Ecuador: El capitalismo no puede rehuir a la crisis

27 mayo, 2013

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El 24 de mayo Rafael Correa asume su nuevo mandato, 10 días antes lo hicieron los asambleístas.

Se inicia así una nueva etapa de la vida política del Ecuador, cuya ruta se había venido trazando desde hace algunas semanas en los talleres políticos del movimiento Alianza País, donde se definieron los nuevos conceptos a manejar, como aquel de que la Asamblea pasaba de ser el poder fiscalizador y la expresión de la democracia representativa del país, a la instancia “corresponsable” del cumplimiento del proyecto político del gobierno. Se le dio a la Asambleaun nuevo rostro: ahora la presidirán tres mujeres. Simbólico hecho que más allá de pretender mostrar al proyecto político como “incluyente”, asegura el control omnímodo de esta función del Estado por parte de Carondelet.

Se produjo también la reestructuración ministerial, adaptada a la estrategia política en marcha: se le redujeron capacidades al Ministerio de Ambiente, por ejemplo, para que no se interponga en las concesiones mineras o en las nuevas exploraciones petroleras, o en el inminente inicio del famoso proyecto ITT en el área protegida de Yasuní.

Las fichas políticas se movieron para dejar vía libre al modelo extractivista, sometido al imperialismo chino y europeo. Al tiempo que forman nuevas instancias estatales para pensar el “cambio de la matriz productiva”, ratifican el camino primario exportador que la economía ha tenido hasta ahora, negociando la firma de un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea en condiciones oscuras y desventajosas para el Ecuador, como lo han hecho antes gobiernos neoliberales como el de Lucio Gutiérrez o el de Alfredo Palacio.

El marco jurídico institucional se calibra con la precisión de un reloj suiso, en eso trabaja la tecnocracia verdelimón. En el camino están leyes como el Código Integral Penal, por ejemplo, que articulado con otros cuerpos legales como la Ley de Comunicación, cerrarán el círculo de la criminalización de la lucha social, así como de la limitación de las libertades democráticas y en particular de la libertad de expresión.

Todo está fríamente calculado, según lo dan a entender los ideólogos de esta denominada “revolución ciudadana”, sin embargo, algunos aspectos salen de la capacidad de planificación que tienen: en primer lugar la crisis del capitalismo, que hasta ahora no ha golpeado de manera directa a las economías de América Latina, podría tarde o temprano llegar con cosas como el cierre de mercados o la caída de los precios de los productos exportables, y aunque se busque evitar esto con la estrategia comercial en marcha, seguramente las inconsistencias de esos procesos terminarán dejándolos fuera de la jugada y con un grave problema entre manos. Después de todo la lógica del sistema capitalista no permite que un país como el nuestro, atado a esos lasos de dependencia, se salve todo el tiempo de la crisis.

Por otro lado, lo que no consta en los planes del régimen es la capacidad organizativa de los pueblos y de la izquierda, que han caminado en un proyecto unitario desde hace algún tiempo y que más allá de tener peso en la Asamblea Nacional, tiene legitimidad en las bases, desde donde se recompondrá, sobre todo en cuanto nuevas demandas de sectores populares aparezcan, ya que teniendo todo el poder, el gobierno tendrá más cuentas que cumplir.

La defensa de los derechos humanos se principalizará en este período. Exigir justicia para perseguidos políticos como Mery Zamora se vuelve una tarea de primer orden para las organizaciones populares, que no abandonan el proyecto político realmente transformador que Correa traicionó hace tiempos.

Para el capitalismo la libertad es libertad de comercio, y no de una verdadera libertad.

Periódico Opción

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