Ecuador: La revolucion de las maquetas y el Quito milenario

24 enero, 2014

Imagen-Ecuador: La revolucion de las maquetas y el Quito milenario

Arq. Diego Velasco, PHD en urbanismo

RICARDO SUÁREZ/ QUINCENARIO OPCIÓN

Como una competencia de ofertas fantásticas para Quito, así se inició la campaña en la capital, y ese tono lo imprime Alianza País en todo el Ecuador. Ellos marcan el discurso: hay que estar con la modernidad, con el progreso, dicen. “¿Acaso quieren volver al modo de producción de recolectores?”, dijo el presidente Rafael Correa en una última entrevista televisiva, de las que siempre se preparan en épocas electorales.

La oposición de derecha le sigue el compás: si Augusto Barrera ofrece el metro, Mauricio Rodas ofrece teleféricos para los barrios altos; en Cuenca se oferta el tranvía… Todos parecen querer convertir, en los próximos cuatro años, a las ciudades en una copia de las más modernas ciudades europeas.

Y son ofertas que, desde la perspectiva gobiernista, se hablan en presente, como si ya estuvieran en marcha, pero en realidad lo que se muestran son maquetas. Es decir, hay una auténtica revolución de las maquetas. Ese es el tono, pero ¿y los ciudadanos?, ¿y la realidad socioeconómica?, ¿la seguridad de los habitantes de carne y hueso?, ¿y lo identitario de cada zona? El cemento y el hierro parecen ser los nuevos habitantes de esas ciudades ideales vendidas en el márquetin electorero.

Ese tipo de campaña refleja un tipo de administración que quiere ciudades marca, vitrinas comerciales y no barrios populares, no interacción ciudadana solidaria y creativa. A esa perspectiva se opone una que, como lo explica Diego Velasco, arquitecto urbanista y docente universitario vinculado a temas de la cultura, es una perspectiva biourbanística. “Quito es un palimpsesto, una superposición histórico cultural en un paisaje que la humanidad debe valorar.

Nosotros debemos recuperar ese paradigma que ha sido siempre Quito en el concierto del área andina”, afirma. Y hace una síntesis apretada del camino que ha recorrido la ciudad en su historia: “Hablamos de un Quito paisajístico, como Cochasquí, es decir, en el que había una serie de tolas, que cuando llegaron los incas fueron suplantadas por los templos incas, los cuales no se construyeron con toda la posibilidad técnica ni el tiempo suficiente; llegaron los españoles y aprovecharon esas estructuras incásicas e hicieron los templos coloniales; llegaron los masones republicanos independentistas y empezaron a hacer sus estructuras neoclásicas, neogóticas, modernistas, llegó el modernizador Sixto Durán Ballén, luego Paz, etc.

 Y siguieron vendiendo la idea de modernidad, de progreso, pero nosotros creemos en un Quito del futuro, cosmopolita, pero con identidad. Quito tiene raíces de una cultura milenaria, histórica, significativa en el mundo. Esto no es algo nostálgico, porque nosotros planteamos que Quito es un palimpsesto, es decir una superposición, que debe ser valorada, y el turismo, aparte del comercio, será un turismo cultural mundial, como el de las ciudades de Roma, Barcelona, París, Venecia. Debería ser una ciudad tan fuerte en cuanto un turismo manejado por jóvenes, por niños, que son orgullosos de su identidad y viven en una época cosmopolita, además las identidades no son estáticas, no estamos hablando de volver a ser “indiecitos” volviendo al “taparrabo”, las identidades están en movimiento, y cada vez llega la gente de la Costa por ejemplo, sobre todo al sur, y así siguen reconstituyendo nuevas identidades”.

Esto lo corrobora otro intelectual, Pablo Yépez: “Este proceso (modernizante) se inició en la dictadura, con el boom petrolero, hace 40 años, proceso en el que se diseñó un Quito sin personalidad, con grandes edificios que pretendían simular las grandes metrópolis norteamericanas, claro, era el arquitecto de Boston el que vino a dar la mano de gato aquí y allá a la ciudad; más o menos lo mismo está pasando ahora, con el beneplácito de la SENPLADES y de la FLACSO.  No es casual que a los 40 años volvamos a la misma senda a través de la mega minería, para alcanzar el sueño del progreso y desarrollo.

Pablo Yépez, intelectual y poeta quiteño

Yo recuerdo una frase de Abdón Ubidia: ‘alzando el dedo como señalando al norte, todos vamos al norte, como símbolo de prosperidad’, y claro: toda la infraestructura está en el norte; el sur, al que da la espalda la virgen del Panecillo, ha sido olvidado y despreciado, no solo en las narrativas, sino en la gestión municipal”. Y agrega: “Cómo imaginar un Quito que nos cobije a todos, ¡sí! Por ejemplo: podemos disfrutar de los bulevares maravillosos, pero luego vamos a aterrizar en Pisulí, en la Roldós, y no solamente es esta ciudad de ensueño y cables soterrados, sino también del hurto y el drama, todo esto es el Quito actual, y ¿qué ha pasado luego de 4 años de administración? Su papel fundamental ha sido que la administración municipal funcione bajo los intereses del gran capital.

Si antes los grandes sitios de concentración eran las iglesias, ahora son los malls, y ustedes pueden ver la lógica de implantación urbana en relación a los malls; todos quieren ir al mall, pero en cambio ¿qué pasa con los pequeños comerciantes?, son perseguidos y reprimidos, porque afean a la ciudad, pero no consideran que detrás de ellos existe un sueño, porque tienen visones de futuro y una manera de vivir, y así han hecho de la ciudad una ciudad adoquinada pero sin vida, porque en el caso de la 24 de Mayo desplazaron a los cuenteros, a las putas –porque así se les decía en esa época-, los sastres, charlatanes, soldadores, afiladores, encantadores de serpientes, los revisteros, los choros –ahora todos estos están en el municipio-, en definitiva: había vida, pero esa ciudad no la queremos ver y la higienizamos.

¿A dónde mandamos a toda esa gente expulsada del centro histórico?, entonces es la política de la hipocresía y de la racionalidad esperpéntica, en el sentido de que no logra entender esta realidad mágica y contradictoria, esta realidad que convoca a todos en un espacio mágico en el cual todos cumplen su papel”. Pero, sin ser “obreristas”, como estos dos intelectuales califican al proceso administrativo vivido por la ciudad, será necesario resolver problemas básicos, como el de la movilidad. Y para ello Diego Velasco afirma: “El trole debe ser reactivado, debe haber mejores frecuencias y mejor dotación; cuando hablamos del sistema multimodal, si el 70%, es decir un millón 400 mil aproximadamente debe circular en condiciones insoportables, se dice que 500 mil o 600 mil personas van a transitar en el metro, en esos 23 kilómetros, que son la mitad de la mancha urbana de Quito, solo en el sentido longitudinal, sin considerar la parte periférica de las parroquias, entonces cómo hablamos de que vamos a resolver un problema de movilidad para 700 mil personas, según datos oficiales, si un millón 400 mil se desplazan diariamente de la manera más caótica.

“Tenemos quince mil taxis entre “piratas” y convencionales que están cooperados, cuando salen a circular los ocho mil piratas en ciertas horas y se genera un caos, cuando desaparecen estos vehículos, mágicamente desaparece ese caos. Es decir, hay una especulación con el tema de los taxistas, que resuelve a veces desplazarse no en sus vehículos, incluso otros han considerado tener dos o tres vehículos en una familia, pero son los sectores pudientes, una minoría; y no se diga toda la tributación que implican esas zonas azules que ha implementado el municipio.

“El paisaje de Quito es ideal para establecer “metroféricos” o sea metros aéreos. Qué bueno sería que un proyecto piloto que se inicie en El Panecillo, y en otro momento suba a la cima de la Libertad, vaya a Toctiuco, que vaya a Cochapamba, a Pisulí, incluso que vaya al Comité del Pueblo, y se establezcan así anillos concéntricos de policentralidades, donde se vayan redistribuyendo las condiciones de vida y de habitabilidad” dice Velasco.La inseguridad, afirma, está relacionada con la movilidad. “Muchos sectores que no tienen movilidad se vuelven inseguros, de modo que esta variable que es la estructura urbana influye sobre la movilidad y por ende sobre la inseguridad, sobre la calidad de vida en los diversos espacios, y da como resultado nuestra manera de vivir con miedo”.

Una perspectiva más humana, diferente a lo que la denominada “revolución ciudadana” vende, o impone. Una perspectiva que nos permite mirar al futuro, sin dejar las esencias de lo que nos ha constituido como sujetos históricos.

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