Ecuador: ¿Quien es dueño del Yasuni?

8 octubre, 2013

Imagen-Ecuador: ¿Quien es dueño del Yasuni?

Mapa del Yasuní

¿Quien es dueño del Yasuni?. Una aproximación desde la ética liberal de la propiedad y los contratos.

 Por: Juan Fernando Carpio, jfcarpio2@gmail.com

«El respeto al derecho ajeno, es la paz» – Benito Juárez

La propiedad es un concepto  innecesario en un mundo de superabundancia, como el Jardín del Edén. Su objetivo es evitar conflictos sobre el uso de recursos escasos. No se puede utilizar el mismo objeto material (o cualquiera de sus partes, que en este caso son objetos por cuenta propia) para distintos usos al mismo tiempo. Pero como demostró Hans-Hermann Hoppe, incluso en el Jardín del Edén, existen ya dos elementos escasos: el cuerpo humano de cualquiera de sus habitantes y el tiempo.

Siguiendo los conceptos de propiedad, contrato y valor desarrollados por pensadores liberales continentales, vamos a intentar responder a la pregunta del título.

¿Cómo se adquiere propiedad justa y pacíficamente?

John Locke, el filósofo inglés e inspirador de los llamados «founding fathers» de los EE.UU, observó que los seres humanos pueden adquirir propiedad de tres maneras sin perjudicar a otros al hacerlo. Es decir, existen reglas lockeanas para la adquisición justa de propiedad. Estas son:

a) la apropiación original de recursos sin dueño actual,

b) producción, es decir recombinación de elementos, y

c) intercambio, que incluye el regalo/herencia que es simplemente un intercambio deliberado por nada.

Las normas lockeanas respetan la regla dorada de Kant de que una norma, para ser legítima, debe aplicarse universalmente a cualquier individuo si se halla en similares condiciones. Por eso Locke y la historia de los EEUU están tan íntimamente ligadas: nunca antes partes tan grandes de un país (New England y el Oeste) fueron colonizadas de manera tan limpia. Sin feudalismo, sin Estados invadiendo o imponiendo aristocracias falsas de la tierra

¿Qué es el liberalismo y qué debe/ puede hacer el Estado?

En el siglo diecinueve el liberalismo clásico -tras arduas y a veces literales batallas- había triunfado por sobre el conservadurismo político y el mercantilismo económico como filosofías dominantes. Es bueno recordar que el liberalismo es una noción española nacida entre Salamanca, Cádiz y pensadores del Siglo de Oro español.

No es anglosajona en origen aunque su aplicación, tomada en serio por ellos a la cabeza. ha sido la de los mejores resultados.

En el siglo diecinueve los liberales se dividían en dos ramas frente al problema del Estado. Una rama lo consideraba -como Thomas Paine, Jefferson o Juan Bautista Alberdiun mal necesario. Otra, menos conocida y propagandizada por razones que en instantes serán evidentes, lo consideraba un mal innecesario. Pensadores como Lysander Spooner con su crítica a las constituciones políticas como contratos vinculantes de todos y de nuevas generaciones; Gustave de Molinari con su impecable análisis del Estado como monopolista de bienes que sufrirán en precio y calidad por no ofrecerse en libre concurrencia1; Herber Spencer y otros críticos del maquinar inherentemente violento del aparato estatal. Todos concebían soluciones alternativas.

Veían además que el Estado creaba una lucha de clases entre quienes tenían Poder y otorgaban favores y quienes -por otro lado- creaban riqueza y eran saqueados por los primeros.

Más recientemente, el sociólogo de izquierda Franz Oppenheimer dividía en dos las formas de ganarse la vida: mediante ocupación de espacios vírgenes, mediante producción y mediante comercio, todas ellas los medios económicos; por otro lado estaban el robo, la estafa, la guerra, la invasión y los impuestos, todos ellos para vivir de otros sin sumar a la riqueza social. A estos últimos llamó los medios políticos, y analizaba la Historia concluyendo que el Estado es el aparato de los medios políticos2. ¿Somos parte de un Estado por contrato? ¿Qué es en realidad un contrato?

Un contrato entre humanos adultos y libres puede definirse en términos de Evers-Rothbard3 como un

«Intercambio condicionado de títulos de propiedad». Es decir, un intercambio de bienes por bienes, acciones por bienes o acciones por acciones, según términos pactados entre las partes. Desde luego esta definición no admite nociones positivistas de contratos como promesas o como obligaciones impuestas desde terceros. Pero si desde una perspectiva liberal, es decir racional y adulta, esos son los contratos, ¿qué es una Constitución? En las partes en que se limite a afirmar los derechos naturales (en el sentido de Grotius, Puffendorf y Locke) es válida aunque francamente trivial, y en las que choque con ellos, es simplemente nula por anti-ética. Ningún Estado ha aparecido por contrato (lo cual requiere de contratos individuales para ser auténticamente un caso de agencia).

Somos, en realidad, sus prisioneros. ¿A quién pertenece el Yasuní y por qué es valioso?

La reflexión debe partir de un principio básico: a los habitantes del Yasuní, lo primitivos que puedan ser o no ser, no se les puede negar sus derechos.

¿Quién(es) es (son) dueños del Yasuní y el petróleo que yace en su subsuelo?

Respuesta: nadie legítimamente. Al menos, aún… esta respuesta aplica también al resto de

Yacimientos petroleros y minas en el territorio ecuatoriano desde hace décadas.

Recordemos la exposición anterior de John Locke sobre las formas históricas y técnicamente pacíficas de adquirir riqueza. El Estado no es un actor lockeano pues obtiene sus fondos y bienes violando los principios lockeanos. Es decir, utiliza los medios políticos. Y mediante los medios políticos las acciones no tienen ética, no son justos.

Los habitantes no-contactados de quienes tenemos noticias cada vez que hay matanzas azuzadas por grupos madereros, e incluso petroleros, sufren un claro problema doble: han sido incluidos sin su consentimiento en algo llamado «la República del Ecuador» y aquella les ha negado, en el peor estilo de los peores conquistadores españoles del siglo XVI, un reconocimiento o trato horizontal como virtuales propietarios lockeanos del subsuelo. Pero la mentalidad Estado-céntrica impide que los habitantes blanco-mestizos e indios podamos protestar por los riesgos de la inminente explotación en territorios habitados por los taromenane y posiblemente también sobrevivientes tagaeri. La mentalidad nos lo impide, no solo por las nociones en nuestras mentes, sino porque hemos permitido ese doble estándar por muchas décadas: consideramos como sagrados nuestra propiedad y bienes, pero no los de «los primitivos» tan distantes y lejanos a nosotros, mientras sus productos, los ingresos derivados y ciertos empleos han sido para algunos de nosotros.

… hemos permitido ese doble estándar por muchas décadas: consideramos como sagrados nuestra propiedad y bienes, pero no los de «los primitivos» tan distantes y lejanos a nosotros, mientras sus productos, los ingresos derivados y ciertos empleos han sido para algunos de nosotros… Todo esto es un doble estándar gigantesco. Forzamos a ser parte de un Estado-Nación a grupos humanos que estaban ahí antes de su existencia, y les negamos la posibilidad de ser dueños del subsuelo. Pero el Yasuní no sólo es valioso para quienes quieren su petróleo para alimentar a un Estado superlativamente glotón sino también para quienes quieren conservarlo pues lo valoran como parque protegido por su biodiversidad. Es decir observadores locales y mundiales que pueden generar presión en uno u otro sentido. Aunque físicamente no deban invadir y puedan rodear de garantías al territorio. Y es, sobre todo, valioso para grupos humanos que tienen prioridad de apropiación lockeana4 apenas ya sea posible hacerlo, es decir apenas terminemos con el embuste legal y propagandístico que es la propiedad estatal del subsuelo.

Conclusión

Los habitantes cazadores-recolectores del Yasuní aún no han apropiado recursos que utilizan parcialmente y hay otros que por avance tecnológico quizás nunca utilicen. Eso no cambia el hecho de que son ocupantes actuales del entorno y tienen prioridad de apropiación (first claim) para cuando decidan hacerlo si es así eventualmente.

Haberles incluido contra su voluntad expresa dentro de los límites de una entelequia llamada

«El Estado ecuatoriano» no cambia este hecho. No tienen ningún contrato tácito ni formal en curso con quienes crearon aquél, ni éste puede obligar a nadie a ser parte de él, al margen de su origen etnocultural. Es hora de respetar y hacer respetar los derechos individuales -incluyendo el de asociación y el de autodeterminación del que deriva- sin excepcionalismos de ningún tipo.

1 “Life and Works of Gustave de Molinari” por David M. Hart en http://www.

econlib.org/library/Molinari/MolinariBio.html

2 “The Genesis of the State” de Franz Oppenheimer, Cap 1en http://mises.org/daily/4755/The-Genesis-of-the-State

3 “Toward a Reformulation of the Law of Contracts” de Williamson M. Evers en

Journal 01 Libertarian Studies. Vol. 1, No. l. pp. 3-13. Pergamon Press 1977.

4 “Locke’s Theory of Appropriation” de Karl Olivecrona en The Philosophical

Quarterly Vol. 24, No. 96 (Jul., 1974), pp. 220-234

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