Con el amor echemos fuera al temor por William Sanchez Aveiga

29 abril, 2013

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William Sanchez Aveiga

Según la Biblia, el amor es lo más importante que existe, por eso el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios 13:8 dice que “el amor nunca dejará de ser, pero las profecías se acabarán y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará”; antes de esto, en el mismo capítulo, los versos 1, 2 y 3 indican que si hablásemos lenguas humanas y angélicas, y no tenemos amor, venimos a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe; y si tuviésemos profecía, y entendiésemos todos los misterios y toda ciencia, y si tuviésemos toda la fe, de tal manera que trasladásemos los montes, y no tenemos amor, nada somos; y si repartiésemos todos nuestros bienes para dar de comer a los pobres, y si entregásemos nuestro cuerpo para ser quemado, y no tenemos amor, de nada nos sirve.

¿Qué es esto tan grande, poderoso e imperecedero que llamamos amor? La palabra griega de la cual se traduce este “amor” del cual habla el apóstol, es AGAPE que significa un afecto incondicional y perfecto de naturaleza divina, diferente a la palabra “Eros” que es el amor sexual que un hombre puede sentir hacia una mujer o viceversa, y de la palabra “Fileo” que describe el afecto fraternal que una persona puede ofrecer a otra como sus hermanos, sus padres, sus hijos, etc.

La misma Biblia nos enseña que Dios es amor, por ello, cuando todo acabe o deje de ser, el amor prevalecerá. Los cristianos debemos recordar que EL AMOR ECHA FUERA EL TEMOR, eso es lo que se nos enseña en la Primera Epístola de Juan 4:18 “En el amor no hay temor; porque el perfecto amor echa fuera el temor…”; es como si tuviésemos un recipiente de capacidad determinada que debe estar lleno de una u otra cosa; si uno está presente no podrá estar allí el otro, y viceversa. Y así es, el amor y el temor no pueden existir juntos pues cuando el uno entra a nuestro corazón, el otro sale.

Como dijimos, Dios es amor y si su Espíritu habita en nosotros -pues somos su templo- el temor deberá huir automáticamente; pero, durante nuestra vida, a cada momento somos acechados por todo tipo de temores, siendo como nuestra respiración que nos acompaña día y noche; un poco de paz  y viene el temor, luego otro poco de paz y regresa el temor. Este temor puede ser causado por alguna circunstancia o por alguna persona, y puede ser motivado por algo real o por algo  imaginario; estos temor es frecuentes generan en nosotros lo que hoy llamamos estrés, capaz no sólo de crearnos problemas con otras personas, si no de enfermarnos y aún de matarnos.

El amor -por el contrario- produce paz, una paz que no es capaz de ser entendida, pues, como dice la carta de Pablo a los Filipenses 4:7 “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús”. No se trata de que los problemas van a desaparecer, sino que podremos enfrentarlos con una actitud absolutamente diferente, como dice Segunda de Corintios 4: 8, 9 “atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”.

Pero, cómo hacemos para cultivar este amor AGAPE, pues es fácil decirle a otro “tienes que amar”, “llena de amor tu vida”, “deja que el amor guíe tu vida”, etc., pero no nos dicen si hay un sitio donde adquirirlo, ni nos dan un mapa para encontrarlo;¿Qué hacer entonces?

Hay cosas que no podemos producir por nosotros mismos, por más que nos esforcemos, o porque no está en nuestra naturaleza. ¿Podrá germinar una semilla vana, sin núcleo? o, ¿Podrá una semilla de melón producir un árbol de mango? La verdad es que humanamente no podríamos producir jamás algo que no está dentro de nosotros yese es nuestro fracaso con las frases y consejos.

Los Evangelios narran un episodio en el cual un hombre llegó corriendo y se postró delante del Señor diciéndole: Maestro bueno ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?, y Jesús le contestó: ¿Por qué me llamas bueno? nadie es bueno sino sólo Dios. Antes, vimos que Dios es amor y que el amor permanecerá por siempre, ahora vemos que no hay hombre bueno, con lo cual, entendemos que el amor tenemos que pedirlo a la fuente, a Dios, haciendo uso delo que sí tenemos, voluntad y libre albedrío dadas por la gracia del mismo Dios.

Pidamos con todas nuestras fuerzas, con todo el clamor que podamos y con toda fe, que Dios llene nuestro corazón de amor, o sea, que nos llene de Él mismo que esa mor; pero, insistamos como dice Efesios 6:18“orando en todo tiempo, con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.

A usted que lee estas líneas le digo, que si esto hace, el amor entrará en su vida para quedarse y el temor se irá para siempre, pues los dos no pueden habitar al mismo tiempo en su corazón; sólo tiene que pedirlo al único quien puede dárselo: al mismo amor (Dios); así lo recibieron los apóstoles y por ello Pablo en su carta a los Romanos escribió (Romanos 5:5) “El amor de Dios  ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”.

Que Dios expulse todo temor del corazón de quienes buscan su amor, Amén.

Fuente: William Sanchez Aveiga

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