Cuidado con el destructor

6 mayo, 2013

Imagen-Cuidado con el destructor por William Sanchez Aveiga

William Sanchez Aveiga

Siempre ha sido más fácil destruir que construir, pues lo que toma años y esfuerzo en formarse y desarrollarse, en sólo unos segundos puede ser destruido; así sucede en todo, ya sea que se trate de un edificio o de la reputación de una persona.

Para lograr una destrucción efectiva, habrá de atacarse los cimientos o fundamentos de lo edificado, a fin de que se desmorone sin remedio. Así lo hacen los expertos en demolición de edificios, poniendo potentes cargas explosivas en las zonas estratégicas que sostienen una construcción que puede haber tardado muchos años en levantarse.

Pero hay un tipo de obra que ha sido edificada empleando mucho más tiempo que cualquier otra, pues ha sido ejecutada con el concurso de toda la humanidad y bajo la dirección de Dios: La FAMILIA, célula de la sociedad que ha tenido que soportar a lo largo de la historia todo tipo de ataques y, sin embargo, ha sabido mantenerse en pie,aunque con falencias y altibajos. Desafortunadamente, hoy más que antes, este núcleo vital que agrupa a personas de una misma sangre y es el nexo entre una generación y otra, pasando los valores morales y éticos de padres a hijos, se encuentra amenazada por el más terrible demoledor y enemigo de la humanidad,conocido como Diablo, Satanás o Lucifer.

Así como la familia es el núcleo de la sociedad y sostén de una nación, los valores éticos y morales son el núcleo de la familia, y para destruirla, Satanás quiere derribar esos valores, no sólo usando los métodos tradicionales empleados siglo tras siglo, sino a través de la introducción de normas jurídicas en la legislación de los Estados, haciendo que lo que antes era considerado malo y prohibido, hoy sea admitido como bueno y lícito; para ello, tratan de seducir aún a quienes aman a Dios y quieren obedecer Su Palabra, engañándolos y tomándose de manera astuta el nombre de principios como la libertad.

Claro que la perversión humana no es nueva, el crimen de todo tipo, las agresiones en todas sus expresiones y el desenfreno sexual y carnal en general, han existido desde que el hombre fue destituido de la gloria de Dios y secuestrada su alma por Satanás; desde el labrador del campo hasta el príncipe, se corrompieron cubriendo la tierra de iniquidad, destrucción y muerte; pero, pese a todo, la familia siempre ha sobrevivido y de generación en generación conservó los valores fundamentales para la supervivencia de la sociedad.

Más, en los últimos tiempos, se ha hecho evidente el deterioro moral con la contribución de la inserción de normas legales contrarias a las leyes de Dios que, a manera de potentes  y letales explosivos, han sido colocadas en las columnas que sostienen a la familia, para destruirla desde su interior. Los hijos de Dios, como guardianes de su Palabra y faros del mundo, debemos tener plena conciencia  que nuestra lucha no es contra carne ni contra sangre, es decir, contra persona o autoridad terrenal alguna, sino contra principados y potestades de las tinieblas, contra el mismísimo Lucifer y sus huestes espirituales de ángeles caídos, que siempre han querido destruirnos.

Por tanto, toda norma jurídica o ley humana creada por la función legislativa o decreto ejecutivo, que sea contraria a la ley de Dios, es inspirada por los espíritus del mal, y quienes las impulsan y respaldan son utilizados como instrumentos, habiendo sido su conciencia oscurecida y contaminada por aquellas entidades de la oscuridad.

Los hijos de Dios tenemos la obligación por mandato de nuestro Señor Jesucristo, de actuar como luz en el mundo, iluminando a quienes caminan en la oscuridad, intercediendo en oración y rechazando públicamente toda ley humana que traiga destrucción y maldición sobre la familia,pues, como dice Mateo 5:15,  “no se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa”.
Dios bendiga a quien obedece su palabra.

William Sánchez Aveiga

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