Ecuador: “El candidato perdedor”

27 febrero, 2014

Imagen-"El candidato perdedor"

 

Por Soc. Fausto Giraldo

Concluido el último proceso electoral para elegir prefectos, alcaldes, concejales y vocales de las Juntas Parroquiales, podría realizarse varios análisis que identificarían las causas del comportamiento electoral de la población y reflejado en los resultados, esto por cuanto en cada una de las localidades existen particularidades que permiten establecer los motivos que llevaron a las y los habitantes de favorecer con su voto a unos y otros candidatos.

En muchos de los casos tiene que ver con el conocimiento de la mala calidad de gestión que los candidatos que promovían en su mayoría la reelección, desarrollaron durante su periodo: obras incumplidas, el no haber solucionado los problemas de las ciudades, incapacidad, arrogancia, corrupción, entre otros aspectos negativos, como son los candidatos del oficialismo; también existió una influencia de la presencia de los denominados cacicazgos, personales o partidistas, en los que los habitantes observaron, quizá equivocadamente, como su alternativa electoral, como lo sucedido en Guayas, El Oro y otras; y, aquellos que aun minoritariamente lograron con su gestión demostrar que constituían en una verdadera propuesta de reivindicaciones y transformaciones sociales, como por ejemplo los resultados de las provincias de Cotopaxi y Esmeraldas.

En estas circunstancias los resultados electorales podría decirse son efectivamente consecuencia de muchos de los elementos antes dichos y que otorgan triunfos para unos y derrotas para otros, sin embargo lo más relevante en los derrotados hay un denominador común: “UN CANDIDATO PERDEDOR”, aquel que en primera instancia como parte del marketing electoral dispuso que su rostro sea colocado en toda la publicidad electoral bajo el supuesto de dar fuerza a sus candidaturas pero que a la postre no logró endosar la aparente imagen y popularidad y al contrario la gente logró discernir el momento de la coyuntura política y “no comió cuento”, pues decidió elegir por los contrarios, así sea en muchos de los casos por la diferencia de color.

Este “Candidato Perdedor” desarrollo su campaña proponiendo que eran un equipo de trabajo y que sin ellos en los poderes locales su proyecto político y la mal llamada revolución no iba a continuar, llegando incluso a poner en tela de duda la asignación de recursos para la gestión de los organismos provincial, cantonal y parroquial.

El “Candidato Perdedor” utilizó todos los recursos del Estado en todos los ámbitos: movilización y transporte, asistencialismo social con la entrega de palas, picos, kits alimenticios, medios de comunicación públicos, talento humano contratado, dinero en efectivo, logística, inversiones y contratos de última hora; la misma concentración de poderes permitió someter a los organismos de control a sus designios, cadenas mediáticas, chantaje a sectores como el de los transportistas, beneficiarios del bono solidario, afiliados a la seguridad social, a los planes de vivienda, al taxismo, a los comerciantes, en fin prácticamente todo lo que tuvo a su alcance para obligar a generar la idea de que en nuestro Ecuador ellos eran mayoría.

El organismo electoral constituyó una pieza clave del “Candidato Perdedor” para poder desenvolverse libremente en esta época: no hubo control efectivo ni de la abusiva propaganda en medios oficiales, ni de la multimillonaria campaña publicitaria que sobrepasó el límite del gasto electoral, peor aún del insulto permanente y la transgresión constante principalmente a las fuerzas de la izquierda en todas las latitudes de la patria.

Qué decir de la cómplice colaboración de su abusiva actuación ejecutada por una Asamblea Legislativa que también tomó partido y decidió no cumplir con su labor, primero otorgar “licencias” al líder del “Candidato Perdedor” y segundo sumarse a un periodo de vacancia para según ellos impulsar su proyecto, y con estas licencias de “cuarto de tiempo” permitir que este líder haga uso de bienes públicos para su traslado y estadía que luego con escasas horas de “independencia gubernamental” haga proselitismo politiquero.

Vistos los resultados, al parecer el rostro, los recursos y el abuso en el uso de los bienes del Estado no le han sido suficientes para obtener la voluntad popular, porque ya en las ciudades más importantes del país, principalmente las capitales de provincia acaban de tener una derrota incuestionable a la que se incorpora su derrota en la mayoría de las prefecturas, aunque aún hace falta evidenciar los resultados para las concejalías y vocalías de las juntas parroquiales.

El “Candidato Perdedor” no es simplemente una persona, otra cosa es que se haya personificado en su máximo líder; es un modelo de gobierno, un proyecto al que lo denominan revolución que ya ubicado en el contexto local hace evidente su orientación de modernización capitalista, concentrador de poderes, que en realidad no ha solucionado problemas fundamentales de la población, que no ha resuelto el tema del desempleo y el tan afamado buen vivir por el cual la mayoría de Ecuatorianos le apostamos con la Constitución de Montecristi.

El “Candidato Perdedor” en muchos de los casos es el resultado de su modelo extractivista y minero que justamente en donde existen proyectos de esta naturaleza le pasan la factura y el oficialismo pierde las elecciones; es el resultado de su autoritarismo y prepotencia en donde quiso, bajo el dominio de las instituciones jurídicas y de control desacreditar a la izquierda destituyendo de los cargos a sus referentes, por ejemplo, y justamente allí los revolucionarios vuelven a ganar.

Lamentablemente no todo este resultado es positivo para los sectores populares, en Quito, Guayaquil, Machala y otras por ejemplo, también “el candidato perdedor” es el común denominador, allí obtienen un triunfo fuerzas políticas que representan a los intereses de aquellos sectores del poder económico dominantes, sin embargo no es menos cierto que esos sectores se mostraron en este momento como la alternativa social frente a este modelo del gobierno central y las propias incapacidades de quienes han administrado como parte del oficialismo ciertas ciudades, Quito como ejemplo.

Los resultados abren una puerta importante a la necesidad de que los habitantes de nuestros territorios realicen una verdadera valoración del modelo capitalista modernizado impuesto con el poder del “marketing electoral”, no es cuestión de aprovechar el escenario por aprovecharlo sin antes desarrollar un intenso debate principalmente de las condiciones de vida que tenemos, cuáles son las que necesitamos y quiénes podemos hacerlas realidad de forma organizada y participativa, mirando el pasado para no volver a él y tomando en cuenta el presente para no repetirlo, bajo la idea de que otro Ecuador que nos permita vivir bien, sí es posible.

Fuente: ecuadorlibrered.tk

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