Ecuador: Quito, El alcalde que necesitamos!!

19 noviembre, 2013

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Ciudad de Quito - Ecuador

He escuchado varias opiniones que para  ser un buen alcalde  se tiene que ser un buen administrador,  ya que el alcalde cumple la función de administrar los recursos con que cuenta, para hacer las obras que necesite la ciudad.

Definiendo que es  un buen administrador

Quien administra sabiamente los recursos, debe hacerlo  para que estos recursos no se agoten, puedan renovarse y puedan ser aprovechados por generaciones futuras.   Por lo tanto un buen alcalde debe tener claro los conceptos  que nos guíen hacia una vida urbana sostenible.

Además un buen administrador es el que hace más con menos,  lo hace bien y de calidad.

Un buen ejemplo de hacer más con menos nos lo da   Lerner el ex alcalde de Curitiba. -Hay que ser creativos y quitarle un cero al presupuesto-    es lo que aconseja a  los políticos y a los planificadores urbanos, – las buenas ideas surgen con bajos presupuestos-

Lerner llama a esto acupuntura urbana.   Es dar el pinchazo en el sitio preciso para lograr la solución a la enfermedad.  Y hacerlo  rápido para que no duela tanto y se vea el beneficio en corto plazo, en algunos casos de inmediato.   Aplicado en las ciudades, se trata de hacer proyectos puntuales en los sitios precisos, en zonas estratégicas que generen de inmediato un cambio positivo en un sector conflictivo y mediante este ejemplo positivo de transformación urbana, se consiga la cura de grandes sectores urbanos.

Fue su receta en Curitiba y lo que ha hecho que sea tan innovador, de tal manera, que  sus propuestas ahora son practicadas en  muchas partes del mundo, por su eficiencia, ahorro de recursos, facilidad de ejecución  y aceptación popular.

Un buen administrador también es quien  sabe con lo que cuenta y sabe cómo utilizarlo de la forma más eficiente.  El mayor recurso que tienen las ciudades son sus ciudadanos.  El recurso humano.

Los ciudadanos somos los mayores interesados en mejorar nuestro  entorno y  nuestra calidad de vida. Establecer los sitios en donde dar los pinchazos y hacerlo con la participación de la ciudadanía, permite hacerlo con rapidez, en forma eficiente, a bajo costo, y con resultados positivos; el ciudadano al sentir que  su participación es efectiva contribuirá  a la transformación de su  hábitat.

Un buen administrador además  siempre buscará la forma de encontrar el potencial de los ciudadanos  e  incentivarlos a que lo utilicen de manera productiva.   Si hay una buena iniciativa ciudadana  potenciarla y facilitarle su desarrollo.

La palabra es un recurso, que tienen en abundancia la mayoría de los políticos, lo que se conoce popularmente  como la labia. Una  palabra bien administrada será la que nos motive  a trabajar por la ciudad soñada.  Será la que consiga unirnos para ir ejecutando  las actividades propuestas y con ello llegar a las metas propuestas.  Si somos bien motivados  haremos  todo lo posible para hacer realidad nuestro  sueño  de una ciudad mejor.

Finalmente, un buen administrador es el que distribuye los recursos en donde más se necesita y los canaliza para que generen un mejoramiento de la economía local.  Los proyectos que se ejecuten deben estar encaminados a dinamizar  la economía popular a escala de barrio, generando fuentes de trabajo en el vecindario desde la construcción de los mismos.

En resumen.  Para ser un buen alcalde se necesita ser un buen administrador.  Un buen administrador debe tener muy claro los conceptos que nos guíen hacia una vida  urbana sostenible. Debe además ser muy creativo para  hacer  más con menos, y tener conocimientos técnicos suficientes para aplicar  la cura en el sitio preciso, que mayor impacto positivo pueda generar, en forma análoga a  una acupuntura urbana.  Todo esto debe ser realizado con una efectiva participación de la ciudadanía.

Para lograr que sea  efectiva la  participación ciudadana, se  debe impulsar las buenas  iniciativas  y motivarnos  a ser partícipes de la construcción colectiva de la ciudad soñada.  Finalmente, los recursos deben  servir para dinamizar las economías locales desde el barrio generando fuentes de trabajo desde el inicio de la ejecución de las obras e impulsando proyectos productivos.

“Los mejores gobernantes son ecológicos. Encuentran el uso óptimo para todos los recursos del reino, sean humanos o materiales. Y efectivamente así es como el reino prospera y se fortalece, porque nada se malgasta. En uno de mis cuentos favoritos, “El Sapo Jerome”, un sapo que cree que es un príncipe recibe el encargo de los habitantes de un pueblo de liquidar a un dragón que no para de asustarlos y quemarles las casas. Termina conversando con el tal dragón, quien le explica que quemar las cosas es parte de su naturaleza. El sapo prueba su calidad principesca convenciendo al dragón que se dedique a quemar la basura de la ciudad en lugar de las casas de los campesinos. Esta es una solución perfecta para todos los involucrados”. Carol S. Pearson

Diego Hurtado
Asociación de peatones de Quito

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