Asesinos de la democracia

13 enero, 2014

Imagen-Asesinos de la democracia

William Sanchez Aveiga

Ají Picante para el Alma No. 156

Las personas somos físicamente diferentes unas de otras y, salvo en el caso de los gemelos, es fácil reconocernos y diferenciarnos. Pero, hay un aspecto en los humanos que no es visible y por lo tanto difícil de conocer con exactitud; aunque tengamos algún tiempo de relacionarnos, nunca se termina de conocer a una persona en su parte interna, sorprendiéndonos a menudo, o más bien, decepcionándonos.

“Caras vemos, corazones no sabemos” dice un viejo refrán, y quienes hemos alcanzado cierta edad entendemos esto mejor que los más jóvenes. Hay dos circunstancias claves que nos brindan la oportunidad para conocer mejor a quienes nos rodean o frecuentan, una es cuando atravesamos un mal momento y podemos poner a prueba la solidaridad, uno de los más altos valores humanos que se contrapone al egoísmo –según algunos criterios- principal fuente de todos los males.

Otra de las circunstancias que nos permiten ver “de cuerpo entero” de qué está hecha el alma de una persona, es la ambición en sus más variadas aplicaciones: ambición de dinero, de bienes, de poder, de fama, etc., disfrazada muchas veces de deseos de prosperidad, e incluso de responsabilidad familiar o cumplimiento de un deber.

Concuerdo plenamente con quienes sostienen que el mundo no se muere de hambre por falta de alimentos, si no por falta de amor; pero no solo hay gente muriéndose de hambre y de sed, si no desangrándose por desmedidas ambiciones, principalmente de dementes gobernantes cuya codicia y maldad los hace dignos representantes de Satanás sobre la tierra.

A través de la historia hemos conocido de muchos individuos ambiciosos con sed insaciable de poder que se creen predestinados para gobernar a su pueblo, y aún en nuestros días los vemos etiquetados como redentores, arropados con banderas de falso socialismo y afanes de perennizarse en el poder, confundiendo su cargo de mandatarios con el de monarcas y a sus mandantes (legítimos soberanos) como si fuesen súbditos de sus infames regímenes.

Mas, detrás de estos seres destructivos, hay millones de personas que de manera consciente e inconsciente los apoyan y fortalecen, constituyéndose en sus soportes, impulsados por sus propias ambiciones. Que no hay sistema perfecto de gobierno se ha dicho, pero la peor democracia es preferible a cualquier dictadura; Winston Churchill lo dijo a su manera:  “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”.

Ciertamente hay muchos que por engaño son capaces de apoyar un régimen nefasto, creyendo de buena fe en un líder mentiroso; sin embargo, hay otros que abandonando principios y valores que en algún momento dijeron tener, se han dejado arrastrar por su ambición para usufructuar de las dádivas de los monarcas disfrazados de este siglo. Es irrefutable que quienes acolitan dictaduras y respaldan tiranías se convierten en el puñal infame que asesina a la democracia.

William Sánchez Aveiga

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