Trata de seres humanos en la Peninsula Arabiga: una llamada de los inmigrantes etiopes al mundo

7 agosto, 2013

Imagen-Trata de seres humanos en la Peninsula Arabiga: una llamada de los inmigrantes etiopes al mundo

Ésta es sólo una pincelada de la historia de trata de seres humanos y de blanqueo de dinero en el África del este y en la Península Arábiga.

Como periodista y como persona que ha sufrido, ha sido testigo y ha seguido el rastro de este tráfico ilegal de seres humanos, creo que es importante recordar continuamente a la prensa mundial y a la comunidad internacional, así como a todos los demás actores y grupos implicados –y hacerles comprender–, el sufrimiento de cientos de miles de migrantes de países como Etiopía, Eritrea, Somalia, Yibuti y otros, sujetos a torturas a manos de las redes ilegales de trata de seres humanos y blanqueo de dinero que operan entre continentes.

Esta alarmantemente catastrófica experiencia de, en su mayoría, migrantes etíopes ilegales empieza justo en las ciudades y aldeas rurales de Etiopía y se extiende por toda la Península Arábiga y más allá de ésta, contribuyendo a acrecentar la crisis migratoria, además de los inmensos problemas humanos en los países implicados.

Según los cientos de personas con las que viajé y cuyas historias compartí, los migrantes etíopes inician este peligroso viaje mayoritariamente debido a problemas económicos en sus lugares de origen y a ambiciosas oportunidades laborales en Yemen y en Arabia Saudí, pregonadas a menudo por los propios traficantes que pueden encontrar a lo largo de toda la ruta. Empezando por los países de origen, los traficantes y quienes trabajan con ellos animan a los migrantes asegurándoles que, en cuanto lleguen a Yemen y a Arabia Saudí, dejarán atrás sus penurias económicas. Inventan historias de migrantes que han hecho fortuna en el acaudalado Reino saudí. Es normal que este tipo de historias alienten a una ya ansiosa y barata mano de obra a emprender un peligroso y agotador viaje rumbo a países que apenas conocen.

Y en el centro de este costoso viaje están los traficantes que ganan millones de dólares cada año. Escuché del subordinado de unos de los traficantes con quienes estuve en Yibuti y en Yemen que podían ganar más o menos un millón y medio de birr etíopes en solo un mes (unos 60.000 euros). Y por todo Yemen y Yibuti, según me dijeron, había más de cien traficantes.

Lo que éstos hacen con los migrantes es lo siguiente.

Primero les agrupan en grupos de cincuenta o cien, a menudo según su origen étnico. Se aseguran así de recaudar la ‘Hawala’, la suma que deben pagar por el viaje, supuestamente para cubrir los gastos hasta Arabia Saudí. Después empiezan a trasladarles en secreto desde lugares ocultos a lo largo de todo el recorrido que va desde Etiopía, especialmente desde la ciudad de Dire Dawa, hasta la frontera entre Yemen y Arabia Saudí. En Yibuti a estos lugares les llaman ‘Transoé’ y en Yemen, ‘Rukkab’. Hay cientos de lugares así en Yibuti, especialmente en la parte de la capital conocida como Arhibah Tadjourra, y en Hayyu, otra ciudad cerca de la costa y a menudo la última gran localidad por la que uno pasa antes de cruzar el estrecho de Bab al Mandab (la Puerta de las Lágrimas) hacia Yemen.

El rostro inhumano del tráfico

La transacción abierta de migrantes, su venta y reventa y el sufrimiento que empieza ya en Etiopía se prolonga en Yibuti y en Arabia Saudí. Esta transacción con migrantes etíopes se asemeja más al antiguo comercio de esclavos que a la esclavitud moderna. Justo a su llegada, los migrantes deben pagar la ‘Hawala’ a sus tratantes: asciende a unos 3.500 riyales saudíes (700 euros).

A los migrantes se les obliga a depositar la ‘Hawala’ en cuentas bancarias secretas en uno o más de estos países. Ahí es cuando empiezan los golpes, para obligar a sus familiares y amigos a pagar el importe. Amenazan a los migrantes con la tortura y la muerte si no pagan. Y la tortura física y psicológica sigue mientras las víctimas continúan con vida, o hasta que consiguen escapar o cuando finalmente pagan.

Yo soy uno de los muchos que fueron golpeados con dureza. Sufrí terribles torturas. Sobreviví 17 días con sus 17 noches de abusos físicos y psicológicos antes de conseguir escapar. Tanto yo mismo como otras de las personas que viajaban conmigo recibimos fuertes golpes en la cabeza, los hombros, la espalda, las piernas y la cara, con piedras, palos, correas y a veces incluso barras de hierro y todo lo que pudieran encontrar y que pudiera hacernos daño. Nos arrojaban contra verjas, nos dejaban inconscientes, nos propinaban fuertes golpes en la cara y el cuello como intentaran matarnos a palos. Varias mujeres y chicos jóvenes sufrieron abusos sexuales, y además les obligaban a cocinar y a lavar. También abusaban de nosotros verbalmente, nos insultaban y a algunos les acusaban de ser cristianos.

A mí me colgaron del techo por los pulgares y me arrastraron así atado por el suelo tres veces. Casi nos matan. Muchos días nos privaban de agua obligándonos a permanecer bajo el sol sin sombra ni refugio alguno. Recuerdo que tuve que sobrevivir bebiéndome mi propia orina durante tres días; aquellos que eran sorprendidos bebiendo eran objeto de severos castigos. Vi cómo le sacaban un ojo a un hombre de mi grupo. Otro etíope fue alcanzado por una bala en la cadera cuando intentaba escapar. A otro muchacho le atravesaron la pierna con un clavo y le dejaron desangrándose durante varios días, hasta que la herida se le infectó y se la rociaron con gasolina a modo de ‘cura’.

La tortura siguió durante días en varios grados y mediante varias técnicas. Nos obligaban a hacer ejercicios físicamente insoportables dañinos para los riñones y la columna. Y no había forma de escapar. Nos vigilaban muchos hombres armados con kalashnikovs. Nos amenazaban con matarnos si alguno intentaba escapar. La tortura seguía hasta pagar la ‘Hawala’, cosa que pocos pudimos hacer. Y a veces seguían torturando a quienes pagaban parte. Y a los que la pagaban en su totalidad, se les engañaba y tampoco les ayudaban a cruzar a Arabia Saudí. Familiares de migrantes que estaban ya al otro lado me contaron que muchos se perdían en algún lugar de la frontera y nunca llegaban a cruzar. Otros eran obligados a pagar múltiples ‘Hawalas’.

Las historias de los migrantes etíopes rumbo a Arabia Saudí son infinitas. Ser testigo de este sufrimiento es doloroso. Y lo más triste es que no se vislumbra ningún signo de que las cosas vayan a cambiar en un futuro cercano. Gracias a Dios, tengo la suerte de ser uno de los supervivientes.

Apelo a los gobiernos de Etiopía, de Yibuti, de Somalia, de Yemen y de Arabia Saudí, así como a la Organización de las Naciones Unidas, a los medios de comunicación mundiales, a la comunidad internacional y especialmente a las organizaciones humanitarias y otras que trabajan estrechamente con estos migrantes, como Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja o la Organización Internacional de las Migraciones que se esfuercen por comprender y aliviar esta catástrofe humana y la crisis de la migración. De no abordarse a medio plazo, podría desestabilizar no sólo el tejido social y económico de estos países sino también su seguridad política.

Fuente: guinguinbali.com

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