buscó no fue tratar de encontrar la verdad sino seleccionar el castigo más adecuado contra quien se opone a la opresión de la sociedad.

Según Dante Alighieri “La Ley divina del Contrapaso” tenía el objetivo de imponer castigos por analogía o por antítesis, es decir, que por analogía entendemos en que la pena es igual al pecado. Si el pecado es la gula, el castigo será que la persona tendrá que alimentarse hasta reventar. Por antítesis, en cambio, el poeta comprendía que la pena es distinta del pecado. Por ejemplo: si somos amantes de la libertad se nos encierra y nos hacen sentir el olor de ser libres eternamente, así el sufrimiento pasará por nuestras venas una y otra vez por siempre.

El edificio de la Corte Nacional de Justicia, al igual que el infierno, está construido por círculos, pero aquí se los denomina salas y los pecadores de cada sala son castigados con penas eternas. Principalmente el mayor peso de la ley recae a los luchadores, aquellos que se han opuesto al proyecto político que hoy reprime y no se han arrepentido de su lucha, en cambio aquellos que se han arrepentido de su pecado y han orado a favor de la “revolución” ciudadana se encuentra hoy declarados como ministros o vicepresidentes, se les han hecho grandes orgías en demostración de apoyo y se les paga pasajes en primera clase para que huyan del país.

Yo debo ir a la séptima sala (el círculo de la violencia en el infierno de Dante) lugar en la que nos encontramos todos los que formamos parte de la rebelión de los ángeles, según lo que describe el libro, el séptimo círculo se divide en tres anillos: el exterior, el medio y el interior. El primero de ellos -y al que me debo dirigir- se encuentran los que violentan la propiedad privada; según Dante allí está Alejandro Magno y posiblemente sean juzgados Voltaire y Rousseau, lo más seguro es que allí se encuentren Marx y Engels, como condenados favoritos han de estar Lenin y Stalin, allí será llevado Darwin por ir en contra del creacionismo y plantear la teoría de la evolución, lo más seguro que la voz de Jaime Hurtado retumbe en esas paredes como todos aquellos personajes que les cantan y les toman como ejemplo en este gobierno.

En este lugar se encuentra Alfaro, penalizado como “el general de las mil derrotas”, apodo que fue impuesto por los opositores de él para ser estigmatizado, como nos pretenden hacer en la actualidad cuando nos dicen terroristas. En este anillo también está el caso del Che, que por haber llamado a tomar las armas y enfrentar al imperialismo debe ser juzgado. A pesar de ello en las tarimas son rescatados como símbolos, pero si yo recojo su ejemplo soy juzgado y se me declara como un enemigo peligroso.

El ingreso a la séptima sala se encuentra resguardado por exuberantes Minotauros, monstruos de cuerpo de hombre pero cerebro de animal, vestidos de azul y su supuesta seriedad esconde la cobardía, el miedo que tienen a trasladar a hombres y mujeres consientes de la transformación social. Al entrar a este anillo, el suelo se siente muy resbaloso y parece que se pisa el Flegentonte, es decir, el río de sangre en el cual uno se hunde según la gravedad del pecado.

En el centro se encuentran tres bestias, que se hacen llamar jueces y representan los tres tipos de pecados: la prepotencia, la violencia y la perversidad. Me miran fijamente y de una forma denigrante, tienen ya un veredicto en su entrecejo, como declarándome culpable antes de ser juzgado; al frente de ellos una ave rapaz de gran tamaño, de color negro, con la cabeza y el cuello sin plumas, muy parecido al personaje Hathorne en ¨las Brujas de Salem¨ y que protagoniza al típico burócrata genocida, que acata a raja tabla las ordenes de su tirano; lo primero que realiza esta ave, que se lo llamará de hoy en adelante como el secretario, es observar que exista quórum, toma lista de los testigos y de los acusados, confirma que esté la fiscalía y la defensa, ve que está en orden todo para iniciar la comedia.

El primero en habla es el fiscal, un hombre detestable y odioso desde el primer momento que lo vi. Se levantó de su puesto nervioso, a simple vista se veía que no sabía cómo iniciar, sus manos temblaban con urticaria, era un joven de treinta y cinco años que apestaba a formol, todos los días a partir de las seis de la tarde sudaba como un cerdo y todas sus intervenciones le acompañaba la jerga gobiernista acusatoria. Lo más ridículo de todas las blasfemias pronunciadas por él, fueron los argumentos con los que quería justificar la hipótesis del caso, las pruebas, presentadas para declararnos terroristas, fueron películas, música y libros.

Pasaron los testigos de la fiscalía que trataron a toda costa seguir la línea del gobernante, pero esas mentiras se caían una por una cada vez que nuestros abogados les interrogaban. Esos testigos eran personas alucinadas, que fantaseaban con haber capturado a grandes criminales, eran gente enfermas psicológicamente, que igual que en el juicio de Salem descrita por Artur Miller, se aprovecharon de la acusación de las víctimas para descargar sus frustraciones y sus pecados. Recuerdo al jefe de la unidad de la lucha contra el crimen organizado, al entrar llegó pareciendo un toro que botaba por la nariz humo y de su boca salía fuego, pero esa arrogancia con la que llegó se fue de gota en gota cuando le tocó responder las preguntas de la defensa y no sabía cómo hacerlo, al salir no era más que un simple ternero.

Después de varios días de escuchar calumnias y aguantarme las ganas de decirles las verdades, me tocó pasar a ser interrogado. Me sentí como Joseph K, en el Proceso de Kafka, ya que no sabía o no comprendía quién me acusaba, por qué me acusaban y de qué me acusaban. El fiscal, como es costumbre, botó sus fuegos desesperadamente y trató de confundir mis declaraciones.

Respiré profundamente y le respondí: señor fiscal sobre las pruebas presentadas, le falta a usted información, que posiblemente le sirva más para condenarme, ya que, además del libro de Carlos Marx que usted ha declarado como literatura subversiva, se encontraban en mi casa -el día que ingresó la policía ilegalmente- el libro Cándido de Voltaire, los poemas de Lord Byron, la Insoportable levedad del ser de Milán Kundera, Hamlet de Shakespeare; además del CD de música protesta de Jaime Guevara, también tenía en mi hogar la música de Sabina y Serrat, canciones de jazz y blues, la música clásica de Mozart y Beethoven; también tengo una diversidad de películas, además de la que usted ha presentado señor fiscal, entre las que se encuentran el acorazado Potemkin de Serguéi Eisenstein, la colección de cine silente de Chaplin, El perro Andaluz de Buñuel, la Naranja Mecánica de Kubrick; tengo un sin número de camisetas negras de los grupos de rock y de personajes de cine como ACDC, Ramones, Metallica, The Doors, La Guerra de las Galaxias, el Padrino.

Y le digo señor fiscal, que va encontrar mayor culpabilidad en esas pruebas, porque este juicio no busca castigar el crimen, sino, lo que trata es condenar la verdad, criminalizar la razón para así iniciar la persecución contra quienes enarbolan la libertad. Lo curioso es que ahora ha sido un crimen escuchar música, ver películas, vestir camisetas negras y que le guste leer, creo que aproximadamente el 90% de la población fuera criminal si eso fuera un delito. Pero claro, el gobierno bajo esos pretextos busca que regresemos a los tiempos del oscurantismo, cuando la ciencia fue proscrita y nadie podía hablar en contra de la divinidad, se pretende retroceder los avances en el derecho a los años 1215 cuando la Iglesia sentenciaba quien era culpable, paradójicamente ahora no es la curia quien quiere asumir esta actividad, sino el ejecutivo, pero con la similitud de impulsar una cruzada, una inquisición en nuestro país.

El juicio que estamos viviendo es una parodia de lo acontecido hace cientos de años con Galileo Galilei, cuando le mandaron a callar por plantear teorías que rompieron con los elementos teóricos asentados en la física aristotélica, así mismo en la actualidad se pretende mandarnos a callar, para que no hablemos las verdades del gobierno, para que no defendamos nuestras críticas contra la “revolución” ciudadana.

Señor fiscal, su trabajo el día de hoy no difiere en nada a la labor realizada por el fiscal del proceso de Leibsting, que buscó condenar a Jorge Dimitrov. Ese juicio, bajo las órdenes de Hitler, se convirtió en el inicio a la persecución contra los revolucionarios, los comunistas y los judíos. Si señor fiscal, usted se ha convertido en títere del gobierno para iniciar una casería de brujas en nuestro país, que por el momento utiliza a los fiscales y los jueces, pero después se utilizará los fusiles, la tortura y la muerte contra quienes se oponen a la política gubernamental.

Si usted no conoce la historia señor fiscal, le recomendaría que lea un poco que no es pecado; Dimitrov no se retractó como Galileo y aún mas, hizo que el acusado se convierta en acusador. Y téngalo por seguro que a las diez personas que usted está juzgando no tememos la cárcel de la mal llamada “revolución” ciudadana.

No baje la cabeza señor fiscal y véame a los ojos, que está juzgando a una persona libre, a una persona que lucha por hacer realidad sus ideales. La libertad de los que estamos siendo condenados hoy, nos ha hecho seres humanos, nos ha hecho seres dignos, personas modestas, pero nunca sumisas, nuestra libertad -aunque este físicamente encarcelada- vuela por los prados y las ciudades, se encuentra en los suburbios, en las barriadas, en la comuna. Este juicio nos ha convertido en personas de honor, hombres y mujeres respetadas, mientras que a usted y su gobierno les ha convertido en bestias, seres incoloros e insaboros.

Para terminar mi declaración el día de hoy, voy a decir las palabras de Galileo Galilei dichas por Bertolt Brecht en su obra “la vida de Galileo” y que está dedicado para usted y su gobierno: “Quien no conoce la verdad es sólo un zoquete. Pero quien la conoce y la llama mentira, es un criminal”. Muchas gracias.

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Más Información: ecuadorlibrered.tk

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