La lucha de los sin papeles en Europa

7 enero, 2014

Imagen-La lucha de los sin papeles en Europa

Quince migrantes encerrados en el CIE de Roma han decidido coserse la boca como protesta. Su lucha es parte de una larga trayectoria de resistencia de más de cuatro décadas y expresa hasta qué punto las y los migrantes están dispuestos a luchar por su libertad y sus derechos.

Quince migrantes sin papeles de origen magrebí, encerrados en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) a las afueras de Roma, decidieron coserse la boca durante una semana y solicitar la solidaridad del Papa Francisco. El objetivo es empoderar una importante huelga de hambre de 60 internos. “Con un encendedor han fabricado la aguja. De una manta han desprendido los hilos. Y la desesperación ha hecho el resto” (Ordaz, El País, 21/12/2013).

Los migrantes protestan contra las pésimas condiciones en los centros y por la lentitud burocrática que los condena a una espera infinita y sin certezas. El estallido se da a sólo unos días de que se difundieran en la televisión pública italiana unas imágenes donde se observa cómo los migrantes son fumigados contra la sarna en el CIE de Lampedusa, en fila,  desnudos, bajo el frío, delante de todos. Y a dos meses después de la muerte de más de 500 migrantes –muchos de ellos niños – frente a la costa de la isla.

Esta protesta forma parte de una larga trayectoria de lucha de más de cuatro décadas y expresa hasta qué punto las y los migrantes están dispuestos a luchar por su libertad y sus derechos. Las primeras manifestaciones de resistencia migrante en Europa datan de los años setenta del siglo XX como respuesta a la decisión del gobierno galo de expulsar a los sans papiers implicados en actividades políticas.

Nunca han cesado de rebelarse desde aquel momento. A principios del siglo XXI un fuerte ciclo de luchas de sin papeles prendió en distintos territorios europeos. En Francia, Suecia, Suiza y en el Estado Español los migrantes organizados lograron comprobar que los mecanismos insuficientes de regularización de los gobiernos europeos podían ser contestados exitosamente.

En 2001, se logró la más grande victoria de una  lucha de sin papeles en el Estado Español. Se desarrolló simultáneamente en distintas ciudades, sin embargo,  fue ejemplar la lucha en Valencia, donde un colectivo de migrantes ecuatorianos, magrebíes y colombianos realizaron encierros itinerantes durante cinco meses y huelga de hambre. El tesón de los migrantes, forzó al gobierno central a conceder la regularización a todos los sin papeles del País Valenciano, no sólo a los que habían participado en los encierros. En otras ciudades, el gobierno había logrado negociar individualmente, concediendo papeles sólo a los migrantes encerrados. Y lo que parecía imposible sucedió. Dos semanas más tarde de la regularización en Valencia, la amnistía se amplió a todo el territorio del Estado Español. En total, como resultado de la movilización se presentaron 350.158 solicitudes (Suárez et al., Las luchas de los sin papeles, 2007:211).

Más recientemente, en marzo de 2011 un total de 300 migrantes encerrados y en huelga de hambre repartidos en las ciudades de Atenas y de Salónica lograron torcer al gobierno heleno consiguiendo la regularización para todos los rebeldes.

En todas estas revueltas, los migrantes han demostrado una enorme capacidad para elaborar diversas tácticas de resistencia y lucha. En definitiva, se trata de doblegar a los gobiernos para conseguir los ansiados papeles que permiten conseguir el “derecho a tener derechos”, como demandaba la reconocida filósofa migrante Hannah Arendt.

La lucha de los sin papeles en Europa es de carácter estructural. Una digna reacción al sistema que jerarquiza y coloca a los sin papeles en el sótano del edificio social. “Cuando el número de los sin papeles rebasa el límite –arbitrariamente fijado por las necesidades económicas de grandes y pequeñas empresas–, las leyes de regularización intervienen para poner orden, ya sea otorgando los documentos para regular la estancia, ya sea expulsando a los que sobran” (Dean, La Jornada, 19/11/2010).

En esta lógica construida artificialmente, el sótano lo ocupan los sin papeles y la planta baja los migrantes con permisos temporales. Ambos colectivos obligados a la precariedad y a la temporalidad laboral. De aquí, se desprende que el objetivo de los Estados-nación “desarrollados” no es expulsar a todos, sino contar siempre con una bolsa de migrantes con y sin papeles amenazados de expulsión y dispuestos a trabajar en condiciones miserables.

La lucha de los sin papeles en el CIE de Roma no debe desligarse de una más amplia contra la política migratoria europea y el sistema neoliberal. La construcción artificial del sótano del edificio social tiene como objetivo cercenar los derechos de  todos los migrantes, pero también de los nativos. No podemos quedarnos de brazos cruzados. La lucha de los sin papeles es la lucha de todas y todos. ¡Nativa o extranjera la misma clase obrera!. @CarlosSoledadM

.

Compártenos y Síguenos en:
  • Bitacoras.com

Previous post:

Next post: