Chuquiuitu -Titikaka – Tiwanaku, El misterio develado

11 septiembre, 2013

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CHUQUIUITU -TITIKAKA- TIWANAKU,

EL MISTERIO DEVELADO

Teogonía, Cosmogonía y Simbólica del espacio

 

Por: ALFREDO LOZANO CASTRO

www.georut.org E-mail: alozan54@yahoo.es

INTRODUCCION

La isla de Titikaka en la gran laguna de Chuquiuitu, que posteriormente adoptará este nombre y el asiento de “Tiahuanaco”, que se constituyó desde épocas primigenias en el centro de irradiación cultural del altiplano andino, representan el punto de partida del proceso civilizatorio de los pueblos y naciones originarias de esta parte del continente americano (Abya Yala). Sin embargo, un bre­ve a­ná­li­sis de los testimonios y re­la­tos sobre esta materia que fueron tras­mi­ti­dos por informantes indígenas y están recogidos en las cró­ni­cas tempranas (siglo XVI), que dan noticias de las creencias o tradiciones sobre el “origen de todo lo creado”, re­ve­lan da­tos con­fu­sos, que al ser in­ter­pe­la­dos con su­per­fi­cia­li­dad por los mis­mos cro­nis­tas es­pa­ño­les, fue­ron ana­te­mi­za­dos y atri­bui­dos co­mo co­sas del de­mo­nio que fue la preocupación dominante de los evangelizadores; tanto inquietaba su espíritu el ángel de las tinieblas que creían ver su intervención en todas partes: en todo se mezclaba y todo lo descomponía[1].

Efectivamente, en dichas crónicas, podemos advertir que el sentido de las informaciones recogidas fueron tergiversadas y des­vir­tua­das  de sus con­te­ni­dos esen­cia­les, para adaptarlas a las creencias bíblicas que ejercían una dominación casi absoluta en la cultura de la época, dicha tergiversación plagada de un cú­mu­lo de in­co­he­ren­cias y con­tra­dic­cio­nes, no fue accidental, sino tenía por objeto reducir y adaptar la inesperada existencia de los grupos humanos encontrados en el “nuevo mundo”, a un canon antropológico compatible con el monogenismo predicado por la religión católica apostólica y romana proclamada como la única y verdadera, cuidando que no desdibuje el orden cronológico del desarrollo de la humanidad, propuesto por la tradición judeo – cristiana[2]. Además, si tenemos en consideración que toda noticia de las “Indias occidentales”, debía pasar por el visado de la inquisición y la corona, y la mayoría de los primeros cronistas eran religiosos que venían al nuevo mundo a evangelizar a los indígenas, se comprende la adaptación que tuvieron que hacer de las tradiciones y conocimientos que eran indagados con extremo celo apostólico; a pe­sar de ello, que­dan en dichas crónicas, frag­men­tos de los que se pue­den ex­traer da­tos de máxi­ma fi­de­li­dad con las tra­di­cio­nes autóctonas, y que enfocados de forma integral con otras manifestaciones de las ciencias y conocimientos que nos han legado las culturas originarias, no sólo, re­ve­lan un singular sus­tra­to co­mún de in­du­da­ble rai­gam­bre nativa, sino que permiten ensayar su reconstitución de la forma más fiable posible al pensamiento ancestral que lo concibió.

En este orden de cosas, el ger­men ini­cial del lar­go ca­mi­no cul­tu­ral de la ges­ta an­di­na, en el cual su­pe­ro gran­des di­fi­cul­ta­des, que per­mi­tie­ron adap­tar­se al en­tor­no ge­o­grá­fi­co, se re­mon­ta a tiem­pos in­me­mo­ria­les, que han si­do per­pe­tua­dos en los re­la­tos mi­to­ló­gi­cos (Creaciones del mundo y la humanidad; protagonismo de entidades o figuras celestes: Illa Titi Viracocha, trasmutados en dioses creadores Viraco­cha Pa­cha­ya­cha­chi, Pa­cha­ca­mac, Tu­nu­pa, etc.; ci­clos míticos de la hu­ma­ni­dad: Her­ma­nos Ayar; y le­gen­da­rios héro­es ci­vi­li­za­do­res: Man­co Ca­pac, Pa­cha­cu­tic, etc.), et­no­his­tó­ri­cos (Eda­des del Mun­do y Ge­ne­ra­cio­nes su­ce­si­vas de la Hu­ma­ni­dad. Gua­mán Po­ma de Aya­la), et­no­ló­gi­cos (tra­di­ción oral so­bre el ori­gen de la hu­ma­ni­dad, vi­gen­te en las co­mu­ni­da­des in­dí­ge­nas, es­pe­cial­men­te de la Ama­zo­nía), ade­más de los da­tos y cóm­pu­tos as­tro­nó­mi­cos, re­co­gi­dos por va­rios cro­nis­tas (F. de Mon­te­si­nos; B.Va­le­ra; P.Sar­mien­to de Gam­boa, Gua­mán Po­ma, etc.); fuentes, que sea dicho de paso, son calificadas de dudosa veracidad y no son tomadas en cuenta por los modernos cientistas sociales (historiadores, arqueológos, antropólogos…), debido a que contradicen las versiones provenientes de la historiografía oficial y corrientes difusionistas occidentales que han dominado el ambiente “científico americanista” de forma vigorosa y victoriosa, a partir del último tercio del siglo XIX.

El nacimiento de la “ciencia americanista”, a la luz del cientificismo occidental, trae consigo diversas teorías en otros tantos campos: geográfico, geológico,filológico, filosófico – religioso, antropológico, mitográfico e histórico- arqueológico, emanadas por los que se han convertido en reconocidos y prestigiosos representantes del saber científico americano (algunos a partir de estancias muy cortas en suelo americano), con lo cual pretenden explicar no sólo el origen del hombre americano, sino el carácter de su proceso civilizatorio. Fruto de este saber son los enfoques: evolucionista[3] de marcado acento monogenista, o el difusionismo cultural[4], utilizados actualmente por la mayoría de arqueólogos, que en nombre de una supuesta cientificidad aceptan como infalibles las pruebas de carbono 14[5], aunque no tienen nada de científico las especulaciones que se formulan en torno a la conformación espacial de los procesos culturales, a partir de definir las caracteristicas de los objetos cerámicos, analizados solo desde las técnicas de fabricación y no de la simbología que representan, mismas que evidencian afinidad de motivos simbólicos independientemente del lugar y tiempo donde han sido descubiertas.

Por otra parte, la universalización de los conceptos del desarrollo socio espacial y estadios evolutivos (conceptos de urbe / ciudad, desarrollo urbano, etc), de matriz europea en la cual se considera al aparecimiento de la ciudad o mercado, como un momento culminante del desarrollo cultural, marcan notablemente la interpretación de las características de los centros poblados (períodos arcaico, aldeano, urbano, imperial, etc), aunque la organización territorial andina y planificación de centros poblados obedecen a otros presupuestos, donde el propio concepto de ciudad interpretado desde una sola óptica cultural, necesita ser precisado para desmontar su pretendida universalidad.

En la interpretación del desarrollo socio espacial, también subyace una concepción lineal del espacio-tiempo, cuya aplicación, puede ser puesta en entredicho en contextos culturales que tienen una diferente concepción cultural como es el caso de la matriz civilizatoria andina. Sin duda, las teorías e interpretaciones de los connotados arqueólogos o historiadores de la cultura, chocan frontalmente con las nociones propiamente americanas expresadas en sus corpus mítico – simbólico, tradiciones sobre la destrucción del mundo y sucesión de varias humanidades, eras cósmicas, cataclismos debido al movimiento precesional de la tierra, alineaciones arqueo astronómicas con el ángulo intersolsticial, ordenación territorial y trazado de centros poblados, concepción simbólica del espacio, por citar las más relevantes. Precisamente, el origen desarrollo y decadencia de Tiwanaku, cuyas evidencias demuestran que fue un centro de conocimientos astronómicos, arquitectónicos, simbólico culturales, espirituales, etc.; amén de las singulares manifestaciones artísticas y técnicas expresadas en la escultura lítica, cerámica, textilería y metalurgía, que indudablemente evidencian una organización socio política avanzada, es decir de un alto grado civilizatorio, han sido motivo de un sin número de estudios desde distintos ámbitos y enfoques, que han dado lugar a otras tantas elucubraciones teóricas e interpretaciones de distinta guisa, aunque sorprendentemente pocas de ellas registran coincidencias dignas de destacar, y más bien persisten diversas interrogantes: ¿Cuál fue su origen y quienes la edificaron?; ¿Cuál fue el objeto de sus edificaciones?; ¿A qué responde su simbología?; ¿Cómo se convirtió en Estado o modelo civilizatorio?; ¿A qué debemos su expansión y porque su decadencia?, etc., que todavía esperan respuestas acordes a las formas de ver el mundo, teogonía, cosmogonía y cosmología de las naciones originarias.

Es curioso pensar como un centro de conocimientos que en su época de esplendor logro conjuntar cúmulos de sabiduría en los órdenes perceptivo y racional, en la actualidad, quizás debido a algún evento o cataclismo de la naturaleza difícil de precisar y de la infame acción destructiva humana, a partir de la imposición de una matriz civilizatoria (organización político-administrativa; productiva; socio-cultural; religiosa, espiritual y simbólica; cosmovisión, ciencias y tecnologías), ajena a las naciones originarias, este reducido a un conjunto de ruinas que, en poco o nada se parecen a lo que fueron, y estemos sumidos en un mar de incertitudes y confusión, que dificultan en gran medida la comprensión de su gran legado cultural.

En este difuso panorama, la antigüedad u origen del proceso civilizatorio andino, y en particular de Tiwanaku, ha constituido un problema de mucha controversia siendo todavía una asignatura pen­dien­te, por la prevalencia de una concepción falseada de las fuentes de origen que han permitido soslayar la significación teogónica, cosmogónica y cosmológica de los principios fundantes de las naciones originarias dando lugar a una historia regional que demuestra la triunfante imposición del pensamiento colonizador que a través de sus representantes en los ámbitos socio-políticos, educativos y culturales obstaculizan en gran medida el renacimiento cultural del continente.

Con estos precedentes, el trabajo que entregamos, a juicio del lector, tiene como objetivo salir del círculo de las afirmaciones dogmáticas[6], que de forma fragmentaria han determinado edades, culturas, grados civilizatorios, etc., en la región andina, e intentan presentar parcelariamente los conocimientos de las culturas originarias. Esta forma fragmentaria de divulgar los conocimientos ancestrales ha sentado bases erróneas al adjudicar a determinados períodos culturales la paternidad de ciertos “avances civilizatorios” (políticos, religiosos, organización espacial, significados iconográficos, etc.) que al ser tomados como paradigmas incontrastables por la mayoría de investigadores, estudiosos o diletantes, que siguen esta senda, no sólo han esclerotizado el real conocimiento de las ciencias y sabiduría de las culturas originarias que se manifiestan como un todo interrelacionado, sino que han complicado y convertido en un “enigma” el conocimiento de su gran legado cultural.

En contraposición, la infinidad de vestigios materiales, tanto edilicios como artísticos (cerámica, textiles, metalurgía, esculturas líticas, etc), que se encuentran desperdigados por todo el mundo (museos nacionales e internacionales), aparecen como mudos testigos de las culturas originarias, cuyas enseñanzas y secretos aún están cubiertos por el velo del misterio, y nos ponen frente a frente con el infinito del saber humano; precisamente haciendo frente a este desafío, nuestro esfuerzo esta orientado a una revisión crítica de las propias fuentes primarias y principales estudios realizados sobre esta temática, por supuesto recogiendo las valiosas aportaciones de investigaciones innovadoras que apartándose de la especialización cientificista e intelectualismo racionalista, han iluminado y ensanchado el camino del conocimiento, de modo, que permita la reconstrucción del problema sobre bases propias, para sacar a luz aspectos obscuros y olvidados sobre la génesis del proceso cultural andino[7], en búsqueda de una verdad totalizadora. En tal virtud se pro­po­ne un esquema conceptual, inspirado des­de la pro­pia ex­pe­rien­cia o cos­mo­vi­sión nativa, in­ten­tando con­ju­gar e in­te­grar los tes­ti­mo­nios con­cre­tos lo­ca­li­za­dos en el te­rri­to­rio an­di­no[8], averiguando cuáles son sus conexiones e interrogándonos porque la recurrencias a ciertos símbolos cuya continuidad se registra desde el origen del proceso civilizatorio andino en toda la región continental, independiente del lugar y cronología de su aparición, hasta llegar a la confederación del Tawantinsuyu.

Dado que no somos advenedizos en la materia, cabe un breve exordio sobre nuestra motivación o propósito de develar los enigmas que encierran las culturas originarias, que en nuestro caso, obedece a la búsqueda afanosa de sus conocimientos relativos a las ciencias del territorio y simbólica del espacio[9], que viene desde décadas atrás, cuando partiendo del estudio de las ciudades hispanoandinas del Ecuador (1984-1989)[10], descubrimos el trazado mítico simbólico en las ciudades andinas de Quito[11], Tumipampa (Cuenca)[12], en Ecuador, luego continuamos con la investigación de la ciudad del Cusco[13], en Perú, que de acuerdo a diversas crónicas se presentaba como el modelo del trazado de las ciudades andinas, inspirado en la ciudad de Tiwanaku, que en el gobierno de los inkakuna, se adopto para su implementación en todas las cabeceras provinciales del Tawantinsuyu, comprobando en los casos de estudio, que dicho trazado recrea la cosmología andina e imagen de la principal constelación conocida y venerada desde muy antiguo en nuestra región.

A pesar que nuestro trabajo no ha sido difundido masivamente, por diversos motivos, entre los que destaca el poco interés por la investigación de las huellas culturales y transformaciones territoriales de las ciudades andinas milenarias, así como los conocimientos relativos a la concepción simbólica del espacio, mostrado por las universidades e instituciones públicas de nuestro país, avalado por los criterios de ciertos cientistas sociales (arqueólogos, antropólogos, e historiadores de la arquitectura y ciudad), quienes tras bastidores comentan que los conocimientos de la ciencia ancestral rayan en lo fantasioso y exotérico, por lo tanto, carecen de validez científica o aplicación práctica. Haciendo oídos sordos a dichos comentarios, durante estos años, hemos proseguido con nuestras investigaciones, ahora abordando el caso de las ciudades del altiplano (Chuquiapu, y Chuquisaca, conocidas como La Paz y Sucre, respectivamente; notese la raíz comun Chuqui, cuyo significado se explicará en el apartado correspondiente de este trabajo), y al ocuparnos de las implicaciones que tendría Tiwanaku, en su ordenamiento territorial, la sorpresa ha sido mayúscula al descubrir que la prístina ciudad, también tiene este trazado, y una vez reconstruido, incluso con el concurso de las fuentes provenientes de la mitología que nos sitúan en el origen de la civilización andina, han surgido numerosas incógnitas, que nos conducen frente a las ruinas y vestigios de la grandiosa ciudad, la famosa portada y estatuaria megalítica presentes en Tiwanaku.

Conscientes de nuestro compromiso y ubicados en la senda luminosa del camino ensanchado con enfoques innovadores para encontrar nuevos derroteros presentamos este trabajo que pretende tejer una urdimbre cuyas distintas ebras desarrollan aspectos sustantivos del surgimiento cultural andino, así, en el  Capítulo I, se describen el Entorno natural, localización y caracteristicas  físico geográficas, paisaje del lugar, y territorio de la cuenca de la laguna de Chuquiutu o Mama Qocha, hoy lago Titikaka, conocida así desde tiempos inmemoriales; en el Capítulo II. Origen del proceso cultural en la meseta del lago Titikaka, se procede con la rein­ter­pre­ta­ción de los re­la­tos mi­to­ló­gi­cos, et­no­his­tó­ri­cos, linguisticos, pasando revista a las evi­den­cias ar­queo­ló­gi­cas, y referencias astronómicas; en el Capitulo III. La organización territorial del altiplano andino, se analiza el proceso cultural de ocupación y organización territorial, a partir de la laguna e isla de Titikaka y el asiento de Tiwanaku, que devino en el Estado de Tiwanaku cuya irradiación cultural en la región andina, milenios después testificará la continuidad civilizatoria con la confederación del Tawantinsuyu. El Capítulo IV. Principios del ordenamiento territorial y concepción simbólica del espacio en Tiwanaku, refleja la implantación de un modelo generatriz para la ordenación territorial, sacralidad del espacio mítico, hierofanías y símbolos; así como, complejos arquitectónicos y trazado de centros poblados que serán reproducidos en otros lugares de la región; Capitulo V. Teogonía, Cosmogonía, y Cosmología andina, que trata de reconstruir los fundamentos del corpus mítico – simbólico y expresiones espaciales y artísticas; Capítulo VI. Ciencia Astronómica, y Sistema Númerico en Tiwanaku, hace referencia a los conocimientos de los ciclos precesionales, eras cósmicas, figuras celestes que conformaban un zodiaco particular, así como, alineaciones arqueoastronómicas con el ángulo intersolsticial, matemáticas y calendarios andinos; en el Capítulo VII. Significados del centro sagrado, arte, e iconografía de Tiwanaku, se procede con el análisis de la estatuaria megalítica, arte cerámico, ideografías del espacio y territorio sagrados, y sus significados; y por último en el Capítulo VIII, se pasa revista a las pervivencias culturales, festividades y ritualidad ligados a los conocimientos aquí citados.

Es posible que a partir de los hallazgos que se presentan, producto del conocimiento del sentido del lugar y simbólica del espacio que como se ha dicho empezó hace algunas décadas atrás despertando nuestra intuición y raciocinio para una nueva lectura del abundante material artístico, mítico simbólico, etnohistórico, arqueológico, linguistico, etnológico, etc., que han permitido develar el misterio que hasta ahora impedía un cabal conocimiento del legado de sabiduría presente en las expresiones espaciales e iconográficas de Tiwanaku, para algunos puede resultar carente de verdad científica porque no se ampara en doctrinas ya conocidas, que han surgido de ideas mal fundadas, sin embargo, es preciso destacar que nuestro quehacer, esfuerzo y motivación lejos del virtuosismo que se agota en los reconocimientos de la comunidad científica apunta en la búsqueda de la ciencia y los conocimientos propios (mentales, técnicos, y artísticos), latentes en las culturas andinas, de manera que nos proporcionen los fundamentos para proponer nuevos parametros para el ordenamiento territorial, alejados de la visión colonialista e inspirados en el respeto a la naturaleza privilegiando el uso lúdico y ritual simbólico del espacio, que contribuyan al renacimiento cultural de nuestros pueblos y fortalezcan su identidad comunitaria.

 “El primer deber de un hombre de estos días es ser un hombre de su tiempo. No aplicar teorías ajenas, sino descubrir las propias”.

José Martí

 


[1] “Para los cronistas hablar de los principios o creencias concernientes a la cosmogonía, la religión, la historia heroica o fabulosa de los peruanos era tema escabroso, y el tratarle con seriedad y entusiasmo una imprudencia”. (José María Camacho. Boletín Sociedad Geográfica. La Paz. 1920).

[2] Precisamente, al modo hebreo fue expresado todo cuanto concierne a los problemas antropológicos (presencia en América de los hijos de Adán, inmigraciones desde Armenia, etc.), y a la cronología (sincronismos entre el nuevo y viejo mundo, colocación del nacimiento de Jesús en el propio punto de renovación de una edad americana, etc.)¿¿

[3] Charles Darwin y N.. Haeckel son sus más acendrados expositores

[4] Alex Hrdlicka es su máximo representante

[5] Los resultados de las pruebas de Carbono 14 tienen serias limitaciones ya que se aplica solo a los vestigios de materia orgánica, que se encuentran en los lugares que realizan excavaciones arqueológicas.

[6] En la búsqueda del hilo conductor de la explicación del origen de la nueva humanidad a partir del lago Titikaka  y asiento de Tiwanaku, se toma con reserva la génesis histórico – arqueológica pregonada por la ciencia americanista oficial que ahora tiene como máximos representantes a los arquelogos de la llamada escuela norteamericana cuyos esfuerzos apuntan a determinar que la existencia de las culturas originarias no van más alla de los 3000 años A.C. (Dick. E. Ibarra Grasso 1982).

[7]El término andino que aquí vamos a utilizar de forma general, tiene una connotación geográfica y etimológica que permite abarcar de forma global el proceso cultural que se gestó en diferentes épocas y otros tantos lugares en esta parte del continente conocido como Abya Yala

[8] Esto significo utilizar todos los antecedentes que se refieren a las culturas originarias, como son las crónicas tempranas, vestigios arqueológicos, trazado de ciudades, lugares sagrados, ideografías presentes en las edificaciones, estatuaria lítica, arte cerámico, textil, metalúrgico

[9] Las Ciencias del Territorio aluden al concurso de la razón y por consiguiente a la invención de técnicas e instrumentos que permiten la intervención en el territorio; de ello derivan los sistemas de observación estelar; el conocimiento del entorno e hitos geográficos y la organización de centros poblados. La concepción simbólica del espacio alude al concurso de la memoria colectiva, la percepción e intuición, de ello derivan la sacralidad del espacio, simbología, ritos y festividades.

[10]Tesis Doctoral: “Los significados urbanos y arquitectónicos en la evolución de las ciudades hispanoandinas”. Caso del Ecuador. E.T.S.A.M. Universidad Politécnica de Madrid. 1989.

[11] “Quito, ciudad milenaria”. Forma y símbolo. Coedición Abya Yala – CIUDAD. Quito 1991.

[12] “Cuenca, ciudad prehispana”. Significado y forma. Coedición Abya Yala – CIUDAD. Quito 1991. “Guapondelik, Tumipampa, Cuenca, Huellas Culturales y Transformación Territorial”. Premio Trabajos de investigación. VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo. Medellin, Octubre 2010.

[13] “Cusco -Qosqo-. Modelo simbólico de la cosmología andina. Coedición CONAIE – CONPLADEIN – FAD – PUCE. Quito 1998.
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