Mexico: Frontera blindada agrava cruce migrante

12 agosto, 2013

Imagen-Mexico: Frontera  blindada agrava cruce migrante 

El incremento en la seguridad y la vigilancia de la frontera orilló a que migrantes mexicanos y centroamericanos paguen más dinero a traficantes para que los crucen de manera indocumentada por el río Bravo; ahora cobran hasta 2 mil 500 dólares por niño y 4 mil por adulto.

Quienes no pagan el derecho de cruce por esta frontera y osan atravesarla solos son amenazados, golpeados, privados de su libertad y hasta asesinados.

Nereo Rosas, un poblano de 17 años, es ejemplo de ello. Cuando llegó a la Casa del Migrante estaba decidido a cruzar el río Bravo, por lo que junto con un hondureño bajó por una brecha y caminó entre la maleza buscando la mejor ruta.

Decidieron no pagarle a pateros y atravesar solos el río. Cuando estaban por llegar a una zona de cruce, un grupo de hombres armados los interceptó y les quitó sus pertenencias, documentos y dinero.

“Eran como las nueve de la mañana cuando decidimos cruzar el río por el puente del tren. Está muy ancho por allí. De pronto nos salieron unos hombres, porque ya nos habían reportado desde el centro de la ciudad”, explica aún temeroso al recordar.

Les dieron el paso, pero más adelante salieron otros hombres armados, por lo que corrieron. Fueron perseguidos por unos perros que les echaron los sujetos, pero escaparon hasta llegar a un lugar que eligieron para cruzar.

Ante el temor de ser alcanzados, decidieron cruzar, a pesar de ser la parte más ancha, más profunda y más peligrosa del río, pero no lo sabían, por lo que al escuchar los ladridos de los perros de cacería, no lo pensaron y se lanzaron al torrente, que este año ya cobró 16 vidas, nueve más que el año pasado en el mismo tiempo, de acuerdo a datos del Departamento de Bomberos.

El primero en aventarse al agua fue el hondureño, y le siguió Nereo. A los pocos metros ambos se hundieron y comenzaron a tragar agua.

“Me hundí hasta abajo y no toqué tierra (…) pensé que me iba a ahogar, pero salí y logré agarrar un carrizo, mi amigo nadó un rato, pero a la mitad del río de pronto vi que se hundió y ya no le vi las manos… ya no le vi la cara, ni los pies, ni la cabeza… ya no gritó porque la corriente estaba muy fuerte”, explica a pausas, debido a que un nudo en su garganta le impide por momentos hilar las palabras.

Recuerda que tragó mucha agua, la que estaba muy fría, y que las piernas comenzaron a entumírsele y a perder el sentido. Pero se aferró al carrizo que nunca soltó, y así llegó a la orilla opuesta del río, lejos de los delincuentes, pero aún con el ladrido de los perros que lo miraban amenazantes desde el lado mexicano.

Migración obligada

Nereo es uno más de los 900 niños y niñas que de enero a la fecha salieron solos de sus comunidades en México para cruzar la frontera, obligados por la extrema pobreza en que viven sus familias, y para buscar a sus padres que desde hace años viven en algún lugar de Estados Unidos, hacia donde se dirigen.

De acuerdo con el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de esta frontera, la cantidad de menores de 18 años que viajan solos aumentó durante el primer tercio del año, al tener un registro de 109 más que el año pasado y 151 más que en 2011. Aunque aún no se tienen los datos, se estima que para el segundo tercio, la cantidad será similar.

Héctor Valdez Valdivia, procurador para la Defensa del Menor y la Familia, del organismo municipal, comenta con preocupación que pese a los programas que existen para la protección de los infantes en México, la cifra de jóvenes que viajan solos a la frontera aumenta cada año.

“Es un fenómeno multifactorial que tiene que ver con la pobreza en sus familias. Saben bien de los riesgos a los que se enfrentarán, pero aun así deciden viajar para buscar a sus familiares en Estados Unidos, incluso, a costa de sus propias vidas”.

Se trata de niños y niñas de entre 12 y 17 años de edad, de los que 95% son hombres y 5% restante mujeres; 90% del total son mayores de 14 años.

No tienen una razón de vida en sus comunidades y por eso viajan solos para buscar a sus familiares que ya se establecieron en Estados Unidos, por lo general son sus padres a quienes buscan y que en ocasiones no conocen.

Principalmente, son de Querétaro, Puebla, Guanajuato, San Luis Potosí, Veracruz, Oaxaca y Chiapas, muy pocos son del norte del país, y en su mayoría son niños migrantes por primera o segunda ocasión que viajan solos, de acuerdo a las pláticas que sostienen con las trabajadoras sociales del organismo municipal.

“Todos los días nos llegan menores de edad al albergue temporal. Dicen que buscan a sus padres en Estados Unidos, y que viven en México con sus abuelos o algunos familiares, pero siempre viajan solos”, explica el funcionario.

 Tráfico de infantes

Pero a la frontera no llegan sólo niños de esas edades, también lo hacen lactantes de meses de edad y niños de cinco años y menos, los que son cruzados por los puentes internacionales con documentos falsos por familiares de sus padres, o por polleros que cobran hasta 2 mil 500 dólares por cada uno.

Diana Verónica Valladar Mata, coordinadora del Centro de Atención a Menores Fronterizos (Camef), también del sistema DIF, comenta que en este año siete menores de cinco años intentaban ser cruzados de manera ilegal; dos niños de un año, dos de dos años, uno de un año de edad y dos más de cuatro años.

“Nos han llegado niños de hasta 20 días de nacidos y de dos meses, cuyos padres mandaron por ellos con algún familiar con documentos falsos, pero otros fueron cruzados por pateros y la intención es de que los conozcan sus padres que ya viven en Estados Unidos”.

La mayoría de los niños fueron deportados por denuncia de personas, ya que tenían tiempo de vivir con sus padres de manera indocumentada.

Dice que algunos niños, los más grandes, tienen afectaciones psicológicas, tratadas por expertos del DIF, mientras se contacta a sus familiares en México, ya que han sido separados de sus parientes o han sido testigos de la muerte de alguna persona en el río Bravo o en el desierto.

“Cuando los deportan, algunos de ellos vienen muy lastimados psicológicamente, porque vieron morir a la persona que los llevaba. Pero también nos llegan lastimados de sus pies, por tanto caminar, lesionados, golpeados y enfermos”, señala la funcionaria.

Explica que muchos de los niños que migran a la frontera, son campesinos que ayudan a sus abuelos en las labores del campo en comunidades rurales alejadas de los centros urbanos y son los adultos mayores, ya enfermos, quienes los motivan a que busquen a sus padres en Estados Unidos, por lo que contactan a personas para que los crucen.

La mayoría de los pequeños son cruzados al vecino país con una paga a traficantes de humanos, que va de los mil 200 a mil 500 dólares, dinero que sale de la venta de tierras y de animales, o de préstamos con usureros.

Sin embargo, todo eso lo pierden, incluso, la ilusión de que los niños lleguen con sus padres, porque son detectados y deportados a México por esta ciudad, aunque los menores más grandes, un 30% aproximado, intenta cruzar de nueva cuenta con los polleros.

En 2011 el Instituto Nacional de Migración (INM) reportó la repatriación de 15 mil 524 niños y niñas menores de 17 años, de ese total 904 eran recién nacidos y de hasta 11 años de edad; muchos fueron cruzados por pateros o personas sin lazos familiares, cantidad que fue rebasada el año pasado.

En 2012, fueron 13 mil 589 menores repatriados y el mismo organismo reporta que en el primer trimestre del año cruzaron el río Bravo por Tamaulipas 225 menores, de los que 180 fueron hombres y el resto mujeres; de ellos, llegaron solos a la frontera más de la mitad.

Una frontera peligrosa

México cuenta con alrededor de 26 puntos por donde Estados Unidos deporta a los mexicanos indocumentados, pero debido a los elevados índices de inseguridad, como ocurre en Nuevo Laredo y otros municipios del norte de Tamaulipas, algunos centros dejaron de operar, como los de Miguel Alemán y de Camargo, que sólo funcionan en casos de emergencia, por lo que los repatriados son presa fácil de los delincuentes.

En Baja California no existen repatriaciones por la Mesa de Otay, y en Chihuahua, Puerto Palomas, Zaragoza y Porfirio Parra, al igual que en Tamaulipas, únicamente funcionan cuando las deportaciones son extraordinarias.

Sásabe y Sonoyta, en el estado de Sonora, operan ocasionalmente, mientras que en Nogales los tres lugares que existían ya no operan.

El sacerdote católico Jesús Manuel Reyes García, director de la Casa del Migrante Nazareth, en Nuevo Laredo, comenta que a diferencia de otros años, son más los centroamericanos que solicitan apoyo, que los mexicanos deportados, y advierte que debido a la inseguridad son más vulnerables.

Considera que en varios puntos de esta ciudad, sobre todo en las centrales de autobuses foráneos, a los migrantes que son detectados por los delincuentes, se les obliga a pagar 100 dólares como cuota, “y es una vergüenza que lo hagan porque las autoridades no hacen nada. Falta voluntad y una conciencia social para eliminar todo esto”, expresa.

No obstante, sólo 20% de los centroamericanos que llegan a la Casa del Migrante se quejan de que fueron víctimas de robo, asalto, aunque después surgen versiones de que fueron extorsionados y hasta secuestrados.

Estas historias son muy frecuentes

Para el sacerdote, quien señala que son tan cínicos los delincuentes que hasta los llevan al albergue luego de haberles cobrado de mil hasta tres mil dólares por dejarlos en libertad.

Menciona que en ocasiones los coyotes que le quitan el dinero a los migrantes extranjeros, los entregan al INM y se van, “pero aquí hay todo tipo de historias”, refiere el sacerdote.

Durante enero de este año, 41 migrantes se quejaron de ser víctimas de la violencia en todos sus géneros, pero hasta el mes de abril la cuenta se elevó a 160 quejas del mismo tipo, la mayoría por robo, asalto y extorsión, y una cantidad menor por secuestro.

Pese a ello, las quejas son menos que las registradas el año pasado, cuando se elevaron a 190 de enero a abril.

“La frontera es peligrosa, pero México es un país de migración, y el asunto es que en Estados Unidos se respete a los migrantes, y en México se generen más oportunidades para prevenir la migración”, señala el sacerdote.

Fuente: eluniversal.com.mx

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