Si buscaran la paz con la misma eficacia que administran la podredumbre, Colombia seria otra

15 octubre, 2013

 Imagen-Si buscaran la paz con la misma eficacia que  administran la podredumbre, Colombia seria otra

Por Arturo Prado Lima

Para que una nueva planta cresca, necesariamente tiene que pasar por la podredumbre. Entierre usted un grano de maíz.

Este se descompone, y de esa descomposición nace de nuevo, clara y sobria, la nueva planta con el nuevo alimento para los pobladores de la tierra. Para que este fenómeno se produzca, sin embargo, deben darse ciertas condiciones. Y una de ellas es la fertilidad de la tierra.

Si tiramos la semilla en el desierto, no germinará, se pudrirá sin remedio. Se me ocurre esta idea como una metáfora de lo que está ocurriendo en Colombia hoy. Llegamos al máximo grado de podredumbre, pero la Nueva Colombia se resiste a germinar. Ni siquiera se ven como consuelo aquellos brotes verdes que suelen dar esperanzas a quienes creemos que algún día tendremos una patria donde vivir como seres humanos libres.

Y no es que no haya brotes verdes. La fuerza de la naturaleza es poderosa, de una furia incontrolable. Lo que pasa es que con el transcurrir de los tiempos, nuestras castas políticas y financieras especializaron sus ejércitos, sus ideologías y  sus organismos de inteligencia para aplastar cualquier brote verde que surja por las rendijas del destartalado edificio nacional. Para ello cuentan con sus contingentes de administradores de la podredumbre. Ellos se encargan, con esmero, de mantener la corrupción a tope, los ejércitos de mercenarios activos, los mendigos intelectuales a su servicio las las 24 horas, los agitadores de las mafias deportivas y el narcotráfico a punto, los ilusionistas de élite estilo Álvaro Uribe Vélez activos y combativos, los ventrílocuos sinvergüenzas estilo Francisco Santos dispuestos a ser simples marionetas por saborea rel poder, los padrastros y madrastas de la patria del poder legislativo legislando para sus bolsillos..

Es la esencia de la política colombiana. Administrar el caos es tarea indispensable de los gobiernos. Administrar la pobreza y la ignorancia del pueblo debe ser labor clara para quienes pretendan llegar a los altos poderes de la nación. Mantener vivo el desmadre de las finanzas públicas es su oficio. Mantener siempre el río revuelto es su tarea.

Es una lástima. En Colombia hay muchos sembradores. Y el trópico se encarga de que las semillas se pudran rápido y hagan crujir la tierra por salir a la luz. La agricultura colombiana es vasta y generosa. Los campesinos hacen posible todos los días el milagro de la germinación a pesar de los controles y las barreras que les impone. Hoy, el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos impone el control de las semillas que los campesinos tiran a la tierra. Imponen la cantidad, la calidad, la forma de cultivo, del consumo y la comercialización.

Pero también hay sembradores de ideas. Iniciativas de libertad y paz, de justicia y solidaridad. Y para este tipo de semillas no hay espacio en Colombia. La idea, como las semillas en los trópicos, se pudre rápidamente, y si no encuentran tierra firme, se mueren, simplemente. De esta manera se va construyendo el desierto colombiano. De esta manera, unos cuantos poliqueros de oficio al servicio de las burguesías industriales y financieras se creen con el derecho a gobernar, lo decía Fernando Vallejo, a 50 millones de seres humanos. Se ha llegado a la osadía de que un solo hombre se sienta con derecho a disponer del destino de un país.

Este hombre cree que el poder lo tiene él porque se lo han transferido los colombianos a través de las urnas. Le ordenó a Juan Manuel Santos acabar con las guerrillas a punta de fusil ya que el tiempo en la presidencia se le acababa y ya se consideraba salvador, héroe, mito de la política. Estaba seguro, y aun lo está, de  seguir gobernando tras bambalinas.  El actual presidente le obedeció, pero cambió el método de exterminarlas: combinó todas las formas de lucha: el fusil, el diálogo y la diplomacia de la imposición de sus reglas al considerarse antes de tiempo vencedor de la contienda histórica. Desde el mismo momento del anuncio de la conversaciones, sin embargo, el ex presidente se propuso hacer descarrilar el proceso. Anunció que informará puntualmente a la justicia sobre los movimientos de la subversión.  Y lo está haciendo. Cuando un comandante de las FARC iba a ser recogido en un lugar secreto para incorporarse a la Mesa de Conversaciones de La Habana, el señor Uribe reveló a las autoridades las coordenadas del lugar. El fin, hacer capturar al comandante rebelde y con ello acabar con las negociaciones. ¿Cómo lo supo? ¿Conserva aun la maquinaria que hizo posible las chuzadas, el espionaje a gran escala para evitar cualquier brote de democracia en nuestro país?

Este hecho confirma las denuncias del narco Pablo Hernán Sierra de que Uribe maneja más información que el gobierno, el ejército y los organismos de inteligencia juntos. Toda una ideología criminal dispuesta a bloquear ideas, semillas, brotes verdes para el surgimiento de un país fuerte y soberano.

Sin embargo, el control no puede ser total. La naturaleza, con sus hombres y mujeres a la cabeza, han aprendido, o están aprendiendo, a burlar el régimen de los poderosos. Están aprendiendo a moverse entre sus tentáculos, y no siempre desde la clandestinidad y la vía armada. La  naturaleza y los hombres y mujeres fluyen siempre. Son ríos vivos que no podrán mantener estancados eternamente. Esa fe y esa razón que nos asiste terminará desbordando los bunkers desde donde las élites administran la podredumbre nacional. Esa esperanza de vivir en un país democrático y justo surge con fuerza como el magma desde el interior de los pueblos humillados y esclavizados. Y ese magma lleva fuego,  vida. Es un fertilizante nato que hará que las semillas germinen por encima de los ejércitos y los bunkers de los elegidos.

Hoy más que nunca, no podrán detener la fuerza de los espíritus. En medio de la podredumbre se mueve el verbo promigenio del cambio definitivo. Asistimos a un momento difícil, pero poético, parafraseando a Ernesto Cardenal. Dejemos sembrar ideas nuevas, retiremos de los campos y ciudades ejércitos y vendedores de ilusiones, verdugos y farzantes, vendepatrias y explotadores, asesinos y canallas. Hagamos la tregua bilateral. Las élites no van a morir de nostalgia al no tener muertos en sus mesas de trabajo. Sentirán que se les mueve el piso, pero no morirán. Dejemos que la podredumbre haga por fin su trabajo: liberar desde lo más hondo de sus semillas las herramientas que necesitamos para construir el nuevo país.

No agitemos los fantasmas del apocalipsis si se declara el cese bilateral del fuego. Dejemos por un momento en silencio los campos y ciudades de Colombia. En el silencio de las almas grandes y generosas suelen surgir las grandes filosofías para la vida. Dejemos por un momento que la tierra agite su vientre para parir paz y no destrozos.

¿Porqué no utilizan esa eficacia casi perfecta que emplean para administrar la podredumbre de Colombia en crear e impulsar unas condiciones dignasen donde puedan vivir en paz y libertad las generaciones por venir?

¿Porqué no utilizan el poder de las armas para pacificar al país y no para generar más muertos, duelos, huérfanos, desplazados, exiliados, torturados, encarcelados, perseguidos?

Dejemos que la naturaleza haga su trabajo, que esa podredumbre en la que hoy naufraga Colombia libere por fin las conciencias que hagan de Colombia una verdadera madre patria en donde podamos vivir y morir en paz.

@arturopradolima

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