Mexico: De turistas a inmigrantes

13 septiembre, 2013

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  • Huyen de la crisis y se instalan en un país cálido y acogedor, pero no apto para cardiacos.
  • Entre 2008 y 2012 México ha recibido a más de 8.000 españoles que huían de la crisis

El avión desciende como un pájaro sobrevolando el Caribe mexicano y el verdor de la selva yucateca. Del interior salen grupos de españoles con gafas de sol y ropa de playa dispuestos disfrutar de los lujosos hoteles, la arena blanca y las ruinas mayas. Hasta hace unos años este era el perfil más común en los vuelos Madrid-Cancún. Pero últimamente, junto con los turistas, caminan otro tipo de españoles. Unos son treintañeros que quieren abrir un negocio en la costa. Otros buscarán trabajo en la capital “de lo que sea”. Al menos una veintena lucen ropas gastadas, pies descalzos y rastas en el pelo. “Esto es lo que me quedaba por ver”, comenta Laura, actriz y fotógrafa española residente en México desde hace cinco años, “hasta los perroflautas se han apuntado a la aventura mexicana”.

¡Es el mismo exilio, pero sin armas! Una expulsión forzosa provocada por la panda de mafiosos que gobiernan España”.

Casi todo el grupo “de rastas” parece conocerse: “Vivimos en Chiapas, allí trabajamos en comunidades indígenas y escuelas holísticas”, comenta Sara, madrileña de 29 años. “San Cristóbal de Las Casas se está llenando de hippies, nos conocemos y sabemos cuándo salen los vuelos más baratos”, añade Jaime, gaditano de 32. Turistas y trabajadores se miran extrañados. “Que gente más rara viene últimamente”, comentan. Solo la amplia gama de improperios peninsulares parecen reconciliarles entre sí.

A México siempre han llegado españoles ávidos de naturaleza, aventura, folclore o tequila. Pero la crisis está trayendo otros perfiles. Se trata en su mayoría de jóvenes muy formados que tratan de dedicarse a lo suyo. Muchos artistas, pintores y actores encuentran la oportunidad que España no les dio. Trabajadores de multinacionales se instalan en el país ante el dilema de “ir a México o a la calle”. Los espíritus “alternativos” encuentran su lugar en el ritmo tranquilo de la provincia. Y con su dramática desigualdad, el país también ofrece una salida a los jóvenes interesados en la ayuda humanitaria. Pero no es oro todo lo que reluce: ahora hay más competencia y el endurecimiento de la ley migratoria desespera a quienes tratan de asentarse legalmente. Los que llevan años aquí advierten: “México es lindo y acogedor, pero poco recomendable para ansiosos y asustadizos”.

Desde que empezó la crisis, la afluencia de españoles aumenta. Según el Instituto Nacional de Estadística, son la tercera nacionalidad extranjera en el país (un 4,8% del total), tras la estadounidense y la guatemalteca. Aunque no hay cifras oficiales (muchos entran como turistas), la Secretaría de Gobernación estima que casi 8.000 españoles han conseguido permiso de trabajo en los últimos cinco años. El 1 de enero de 2012 había 17.956 jóvenes de entre 20 y 34 años, casi 7.000 más que en 2008. Hay censados más de 100.000 españoles. Algunos expertos han definido este flujo migratorio como “una tercera oleada”, tras los avalanchas del siglo XIX y la Guerra Civil española. ¿Las razones? Cercanía cultural, crecimiento económico lento pero constante, mercado laboral inmenso y múltiples posibilidades de autoempleo.

Los papeles son ahora una cuestión crucial. Guillermo Almeida (Menorca, 1987) llegó en 2010 con una beca para acabar su carrera de Historia en la UNAM. Pasó seis meses en DF, atrapado por su “ritmo vertiginoso y su descontrol adictivo”. Volvió a Madrid, pero la falta de oportunidades le hizo regresar en enero con otra beca. Ahora busca trabajo de profesor. Pero no es fácil. “Les da hueva hacerme los papeles”, explica. Al español no le gusta verse como un conquistador español, prefiere denominarse exiliado económico. Para él lo mejor de México es ese “caos anárquico” que emana de la ciudad. “Pero también es lo más negativo, porque genera una desigualdad y una pobreza ante la que no podemos cerrar los ojos”. También la comida puede ser el cielo o el infierno: “Me encanta comer mexicano, pero una vez casi me muero de gastritis con unos tamales de la calle. Debe ser la venganza de Moctezuma. Eso me pasa por conquistador español”, comenta entre risas.

“No recomendaría a nadie que viniera a buscarse la vida, a no ser que tenga un permiso de trabajo”, comenta Ana Luisa Rodríguez, administradora de la Casa de Madrid en México. “Muchos acaban regresando, porque esto no es tan fácil como se pensaban”, añade. No es el caso de Itahisa Machado, una actriz canaria que “sobrevivía deprimida” en Madrid, sin un trabajo estable. El primer mes en el DF rodó cinco anuncios y después actuó en series como El octavo mandamiento o Infames. Hoy es la protagonista de Rosario, una superproducción emitida en decenas de países: “En dos años he conseguido mucho más que en siete en Madrid. México tiene una energía distinta, mucho más amable y cálida. Quizás es que yo tengo un rollo latino que encaja mejor aquí”, cuenta con acento venezolano en su elegante departamento de La Condesa (una de las zonas más caras y con más presencia de artistas del DF).

Tampoco le fue mal a Jorge Cuendias (Oviedo, 1988), que llegó hace tres años, “en un ataque hippy, huyendo de un trabajucho que me estresaba la vida”. En la capital ha sido vendedor y director comercial en varias empresas. Actualmente trabaja en Laboratorios Anafarma: “Aquí hay mucho más potencial y más energía”. ¿Lo mejor de México? “Que en una hora de vuelo tienes las mejores playas del mundo”. ¿Lo peor? Tarda un rato en contestar: “El tráfico, pero qué coño, el DF es la mejor ciudad del mundo”. Actualmente se encuentra doblemente ligado a México: por la chamba y por la chava, es decir, por el trabajo y por la novia.

El país más solidario con España

J. M

Durante el siglo XX México dio un ejemplo señero de solidaridad internacional acogiendo a cerca de 25.000 exiliados españoles que huían de la Guerra Civil. La política del presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940) permitió la llegada de políticos, intelectuales y artistas que enriquecieron notablemente la cultura mexicana. Filósofos como María Zambrano, poetas como León Felipe y Luis Cernuda, pintores como Remedios Varo y narradores como Francisco Ayaña y Max Aub formaron parte de la élite cultural del país, reforzaron el profesorado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y crearon instituciones tan prestigiosas como la Casa de España de México (hoy llamada Colegio de México) y el Fondo de Cultura Económica. “La tarea que hicieron es de un valor absolutamente inapreciable, había que ver renglón por renglón qué ha sido México antes y después de estos grandes hombres”, dijo el filólogo mexicano Antonio Alatorre (1922-2010).

En agosto se terminó un polémico rodaje de cine: el biopic de Cantinflas protagonizado por el actor Óscar Jaenada. Aunque en Internet las críticas fueron mayoritarias —la elección de un español para encarnar al cómico mexicano provocó la furia de los más nacionalistas—, el intérprete definió su experiencia como una de las mejores de su vida: “Es la gente más amable, trabajadora y dinámica con la que he trabajado en mucho tiempo”. A Jaenada también le sorprendió la cantidad de compatriotas que encontraba: “Me recuerda mucho a la época de Cantinflas, cuando llegaban miles de exiliados huyendo del franquismo. ¡Es el mismo exilio, pero sin armas! Una expulsión forzosa provocada por la panda de mafiosos que gobiernan España”.

La mayoría de los entrevistados reconocen que la primera razón que los mantiene en México es su pareja. Carlos Triviño, mecánico mallorquín de 34 años, llegó a la capital acompañado de su novia, con la que se ha casado. “Pero tardan muchísimo en darme los papeles y mientras no los tenga, no me contratan”. De todos los consultados, es el único que afirma haber padecido discriminación: “Un par de veces en el metro he oído que me decían pinche español”. El resto asegura que el trato es cálido y que los insultos y las peleas tienen lugar en internet, más que en la vida real.

El avión procedente de Cancún se prepara para aterrizar en la Capital de México. Un mar de luces parece engullir la tierra y escalar por los múltiples cerros que rodean la capital. Cuando desciende se perciben hileras de casuchas y calles mal iluminadas. El monstruo de asfalto conocido como Distrito Federal domina el paisaje hasta donde llega la vista. Los españoles recién llegados toman aire antes de salir del aeropuerto y comenzar su aventura. “Tranquila, siempre pasa al principio”, le dice Laura a una española con cara desencajada.

Fuente: economia.elpais.com

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