Ecuador: Cuasilinchamiento en Esmeraldas por Arturo Prado Lima

13 marzo, 2013

Imagen-Ecuador: Cuasilinchamiento en Esmeraldas por Arturo Prado Lima

Por: Arturo Prado Lima

 

En Esmeraldas, un puerto petrolero y polvoriento del norte ecuatoriano, en un barrio que cercaba la policía todas las noches para que sus habitantes no salieran a delinquir, llegó una princesa que nadie supo de dónde venía ni hacia donde iba y que revolvio sin mesura el corazón de los porteños. Era de armas tomar.

Alta, hermosa, nostálgica, rubia. Jaime llegó desde Quito con 3 mil dólares en el bolsillo para gestionar documentos en el consulado de su país. Como siempre, buscó el límite de sus emociones y a media noche fue a parar al palenque de San Bernardo. En una de las casas de cita de pobrería, la princesa hacia su agosto. Filas de hombres, negros, blancos, zambos, mulatos, indios, mestizos, esperaban su turno para calmar sus ansias de amor.

Las demás trabajadoras, sentadas en las mesas, veían impotentes a la mujer del embrujo. Se propusieron lincharla. Fue a esa hora que llegó Jaime. Se tomó un ron cerrero y luego echó una ojeada a las mujeres cesantes y pronto intuyó que la princesa estaba en peligro.

Entonces se sentó en una mesa con tres de las mujeres y les dio 10 dólares a cada una, con la condición que pararan el operativo de linchamiento.

Pero las demás se dieron cuenta y pronto se acercaron a la mesa por sus 10 dólares. Ante el tumulto, no tuvo otro remedio que ordenarles que hicieran fila. Al amanecer, la fila de los hombres era igual a la de las mujeres. Ellos por ella, y ellas por los 10 dólares para no linchar a la princesa. A las cinco de la mañana, la policía deshizo el tumulto que amenazaba con convertirse en desorden público.

Pero el mal ya estaba hecho: el corazón de los hombres quedó alborotado para siempre por la estirpe alucinante de la princesa, y las mujeres aturdida por la bondad de aquel benefactor dueño de una carcajada de espantar al mismo tiempo miedos y valores íntimos en cada una de ellas.

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