¿Margaritas en el Vaticano?

30 septiembre, 2013

Imagen-¿Margaritas en el Vaticano?

El pasado 13 de septiembre, día en que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) informaba de que en los últimos 40 días habían llegado 3.300 refugiados sirios en pateras hasta las costas de Sicilia, en el periódico Il Manifesto habían recibido con gran sorpresa el primer email del Papa Francisco Bergolio. Decía Así:

“Hermanos, buenos días. He leído en los periódicos que, visitando un centro de acogida para inmigrantes, yo, al parecer, solo dije: “Abrámosles los conventos cerrados”. En realidad, dije, pensé y comuniqué mucho más. Quisiera explicarme mejor, pues la idea es esta: no crear riqueza ni beneficio con estructuras de la Iglesia, que debe volver a ser pobre.

Cristo, en su edad adulta, era un sin techo. Así pues, abramos también los conventos abiertos, los que se han transformado en hoteles de cinco estrellas, los que se han convertido en apartamentos de altos prelados, direcciones de sedicentes óperas pías, confiados a confraternidades multinacionales de santos que ni siquiera yo conozco.

Que se conviertan en albergues internacionales de acogida y de paz, como deberían hacerlo, una vez transformadas, todas las bases militares del mundo. Roma, cuna de la cristiandad, también es el corazón hotelero y de negocios del catolicismo organizado. Lo cierro a partir de hoy. Ayúdenme a cerrarlo. La Iglesia no es una renta inmueble: pertenece a los senderos de la humanidad. Universalistas y ecumenistas del mundo, únanse”.

Y sobre la amenaza que cierne sobre Siria el Papa Francesco dijo: “…aunque hombres de buena voluntad se ocupan en estas horas de encontrar una solución de diálogo, la única posible. Lamento que un hombre recto, el presidente de una gran potencia, para convencer a su pueblo de la intervención militar haya abierto la ventana de los horrores. “Miren -dijo- a los ojos de los niños muertos por las armas químicas, miren esos ojos, esa mirada fija”. El Nuncio estadounidense me revela que se han distribuido fotos de esos ojos a los pilotos de los cazabombarderos.

Cómo no asustarse. Hablando desde la plaza de San Pedro, yo también expresé mi dolor por esos niños destrozados. Miré aquellos rostros y aquellos ojos. ¿Acaso nos dicen ahora que hay que hacer otra guerra y matar todavía más inocentes, como ya ocurre en otras partes del mundo? No.

Eso significaría matarlos dos veces, hacer otro estrago. Cierto: quienquiera que haya sido el criminal culpable, tiene que pagar: ante los hombres y ante Dios. Pero la respuesta no es la guerra que produce en todo el mundo ojos de niños sin vida ni sonrisa. En la plaza de San Pedro hablé también del mercado de las armas: no hay un mercado bueno de armas legales y otro malo de armas ilegales. Están fuera de la ley todas las armas. Y la guerra. Abandonen todo vana pretensión de intervención militar. Que la paz esté con nosotros”.

Fuente: campananews.com

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