Ecuador: El trole “Una pesadilla”

13 junio, 2013

Imagen-Ecuador: El trole “Una pesadilla”

Por: Cecilia Velasco

En el 95, hace ya casi 20 años, que es el límite de su vida útil, empezó a operar en Quito el trolebús, un sistema de transporte público que causó novedad y que deberá seguir funcionando por lo menos hasta que el sistema de metro arranque, si somos optimistas, en 2016, a menos que haya sorpresas en los estudios de factibilidad. Al trolebús se han sumado otros sistemas como el metrobús y la ecovía, que circulan por vías alternas, pero el trole es el que más pasajeros transporta diariamente de un extremo al otro de la ciudad.

No hay duda del deterioro del servicio. Las lúgubres y miedosas estaciones en las que yacen desvencijadas cajas de cartón donde se arrojan los papelitos –tickets de pago- pueden estar atestadas o vacías, pero nadie se librará del monstruoso torniquete por el que se debe salir. Todo se ve mayor a 20 años, como las rampas de acceso a los vagones, el óxido, las roturas, y seguramente los desaprensivos usuarios habrán hecho lo suyo con marcador en mano y suciedad. Por la noche, en muchas estaciones no hay ni un guardia metropolitano que brinde a los ciudadanos una sensación de seguridad o protección. Se tiene la sensación de estar viviendo en la Quito del siglo XIX, con calles abandonadas y en penumbra, pero con mucha más gente, pues los horarios de trabajo y estudio se han extendido considerablemente.

El número de articulados que sirve a la ciudad es de 113, con una edad de entre 15 y 17 años, en los que se transportan diariamente 250 000 personas. En febrero de este año, informaron trabajadores de la Empresa Pública Metropolitana de Transportes de Pasajeros de Quito (Trolebus, Ecovía y corredores), que había problemas porque se habrían reducido presupuestos para el mantenimiento del sistema trolebús, que 33 unidades no están en funcionamiento ni han sido reparadas y que varias deben funcionar a diésel, lo que no era la idea.

El tomar el trolebús en una hora pico es una experiencia que genera ansiedad y claustrofobia, pues va tan lleno que el acceso de nuevos usuarios entraña un peligro. Las puertas se cierran aprisionando cuerpos y golpeando. Se entra a empellones porque hay la urgencia de llegar a casa, el trabajo o los estudios. Muchas mujeres refieren haber sido acosadas y manoseadas. Niños, embarazadas, ancianos y discapacitados son objeto de maltrato y se producen casos de asfixia y desmayos. En las guías turísticas para extranjeros se advierte sobre asaltos y hurtos. De hecho, hace 10 años se reportaban más de 600 detenidos en buses y estaciones, del mismo modo que se sabía de usuarios que tenían que bajarse a menudo, porque los motores se habían recalentado.

Se puede entender que lo primero que un humillado y ofendido ciudadano haga apenas tenga el chance sea comprar un carrito, porque transportarse así diariamente vulnera la dignidad. ¿No se tendrían que hacer urgentes esfuerzos para mejorar el servicio de transporte de pasajeros de Quito? Para justificar la necesidad del metro, no se puede trasladar millones de quiteños cada día, en particular a las mayorías de peatones que no disponen del lujo de un auto privado.

Fuente: lalineadefuego.info

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