Ecuador: Lucha social, represion estatal y linchamiento mediatico

10 abril, 2013

Imagen-La “revolucion ciudadana” y el cambio cultural. Lo que esta en juego en Ecuador

Por: Franklin Falconí

“Solo es justificable la violencia contra el tirano, pues él es su encarnación, y usarla contra él es destruirla”.

Una piedra lanzada contra una ventana, o contra escudos antimotines, o que simplemente cae en la calzada sin lograr un objetivo específico, ¿hará tanto daño como una malintencionada versión informativa, lanzada una y otra vez por televisión, al referirse a un luchador social? La situación que hoy viven los 12 estudiantes del Colegio Central Técnico, acusados por el gobierno del delito de “rebelión”; o de Marcelo Rivera, que acabó de cumplir una pena de tres años en la cárcel de Sucumbíos, por supuesta “agresión terrorista”, nos dicen claramente que NO.

En el primer caso, aunque los daños a bienes del colegio y de personas particulares existen, y se han cuantificado en 300 dólares que los infractores deberán pagar, el daño que los estudiantes van a tener en sus vidas cuando su título técnico se devalúe y no cuenten con la seguridad de ingresar a la universidad, por las excluyentes condiciones del actual sistema de admisión, seguro es más cuantioso en términos económicos y más grave en términos humanos.

Por incontables ocasiones, los estudiantes de esta tradicional institución educativa intentaron ser escuchados por las autoridades, presentaron oficios, solicitaron audiencias, pero la respuesta fue el menosprecio, el desaire. ¿La reacción?: protestas más radicales, que en su momento se salieron de control.

Sin detenerse en este detalle, desde los medios públicos y privados han construido un discurso mostrando a estos hechos como “vandálicos”, protagonizados entonces por vándalos, que según el diccionario de la Real Academia de la Lengua significa: “hombre que comete acciones propias de gente salvaje y desalmada”.

Y es que el significado de este término, comúnmente usado para calificar incidentes en las manifestaciones estudiantiles, es importante porque históricamente ha variado. Se dice que como vándalo se conoció a un pueblo germano, de Europa central, en el siglo quinto después de Cristo, y que originalmente significaba: “los que cambian” o “los hábiles”. Su fama fue construida seguramente en medio de las cruentas guerras de la Edad Media, y por la pugna constante que mantuvieron con la Iglesia católica. Con el discurso de vándalos, a los jóvenes del Central Técnico se les niega la capacidad de raciocinio, porque, como lo ha dicho la Ministra de Educación: “están manipulados por adultos, con intereses políticos”.

Son poco menos que seres irracionales, que merecen tutela y disciplina, no respeto, o el derecho a que sus puntos de vista y sus propuestas sean tomados en cuenta. En la cobertura del hecho se principalizan las piedras que fueron lanzadas y no las motivaciones que la protesta tuvo, y peor las ideas que la inspiraron.

Desde los medios privados se critica al régimen por la “desproporcionalidad” de la pena que se pretende implantarles a los chicos, pues sostienen que no puede calificarse a esta protesta como “rebelión”, pero insisten en que deben ser sancionados, disciplinados.

En el caso de Marcelo Rivera, Alfredo Pinoargote, de Ecuavisa, en la entrevista al ex presidente de la FEUE, el 21 de marzo, sostuvo: “Su protesta se caracterizó por la violencia, y por eso fue reducido a prisión. Tres años y dos meses en la cárcel le habrán servido para reflexionar. ¿A qué clase de protesta social está dispuesto, como afirmó el día en que salió de prisión?”

Desde un enfoque semiótico, en el plano de la denotación, podemos ver al periodista que formula una pregunta que se supone es de interés general; pero en el plano connotativo, lo que realmente quiso decir fue: “Usted es un tirapiedras, y bien por el castigo que recibió. ¿Aprendió la lección o hace falta más castigo?” Sin embargo, durante la entrevista, la forma más efectiva de reafirmar la condición de violento y tirapiedras de Rivera, más que las “preguntas” de Pinoargote fueron las imágenes de los sucesos de marzo de 2007 en el hotel Colón y de diciembre de 2009 en la Universidad Central, que se mostraron nuevamente, como se han mostrado hasta el cansancio, cada vez que se mencionaba el nombre Rivera o incluso cuando hacía falta juzgar de violentos a otros dirigentes sociales. La propaganda gubernamental, sobre todo, ha sido la que más las ha usado para demostrar la supuesta existencia de desestabilizadores o conspiradores contra el régimen.

De este modo, el discurso durante la entrevista se construía de forma desventajosa para el dirigente social, que luego de tres años de haber estado detenido parecía volver en el tiempo a enfrentar el mismo linchamiento mediático que lo acosó hasta el 2010, y a ser juzgado por los mismos actos de los que se supone ya pagó la pena en prisión.

El argumento con el que Pinoargote criticaba al gobierno era que tratándose de dos actos violentos de los que supuestamente era responsable Rivera, el uno resultaba bueno para el presidente en un momento, y el otro, cuando la izquierda le declaró la oposición, le resultaba malo. Y luego, como para terminar de destruir la personalidad de Rivera, vino la pregunta: “Usted como líder estudiantil, de juventudes, ¿no se ha sentido manipulado de alguna manera por el gobierno?” Otra vez, en el plano denotativo, se trataría de una acuciosa pregunta, que pretende esclarecer la situación relacionando hechos, pero en el plano connotativo lo que dice es: “usted, como no tiene conciencia y es un simple vándalo, fue usado como tonto útil por parte de Rafael Correa”.

Es decir, más linchamiento. Para el entrevistador era matar dos pájaros de un solo tiro: el doble discurso de Rafael Correa, que supuestamente estaba de acuerdo con la violencia de Rivera sólo cuando le convenía, y la imagen del ex presidente de la FEUE, para deslegitimarlo como auténtico luchador social y mostrarlo como un troglodita.

Desde la lógica del discurso construido en la entrevista, ¿qué respuestas habría esperado este periodista, para extenderle desde ese espacio la absolución definitiva de la condena simbólica a la que lo sometieron todos estos años los medios? Seguramente que reconozca que fue un vándalo pero que ya cambió. Y en el mejor de los casos, para el rating televisivo, ¿que llore ante las cámaras pidiendo perdón? Pues como esto no es siquiera imaginable, dada la condición de revolucionario de Marcelo Rivera, lo que quedaba instituido era el mensaje siguiente: “a usted ya se le castigó, si insiste en molestar le va a ir peor”. Rivera, por su parte, ganó razón en la teleaudiencia: mostró su trayectoria como dirigente social.

Primero como presidente de la FESE, espacio desde el que lideró la lucha en defensa del laicismo y en la que obtuvo un triunfo trascendente; luego como presidente nacional de la JRE, desde donde libró luchas como la del carné estudiantil, que hasta ahora lo tienen los jóvenes fruto de esa propuesta y esa acción social. Incluso ya estando en la cárcel no dejó de hacer obra social: formó una escuela y un colegio en el Centro de Rehabilitación de Sucumbíos, creó una biblioteca con más de 5.000 libros, y estaba en proceso de proponer una universidad pública para los internos. Mostró su título profesional, que según precisó: “no es falso, ni lo obtuve plagiando tesis”, y que paradójicamente lo firma el mismo acusador particular que lo mandó a prisión por todo este tiempo.

Enfrentó a Correa, en sus falsas acusaciones de que era un vago y que ha pasado 20 años en la universidad sin estudiar: mostró su récord académico, en el que se pudo evidenciar un rendimiento alto, de más de nueve sobre diez, con el que se graduó, sin perder un solo semestre. Ingresó en el período 2003-2004 y se graduó en el 2009, es decir, el período legal de la carrera de Ciencias de la Educación con mención en Ciencias Sociales.

Así mismo, informó de las becas que ha recibido ya por varias ocasiones en la Universidad Técnica Particular de Loja, donde cursa una segunda carrera: Derecho. Se anotó, en el plano simbólico, un punto contra la andanada de acusaciones de Pinoargote: ¿cómo puede calificarse a un profesional estudioso, y además solidario como él, de vándalo?

Por otro lado, ¿qué tan significativa es la rotura de unos cristales o demás daños materiales, que se cuantificaron en 300 dólares, en el caso de los chicos del Central Técnico, o de unas puertas y vidrios en la Universidad Central, por los que se le impuso la multa de 300.000 dólares a Rivera, frente a 200 mil hectáreas de un ecosistema único y valioso del territorio shuar, que el gobierno está en proceso de destrucción con el proyecto minero Cóndor- Mirador, por ejemplo? ¿O frente a que Petroecuador, en una transacción con Petrochina, transfiere un monto superior a 36 000 millones de dólares –si se considera cada barril a USD 80-, por la recepción de tres créditos de 1000 millones y dos de 2000 millones de dólares? ¿Qué tan violento puede ser el romper un vidrio, frente a más de 200 juicios por terrorismo a líderes sociales y activistas antimineros? ¿O frente a la impunidad, tolerada ( ¿o será aupada?) por el Ejecutivo en el caso de violación a una menor de edad por parte del padre del vicepresidente de la república electo?, ¿o frente a falsificadores de títulos que están en Miami y plagiadores de tesis que están en Carondelet, y que son beneficiarios de una justicia controlada por el poder y que permite la impunidad? ¿Cuál de estos actos es más violento? ¿Qué es realmente la violencia?

Aunque es una respuesta que exige un extenso análisis socio-histórico, no podemos dejar de mencionar que para los defensores del statu quo todo lo que intenta minar el poder instituido será un acto de violencia que hay que reprimir y hasta eliminar, mientras que la violencia, desde el ángulo de los dominados, es una necesidad histórica y un recurso necesario para lograr la paz que el sistema de injusticias niega a la sociedad. Preguntémonos: ¿podríamos llamar vándalo a Eloy Alfaro, o a Ernesto Che Guevara, personajes remitificados por este gobierno? ¿Sería un vándalo Hugo Chávez, cuando protagonizó un intento de golpe de Estado el 4 de febrero de 1992?.

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