Ponerse la camiseta del Ecuador

25 octubre, 2013

Imagen-

El reglamento para nombrar a los defensores de audiencias y de lectores, que establece la Ley de Comunicación, ya se discute en el Consejo de Participación Ciudadana, y cuando se nombre a estos nuevos funcionarios habrá terminado de formarse la estructura estatal para la aplicación de las normativas. ¿Cómo se iniciará el control?

El nada imparcial y altamente tendencioso discurso de posesión del Superintendente de Comunicación nos da pistas: habrá mano dura, y no precisamente para los medios “públicos”, o para los ahora llamados medios “oficiales”. El estado de nerviosismo y hasta de autocensura que ya logró el gobierno en varios medios y periodistas durante la aprobación de la Ley, ahora se profundizará. Nada mal para el proyecto de la llamada “revolución ciudadana”, sobre todo cuando tiene que enfrentar unas elecciones en las que pretende apoderarse de la mayoría de municipios, juntas parroquiales y consejos provinciales. Eso es a lo que el Presidente llamó: “proceso irreversible”; es decir, tener el control absoluto e indefinido del poder.

Pero no solo se controlarán la información y la opinión, vía Superintendencia, Consejo de Regulación y defensores de audiencias y de lectores, sino también, y es tal vez lo más grave: a través de un sistema penal punitivista, que se maneja desde la concepción del populismo penal, y que convierte a la norma legal en persecutoria y criminalizadora de la protesta social, sobre la base de aparentes respuestas a las demandas de seguridad de la ciudadanía.

Los especialistas en Derecho sostienen que el sistema penal es, simbólicamente, el rostro político de un régimen, de un Estado. Y el que éste muestra, con episodios como el de la amenaza a 20 asambleístas que quisieron incluir la despenalización del aborto para casos de mujeres violadas, es altamente autoritario, personalizado en un caudillo intocable, ni siquiera por su propia organización.

El proceso electoral ya fue convocado, pero el ambiente que se vive es de casi nulo entusiasmo, algo parecido a lo que sucedió en las elecciones últimas. Las reglas del juego, igual que antes, viran la cancha hacia el oficialismo, la comunicación controlada, la estructura del Estado a servicio del partido de gobierno, y las autoridades electorales colocando la alfombra a la tendencia política hegemónica.

¿Es posible un escenario más oscuro? Sí, el de la inmovilidad, el de la resignación. Y ello, desde el lado de las izquierdas no alineadas, de los revolucionarios auténticos, no tiene cabida. No se ha dejado de luchar; es más, mientras más torpezas comete el poder, y más contradicciones se evidencian entre su discurso y sus prácticas, más crece el descontento, sobre todo en la juventud, que vio cómo se impuso, sin consulta alguna, la decisión de explotar el Yasuní ITT, que no se somete y no acepta la idea de ver exterminarse ante nuestros ojos a unos pueblos “no contactados”, que son la evidencia viva de la riqueza que nuestro plantea aún tiene en este espacio. Una juventud que es la más interesada en avanzar en sus conocimientos y su participación para el cambio social, pero no a través de procesos excluyentes, elitizantes, incompatibles con la realidad latinoamericana y de nuestro país en particular.

Ponerse la camiseta del Ecuador, no solo para gritar los goles de nuestra selección, sino para defender la vida. Sentirse ecuatoriano no por apego a una marca, sino por ser libre de pensar, expresarse y de actuar, revolucionariamente, con decisión y valentía.

Periódico Opción

.

Compártenos y Síguenos en:
  • Bitacoras.com

Previous post:

Next post: