Ecuador: ¿Libertad de expresion o expresion unilateral?

23 mayo, 2013

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Como si fuera derecho solo de periodistas, o de medios de comunicación; y más aún, como si se tratara de una disputa que se produce únicamente entre medios privados y el gobierno, el debate sobre la situación de la libertad de expresión en el Ecuador se desarrolló, en esta semana, a espaldas de la ciudadanía.

La historia en nuestro país incluso parecería haber caminado hacia atrás en cuanto a este derecho, puesto que a pesar de que la normativa de organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA), la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con sus respectivas instancias especializadas han ampliado la concepción de este derecho, pasando del mero plano individual al social, y del mero plano mediático al del fundamento democrático de las naciones, aquí se insiste en confundir la libertad de expresión con la libertad de prensa, derecho que se originó en el marco de la revolución liberal en Europa, como una condición política fundamental de la burguesía revolucionaria frente a los conservadores, cuando el capitalismo pugnaba por establecerse.

En el siglo XVIII, en Inglaterra, se habló de la libertad de prensa como la posibilidad que los nacientes empresarios (conocidos en política como los whigs) tenían para instalar imprentas y fundar periódicos para su lucha contra los conservadores (los tories). Con la consolidación del capitalismo, esa libertad de prensa se fue convirtiendo en un derecho ejercido solo por las empresas mediáticas pero presentado como de todos los ciudadanos. Los trabajadores pronto la denunciarían como lo que realmente era: liberad de empresa; es decir, un derecho para la burguesía, que podía a través de estos medios fortalecer en el plano ideológico su naciente sistema, legitimarlo en el plano de la democracia representativa.

En esa época ni pensar que el poder pudiera extender este derecho para los pueblos. Se convirtió entonces en una bandera más de lucha de la nueva clase revolucionaria: la clase obrera.

Y es precisamente la lucha de los trabajadores y los pueblos del mundo contra el capitalismo, y en particular por la conquista de derechos democráticos, la que ha arrancado del sistema y sus organismos una ampliación de la libertad de expresión.

En el año 2000, la “Declaración de Principios para la libertad de expresión” aprobada por la OEA establecía lo siguiente: “…La indebida concentración de la propiedad de los medios, directa o indirecta, como así también el control del gobierno sobre los medios, constituyen una amenaza a la diversidad de los medios, así como también otros riesgos, tales como la concentración del poder político en las manos de los propietarios y las élites gobernantes”.

En el Ecuador de hoy, el escenario comunicacional tiene a dos grandes poderes fácticos: los monopolios privados y los gubernamentales, que se disputan la credibilidad de los lectores, televidentes y oyentes en función de sus intereses de grupo.

Existen medios públicos, dirán los militantes de Alianza País, y se han hecho concesiones de frecuencias de radio a comunidades indígenas, argumentarán.

Pero lo que en realidad evidencia la presencia de estos medios es una acción aún más agresiva de limitación del derecho a la libertad de expresión. Estas verdaderas centrales propagandísticas del régimen, mal llamadas medios públicos, no han rendido cuentas acerca de cuánto han cumplido ellos la tarea de darle la palabra a los ecuatorianos, en toda su diversidad cultural, social y política. Obviamente sería un balance negativo.

Y volviendo a la normativa internacional sobre la libertad de expresión, hay que decir que ahora se la entiende como un derecho equiparable, o por lo menos fundante de la democracia.

Sin libertad de expresión, es decir, sin libre flujo de ideas, sin oposición de tesis y debate político, no es posible la democracia. Y cuando hablamos de democracia los estudiosos identifican al menos tres tipos: democracia representativa, participativa y deliberativa.

Lo que el proyecto político de Alianza País se propuso al ganar la primera elección era construir el segundo tipo, y ese espíritu tuvo la nueva Constitución al plantearse el régimen del buen vivir, pero ahora el giro es de 180 grados, puesto que el modelo de democracia impuesto es el que siempre caracterizó a la partidocracia; es decir, una democracia reducida al voto, con un Consejo de Participación Ciudadana que se convirtió en una oficina gubernamental para seleccionar a las nuevas autoridades de las instituciones del Estado, a la medida del Ejecutivo.

La libertad de expresión, equiparable con el significado que tiene la palabra democracia, a nivel internacional es más avanzado que lo que el Ecuador acepta o propone.

El informe Anual de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH, del año 2005, por ejemplo, establece todo un capítulo sobre las “manifestaciones públicas como ejercicio de la libertad de expresión y la libertad de reunión”, mientras aquí se instituye el delito del sabotaje y terrorismo para castigar a quien se atreve a ejercer esos derechos; pruebas al canto: el caso Los 10 de Luluncoto, Mery Zamora, Clever Jiménez, estudiantes del Central Técnico, y la lista sigue…

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Por:  Franklin Falconí

Periódico Opción

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