Ecuador: caso bonil, ¿Supercom caricaturizada por su propia mano?

5 febrero, 2014

Imagen-Ecuador: caso bonil, ¿Supercom caricaturizada por su propia mano?

POR FRANKLIN FALCONÍ/QUINCENARIO OPCIÓN

Tal vez la mejor caricatura que Xavier Bonilla, Bonil, nos ha mostrado en los últimos tiempos es una que se realizó en tres dimensiones, con personajes de carne y hueso, con palabras habladas y no escritas… Nos referimos a la primera audiencia en la historia del Ecuador, en la que un organismo inquisidor de la comunicación, creado por Ley en el 2013: la Superintendencia de Comunicación e Información (Supercom), sometió a juicio a este caricaturista por uno de sus dibujos.

Y Bonil llegó para ilustrar esa viñeta con dos gigantes ápices: el uno normal, que permite escribir y de vez en cuando borrar, cuando se cometen errores, y otro que más que lápiz es borrador, “ese es el que nos propone el gobierno, el otro (el primero) es el que queremos los caricaturistas, los periodistas”, dijo. Llegó con humor y enfrentó al Tribunal en ese tono, puesto que, como dice José Peña González en su libro “El único estadista”, “El humor político suele ser, con frecuencia, el último recurso de la inteligencia para las situaciones de falta evidente de libertad de expresión”.

Bonil llegó a la audiencia con estos dos lápices gigantes

La audiencia parecía un acto de chiste, y no por lo que dijera Bonil, sino por algunas de las cosas que argumentaron los acusadores de la Supercom, como aquello de equiparar la caricatura con un reportaje, con el fin de que cumpla los principios que establece el artículo 10 de la Ley de Comunicación, es decir, que el periodista debe abstenerse de omitir y tergiversar intencionalmente la información u opinión, y que debe respetar los derechos de autor y las normas de las citas.

 “Con esa lógica, si usted cuenta un cacho debe hacerlo con citas bibliográficas”, sostiene Ramiro García, abogado de Bonil. “¿Será que los rostros de las caricaturas deben estar entre comillas?”, se pregunta en cambio el caricaturista en tono irónico.

Lo absurdo de este proceso administrativo está, según García, “en que se pida explicación de una caricatura, y se disponga la sustentación de esa caricatura en información contrastada. Esto no tiene el menor sentido. Y lo otro realmente demencial es considerar que la caricatura es una forma de agitación social, esto no solo es tirado de los cabellos sino que termina vulnerando todos los derechos a la información, a la opinión y a la comunicación consagrados en la Constitución”.

Otro absurdo también cuestionado por Bonil es que se pretenda que el caricaturista tenga que respetar los derechos de autor de las diversas personas que dijeron o hicieron algo y que van a ser caricaturizadas; es decir, que se tenga que pedirles permiso para reproducir lo que dijeron o hicieron.

¿Cuáles serán los elementos de juicio de la Supercom para dictaminar una sanción? Para García, es absurdo pensar que pueda existir una normativa tan específica, que norme cómo ha de trabajar un caricaturista. “Si la normativa hiciera o dijera eso, simplemente sería inconstitucional, porque la Carta política establece la libertad de expresión, y no puede haber libertad de expresión si se entra a regular aspectos específicos y en detalle de la comunicación”.

Al cierre de esta edición llegó la sentencia que sancionaba a Bonil obligándolo a rectificar, mientras que al diario El Universo se le imponía una multa de 2% de los tres últmos meses de facturación ¿Es posible que esto quede como precedente jurídico que permita aplicarse los mismos criterios, por absurdos que parezcan, a otros caricaturistas, o quizás al mismo Bonil?

“Cualquier cosa puede pasar”, dice Ramiro García, “estamos en un momento en el que se pretende imponer una autocensura a los medios, y cuando ésta no funciona empiezan los mecanismos de censura directa por parte de los órganos gubernamentales, y esto sí es gravísimo para el marco constitucional.

 La Supercom ha sido objeto de burla nacional e internacional por ese tema. Ha sido, ahora sí, caricaturizada por ese proceso administrativo. Es tan fuerte la opinión negativa que ha generado, que yo esperaría que de aquí en adelante lo piensen dos veces antes de volver a hacer algo así”.

El humor, un arma efectiva

 “La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos”, sostiene Darío de Fo, italiano, actor y escritor, premio Nobel de literatura de 1997. Y cuánta razón tenía.

El mismo Sigmund Freud en su texto: “El chiste y su relación con lo inconsciente”, reflexiona acerca de lo poco que se habían preocupado los filósofos de esclarecer esta temática, pese a lo trascendente que es para el destino de las personas. Freud, en esa obra, hace un análisis sobre los planteamientos de autores como Jean Paul Richter, Theodor Vischer, Kuno Fischer, Von Kraepelin y Theodor Lipps en cuanto al chiste y su relación con la gracia o la comicidad.

Así, Fischer habla del “juicio que juega”, y lo explica como una actividad de carácter lúdico, más cercana a lo artístico antes que a lo periodístico, por lo que, evidentemente, la caricatura de Bonil, así como cualquiera otra, debería valorársela bajo el concepto de libertad creativa. “Libertad equivale a chiste (entendido como la facultad de generar algo gracioso). El chiste es un mero juego con ideas”, afirma Jean Paul.

Otra versión sobre lo que es un chiste la da precisamente Jean Paul, quien habla de lo semejante; es decir, el chiste se crea a partir de la relación que una idea hace de otra, parecida pero diferente al mismo tiempo, y eso es lo que causa gracia; en este sentido, la caricatura busca esa semejanza y al mismo tiempo diferencia al exagerar los rasgos de las personas. ¿Puede la Supercom juzgar cuándo se ha exagerado demasiado? ¿Es imaginable una ley o disposición que reglamente cómo se ha de exagerar la realidad en la caricatura?

Otros, como Kraepelin, plantean que el chiste se origina en el contraste de representación, es decir, en asociar ideas que parecen ser totalmente incompatibles, pero que se encuentran unidas en una relación que provoca gracia; y podríamos poner como ejemplo los tres primeros cuadros de la caricatura demandada, en los que aparecen unos golpes a la puerta con la frase: “Regale la navidad”, posteriormente se ve a quien parece ser Fernando Villavicencio abriendo la puerta y luego se ve el ingreso violento de la policía al departamento del político de oposición. Al hacer una lectura acerca del escenario en el que se produjo el allanamiento, se puede entender como incompatible la actitud navideña que en esos días existía entre los ecuatorianos (el allanamiento se produjo el 26 de diciembre, un día después de Navidad), con el acto violento que se produjo en el departamento del político de oposición (una incursión policial a la medianoche es de por sí un acto violento).

Esa oposición de ideas es lo que produce el chiste en la caricatura; así como la que muestra a los policías llevándose varios objetos, entre ellos lo que parece ser un microondas; evidentemente el fiscal y los gendarmes no se habrán llevado ese tipo de objetos, pero de eso se trata el chiste, de asociar ideas que parecen no tener relación entre sí, de exagerar la realidad.

El chiste surge también, según lo relata Freud, en el “sentido del sin sentido”; y en la sucesión de desconcierto e iluminación; es decir que, en principio, el planteamiento de un caricaturista, por lo sin sentido que parece inicialmente, causa desconcierto, pero cuando se lee la idea oculta que se quiere comunicar, ese sin sentido cobra sentido, y entonces hablamos de que el lector se ilumina, es decir, triunfa en la interpretación de la caricatura; eso la hace efectiva como medio de comunicación.

Como explicaba el mismo Bonil en un diálogo anterior con OPCIÓN: “el gobernante intolerante puede no encontrar razón en una caricatura, pero no le molesta tanto en cuanto que el lector, el público sí la encuentre; es finalmente la gente la que al reírse vive un triunfo imaginario sobre el personaje dibujado. Un Presidente acostumbrado a tener la última palabra en todo, no puede darse el lujo de no salir triunfante en un chiste o en una caricatura”.

En este sentido, nos quedamos con las palabras de José Peña González: “Sucede en ocasiones que proclamándose con toda vehemencia el derecho inalienable a la libertad de expresión, el poder político suele blindarse con determinadas medidas para restringir aquella parcela de la libertad que más daño puede hacerle… Sin embargo, y aunque pueda resultar difícil de entender, a veces la falta de libertad, al obligar a los humoristas a extremar sus medios para evitar la censura, suele producir magníficas obras y crear un clima muy apropiado para las creaciones del humor político”.

De cierta forma, hay que agradecerle al poder por la posibilidad que nos da de seguirnos riendo de él.

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