El paro agrario colombiano ya se inscribe en las grandes gestas por la libertad de la humanidad

2 septiembre, 2013

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Por: Arturo Prado Lima

El movimiento agrario en Colombia se inscribe ya en las grandes movilizaciones de América Latina por la liberación humana.

Ni más ni menos. Es un grito de guerra contra la guerra. Es un grito de paz por la dignidad campesina y ciudadana. El cerco de alambres de púa que han mantenido los terratenientes sobre sus haciendas y la conciencia misma de los campesinos se retuerce. Dentro de esos lugares de concentración ya no quieren vivir nuestros campesinos, pues allí lo único permitido es sobrevivir. Incluso esa supervivencia está determinada por la energía que el peón pueda aportar para engrosar el capital de su dueño.

Los diferentes movimientos que se han dado en toda la historia de América Latina no han hecho su efecto hasta que no se entendió lo anterior. Hoy se sabe que estas democracias esclavistas modernas,  ante movimientos terremoto como el que está sucediendo en Colombia, lo que han hecho siempre es redistribuir la violencia, disfrazarla cuando menos, para reforzar su control sobre la tierra y la vida de quines la trabajan.

Una vez despojados y despojadas de su dignidad, les imponen los tratados internacionales para que consuman lo que ellos pueden producir y proporcionarse así mismo. Además de esclavos, tienen el ineludible papel de consumidores.

Los recursos violentos en esta época son numerosos y eso los hace envalentonares y amenazan  a troyas y troyanos. Estos sacerdotes de la brutalidad quieren medir, como siempre lo han hecho, el pulso de los acontecimientos y la lucha por los litros de sangre derramada en el campo colombiano. Han enviado a sus esbirros a combatir con todas sus fuerzas a los desarmados campesinos y trabajadores del campo.  Robert Elio Delgado, un campesino y viejo amigo de San Lorenzo, en el norte de Nariño, está a punto de perder un ojo por acción directa de estos grupos violentos uniformados al servicio del amo. Es un mínimo ejemplo. (Ver redes sociales donde se puede ver la acción de Esmad, policía antimotines).

Las redes sociales están inundadas de vídeos de cómo se utiliza el recurso violencia contra los campesinos. Esos vídeos dan la vuelta al mundo y ya se organizan protestas de solidaridad en toda Europa. También en América Latina, en  los hermanos pueblos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, cuyas poblaciones también han sufrido el flagelo de la violencia estatal para despojarlos de sus tierras.

Pero los campesinos colombianos resisten. Esa resistencia ha obligado al presidente Santos a Militarizar Bogotá  y las principales ciudades del país para impedir la solidaridad ciudadana con sus campesinos. Pero la solidaridad no entiende alambres de púas, de fusiles, de pasamontañas, de contratistas y asesores privados en el tema de utilización de los recursos violentos. Se salta todo aquello, se despoja del miedo, de la indignidad, de la costra de la resignación y se lanza a reclamar sus derechos, tan solo sus derechos como seres humanos.

El peligro de todo esto es que el señor Álvaro Uribe Vélez termine la labor que dejó iniciado el sanguinario Carlos Castaño Gil, quien soñaba con unas guerrillas de derecha para imponer una dictadura democrática y protegerse de esta manera de un eventual despertar democrático del pueblo colombiano. El ex jefe paramilitar dice que el señor Uribe tiene todos los elementos para llevar adelante esta tarea: es un político sagaz, tiene dinero y es un bandido.

Y ha salido, el señor Uribe, disque a apoyar a los campesinos. Pero si el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que es la causa de los altos precios de fertilizantes y abonos, el alto consto de la gasolina y sus consecuencias,  la importación masiva de alimentos y la nula ayuda para la competitividad del agro colombiano es lo que dejó en la ruina a los campesinos colombianos, y ese Tratado lo negocio él. ¿Está preparando el terreno para bloquear el proceso de paz que se discute en La Habana para lanzarse a la yugular del pueblo colombiano disfrazado de oveja?

Los que estamos fuera en Colombia miramos con preocupación todo esto, pero las reacciones que provoca el paro agrario colombiano en distintas regiones del mundo nos devuelve la confianza en un pueblo que sabe dónde está su futuro y que este es un acto de soberanía nacional que no se ha visto en las últimas décadas. Ya no aguantaban más. Todos los países del área trabajan con reformas agrarias acordes a las necesidades del campo y el país y muchos de ellos rechazaron categóricamente el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos porque representa hambre y represión para los campesinos.

Una de las grandes luchas que llevan a cabo pueblos enteros en América Latina y África, es la de lograr a mediano y largo plazo la soberanía alimentaria, la soberanía energética, la soberanía política, la soberanía económica que es, en últimas, lo que genera conciencia social y los recursos necesarios para construir paz y dignidad. Pero en Colombia estos gobiernos han vendido y siguen vendiendo hasta el nido de la perra. Venden los recursos mineros, agrarios, naturales, energéticos, humanos; venden la seguridad nacional, la soberanía, la identidad, el orgullo. Venden lo que no tienen. Lo que no les pertenece, y para ello se proyecta ya programas de control de movimientos de masas apara utilizarlas de acuerdo al vaivén de sus intereses.

Eesperemos que el campesinado colombiano tenga conciencia plena que su movimiento se inscribe ya en las grandes gestas de emancipación humana y que no están solos. millones y millones de campesinos en el mundo siguen paso a paso los acontecimientos, el valor de un pueblo que desenmascara a a los gobernantes con sus fuerzas de opresión que más tarde que nunca perderán la batalla frente a un pueblo que se siente resuelto a conquistar su dignidad, cueste lo que cueste.

A mi amigo Robert Elio, lo invito a la esperanza. Los criminales no podrán apagar la luz de sus ojos, ni la del pueblo que brillará con luz propia más temprano que nunca.

@arturopradolima

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