El lado crudo, el lado triste de la emigracion

1 julio, 2013

Por: Arturo Prado Lima

La emigración tiene de bello la posibilidad de ir más allá de uno mismo, traspasar las fronteras micro cósmicas regionales y nacionales y arribar a otros mundos, otras formas de interpretar, de ver, de sentir, de escuchar. Tiene de bueno enfrentar otras preguntas y otras respuestas y experimentar otras maneras de soñar.

La emigración nos aporta un hecho fundamental a quienes hacemos de la vida un poema o un relato: una nostalgia aguda y profunda que, con el paso del tiempo se vuelve creadora, iniciática, y se hace acompañar de un silencio sonoro que no deja de encresparnos la piel cuando la abordamos plenamente.

La emigración nos cambia la mirada, la sensibilidad, el concepto sobre las cosas y los hechos, nos disciplina, nos trastoca los límites. La distancia nos permite otras lecturas de los fenómenos, las cosas y las gentes de dónde venimos, y por sobre todo el grado de arraigo desarraigo sobre uno mismo.

El lado triste de la emigración es recibir las noticias de que las partes que uno deja allá, del otro del mar, se están muriendo poco a poco. Recibir la noticia de la muerte del padre o la madre y  seguir el insuceso por una línea telefónica tiene la rara sensación de estar esterando parte de uno mismo.

Con el tiempo, uno se va enterando que, a veces con años de distancia,  los amigos, tíos, gente con quien uno cuenta todavía, se han marchado para siempre, se los ha tragado el tiempo, la enfermedad o la violencia.

A Rafael, por ejemplo, un cuñado simpático y cordial, lo mataron los paramilitares, a otro lo atropelló un camión y otros tantos fueron fulminados por el cáncer inclemente. Se van y se llevan parte de nuestra memoria.

Las nuevas generaciones van borrando huellas. La inmediatez de la vida no da tiempo para construir cotidianidades que antes fueron fuente de recuerdos y nostalgias. Nuestras huellas son irreconocibles. Sobre nuestros nombres crecen otras ilusiones: nacen y envejecen independientemente de las añoranzas.

Este es lado crudo, el otro lado de la moneda que, sólo si se la toma con paciencia y espíritu creador, da sus frutos. Uno de los sectores más vulnerables a este fenómeno es el de los artistas, y el arte, el poema, el relato, son, casi siempre, los beneficiarios de estos cambios de sensibilidad que de alguna manera terminan influyendo en sus producciones.

La emigración puede ser un nacimiento o una muerte. Depende de quien la viva, de quien la disfrute o la sufra. De todas maneras, es allá donde está el origen, y el volver al origen es la esperanza de todo ser vivo que puebla nuestra tierra.

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