Ecuador: Notas sobre la derrota que el gobierno no quiere ver

18 marzo, 2014

Imagen-Ecuador: Notas sobre la derrota que el gobierno no quiere ver

Por Edgar Isch L.

Tal vez uno de los mayores méritos del aparato de propaganda del régimen sea su capacidad de construir falsas realidades, que las presenta como verdades indiscutibles, descalificando cualquier otra perspectiva.

Prefieren no discutir los argumentos contrarios, recurriendo cada semana a los insultos contra el que piensa diferente o a la muletilla que “no resiste el menor análisis” algo que no quieren (o no pueden) analizar. Tan habitual como ello es que los gobiernistas alteren hechos, vean la realidad a medias o, en fin caigan el uso de falacias como fórmulas para hacer creer sus mentiras.

Con ello se hace necesario profundizar en el análisis de unos pocos argumentos gubernamentales sobre su supuesta victoria el 23 de febrero para darles mayor precisión.

La derrota electoral

Dicen que Alianza País es la primera fuerza electoral, y eso es indiscutible. Pero ahora ya no alcanzan el 50% de los votos, además que sus logros quedan muy por debajo de los objetivos que hicieron públicos y eso marca un serio retroceso. Pongamos un ejemplo de otro campo para tener otra perspectiva. Si una selección de futbol se propone lograr al menos el subcampeonato mundial y llega cuarto, es una derrota a pesar que su resultado sea el mejor de su historia.

Más si esa selección tenía controladas las condiciones del juego y sus oponentes reconocían que sus victorias anteriores les ponían en condiciones adecuadas para ese logro. Tenían condiciones para “barrer”, lo dijeron, y terminan con menos de la mitad de prefecturas menos de la tercera parte de alcaldías, perdiendo en alcaldías de alta población que controlaban.

Un poco más sobre los datos. La misma noche de las elecciones, sumando a sus aliados más cercanos Rafael Correa decía: “Juntos, aunque todavía no hay datos definitivos, alcanzaremos cerca del 70% de alcaldías. De lejos, AP es el movimiento más votado. AP ha ganado casi el doble de prefecturas que el 2009.-…” (El Telégrafo 24 de febrero de 2014). Hay tres afirmaciones:

-           Primera: Que logran “cerca del 70% de las alcaldías”. En realidad PAIS, Avanza y PS sumados logran 118 alcaldías (ver Enlace Ciudadano del 1 de marzo). Si el 70% de 221 alcaldías en disputa es de 155 (redondeando), con 118 logradas los gobiernistas solo alcanzan a 53%. Claro, el gobierno quiere ahora sumar a gente de vieja línea derechista como el ganador a la alcaldía de Manta o a quién les derrotó en Cuenca, todo para reducir la imagen del objetivo no logrado y no quedar tan mal. Además, semanas antes se hacía gala de contar con el apoyo de 180 alcaldes que, en muchos casos, viraron sus posiciones políticas para apoyar al gobierno y que, igualmente en muchos casos, perdieron la reelección.

-           Segunda: que es el movimiento más votado. Ya señalamos que eso es así, pero con una importante caída en el porcentaje de votos, como veremos adelante.

-           Tercera: Que AP ha ganado “casi el doble de prefecturas”. Si, contando con las logradas en alianzas, en 2009 tuvieron 9 prefecturas y en 2014 tienen 10 prefecturas, está muy lejos del doble. Casi marchan en su propio terreno.

La derrota política

Pero no es solo una derrota electoral desde este punto de vista. Es ante todo una derrota política porque quedó demostrado que al correísmo se lo puede vencer en elecciones a escala nacional. Si según sus propias estimaciones del Enlace Ciudadano de 1 de marzo, su acumulado de votos a nivel nacional es de 39,5%, quiere decir que la mayoría prefirió otras opciones, que ahora no son mayoría sino la mayor de las minorías. Y ese porcentaje está muy por debajo de los resultados logrados un año atrás (57,17% para el Presidente Rafael Correa y 52,30% para los asambleístas de Movimiento PAIS).

La pérdida de la imagen de fuerza invencible y el cambio del mapa político obligará al gobierno a replantear tácticas y alianzas si quiere evitar que este sea un camino sin retorno.

Importante retroceso en apenas un año, que es otra expresión de derrota a nivel nacional. Esto sin desconocer las diferencias entre elecciones locales y nacionales, pero las diferencias no son pretexto para olvidar que las elecciones de Asambleístas provinciales tienen también carácter local y que, entonces, habría que plantearse la diferencia, por ejemplo, entre haber captado la totalidad de cinco asambleístas en Azuay hace un año y perder ahora la Prefectura y mayoría de las alcaldías de la provincia, incluyendo Cuenca, siempre con los datos provisionales. Igual nos sirve de ejemplo el caso de cinco asambleístas de AP que renunciaron para participar en febrero de 2014 y esta vez perdieron las elecciones. Estos y muchos otros reveces locales solo son parte de una derrota nacional.

En referencia a sus aliados, en campaña se los sacó del carro de la llamada “revolución ciudadana” cuando se llamó a “no dejarse engañar” y votar por la 35 como única representante del gobierno, es decir de Correa. Ahora, se suma sus votos con gran simpleza buscando mejorar la presentación de resultados, queriendo olvidar que en algunos casos desde Avanza se realizaron unidades electorales con opositores. Es decir que es la indiscutible derrota política la que les obliga a plantearse ahora el fin del “sectarismo”. Ahora pretenden ser menos sectarios hacia personajes de la derecha, más ni una palabra respetuosa se dirige hacia las organizaciones populares.

El gobierno se plantea, en primer lugar, trabajar con Avanza, partido que se califica de social-demócrata y que pretende recuperar a los personajes de la vieja Izquierda Democrática. Esto implica que Correa regresa su mirada a los herederos del gobierno de Rodrigo Borja en el cual se provocó enorme daño a los derechos laborales y se impulsó el neoliberalismo con un discurso social.

Esto último y las acusaciones contra figuras que se supone representan a la izquierda en el interior del gobierno, confirma que cada vez son menores las diferencias de fondo entre la derecha neoliberal que hoy aparece parcialmente recuperada y el reformismo desarrollista en el gobierno. Entonces, la amenaza es que se repita una transición desde el reformismo hacia una derecha más descarnada, como ha pasado en la historia política de muchos países que vieron al reformismo abrir las puertas a la reacción.

No es solo el extractivismo lo que los une, sino la mayor parte de su manera de entender el proceso de modernización capitalista. Por eso, ya el año pasado Correa aplaudió a la oposición “sensata” de CREO y continuó en su ataque y criminalización a las fuerzas de izquierda. Por eso mismo, ahora aparece la “caballerosidad” en el trato entre Barrera y Rodas para una transición ordenada en Quito y la misma actitud en otras partes del país. Entre los defensores y modernizadores del capitalismo, en última instancia, hay la capacidad de superar sus diferencias.

En realidad allí se observa el viejo anhelo de un bipartidismo que no ponga en riesgo al sistema y que se lo planteaba desde la década de los años 90. Para ello el método de repartición de escaños de Hond’t se les presenta muy útil, procurando eliminar a otras partidos y movimientos. Los resultados hablan de la presencia heterogénea de fuerzas políticas y que no logran la construcción del bipartidismo entre fuerzas que den estabilidad al Estado capitalista. Por hoy es visible que continuaran insistiendo que hay una oposición de derecha y un gobierno distinto, para generalizar la idea de que no hay más alternativa que escoger entre una derecha neoliberal y un reformismo desarrollista, que dos facciones de las mismas clases dominantes y por ello, son expresiones de derecha política.

El gobierno se ha empeñado complementariamente en el ataque al MPD, Pachakutik y dirigentes de las izquierdas. Allí encuentra otras derrotas políticas en este proceso porque no solo las izquierdas logran una importante presencia, sino que su extinción está muy lejos de ser realidad. Son varios los líderes sociales perseguidos por el régimen que han logrado victorias electorales en provincias como Esmeraldas, Zamora, Orellana, Cotopaxi, Morona y Azuay. Lugares donde la población enfrenta proyectos extractivistas, incluyendo Cotacachi, como la ampliación de la frontera petrolera y la minería, y que demuestran que en esos temas hay franjas populares cada vez mayores que rechazan la política económica del régimen.

Fue el gobierno el que en campaña minimizó a todo el país y desde allí se señaló que en Quito se ponía en juego la que ellos llaman revolución ciudadana. Ahora dicen, cuando otros dan importancia a su derrota en Quito, que eso es regionalismo. Fue Correa quien dijo que en Quito se jugaba el futuro de la “revolución ciudadana”, que era por más que por un alcalde que se debía votar en la ciudad. Y bueno, la mayoría le rechazó, un gran porcentaje antes que un voto de respaldo a Rodas, se pronunció contra el autoritarismo. Este voto democrático es uno de los aspectos más relevantes de estas elecciones.

Además, desde el gobierno repiten que si el voto quiteño fue de oposición a temas como la explotación del ITT o los ataques a las libertades reflejados en casos como el de Jaime Guevara o de Bonil, debieron perder también la prefectura, la cual ganaron de manera holgada. Pero el Presidente se propuso reemplazar al candidato a la alcaldía, no al de la prefectura; realizó una carta pidiendo el apoyo a Barrera; personalmente difundía los pretendidos logros municipales; entre otras acciones que condujeron a que en Quito la votación, ante todo, estuviera alrededor de la figura del Presidente. Sin negar, por supuesto, el rechazo a la gestión de Barrera como alcalde.

El campo ideológico y organizativo

En el caso de Guayas, quién logra la reelección es un aliado que les da el triunfo luego de una carrera que incluye su paso por la derecha y el populismo. Sin Jairala como candidato no habrían tenido a quién colocar en ese puesto con garantía de lograr el éxito. Pero, que en Guayaquil un alto porcentaje pueda votar por Nebot y simultáneamente por Correa, confirma que esa mayoría no mira diferencia sustancial entre las propuestas y estilos. Allí dan inicio a sus dificultades en el campo ideológico, pues cada vez es menor la imagen de que se trata de un gobierno que enfrente a los poderosos grupos económicos con los que ahora negocia abiertamente.

Este es un terreno en el que no se pueden medir los cambios, sino constatarlos en los hechos. Y se puede observar que igual que en Guayaquil, en otras partes del país hay un porcentaje creciente de personas que pueden votar por Correa y la derecha neoliberal en el mismo día.

El vacío de sentido de frases supuestamente revolucionarias, se refleja en el mismo uso de la expresión de “proceso”, el cual habría logrado su décima victoria electoral. Pero ¿Cuál proceso, cuál proyecto? Las primeras victorias corresponden a las de un Rafael Correa que sumaba fuerzas con la izquierda, recogía las demandas de los movimientos sociales y era actor fundamental para la nueva constitucionalidad del país. Pero ese proyecto poco tiene que ver con el que se va reforzando a partir de la elección de 2009. Esas victorias electorales no son sumables a las de ahora, cuando el proyecto político parece quedarse en encontrar la fórmula de mantenerse en el gobierno y desde allí impulsar la modernización del capitalismo y gozar del poder.

Esto va generando mayores inquietudes en una población que busca el debate que aclare la realidad y proponga salidas válidas. Sin embargo, parte de los logros ideológicos que había logrado el gobierno con anterioridad y que se relacionan con mecanismos de clasificación social, endurecimiento de las normas penales, control gubernamental y otros ligados al pensamiento conservador, permanecen y por ello no se puede decir que hay una plena derrota gobiernista en el campo ideológico, sino que se muestran fisuras por donde las izquierdas pueden penetrar el edificio de la modernización y quitar la careta revolucionaria a un régimen que no lo es.

En lo organizativo, se hicieron públicas las disputas internas por los cargos y candidaturas y, ahora, abiertamente con importantes aliados. Se quejan públicamente de unas estructuras de base que constan solo en números y reconocen la debilidad de sus cuadros locales, muchos salidos de las viejas filas de la partidocracia y el populismo.

Correa frente a la posibilidad de una derrota en Quito afirmo: “Entonces empezaría un periodo muy serio de ingobernabilidad, no sé si desestabilización, porque tenemos un gran apoyo popular, pero eso puede cambiar de la noche a la mañana con una buena mentira de los medios”. Si una sola mentira de los medios, a los que dice que nadie lee ni escucha, puede ser suficiente, es porque siente la debilidad en el convencimiento popular y real falta de organización. Alianza PAIS es un aparato electoral que requiere la presencia de su líder para superar las pugnas internas y llegar al electorado. No es una estructura ideológica, por lo que el asistencialismo y obras es la forma prioritaria de ganar hegemonía, forma que resulta débil y que puede perderse fácilmente ante alguien que ofrezca más.

De aquí nace otra consecuencia de la derrota. Tan pronto como se van sabiendo los resultados, se proponen cambiar la Constitución para permitir la reelección del actual Presidente. En Alianza PAIS y sus aliados se siente la falta de cuadros y la insuficiente solidez de su apoyo social. Los nuevos y viejos integrantes de la partidocracia que está integrados a sus filas, le ha permitido ocupar los espacios geográficos del populismo, pero no les garantiza nada para el futuro.

No todo está dicho

El sacudón de este proceso electoral tendrá consecuencias cuyo desenlace dependerá de lo que realicen los distintos sectores políticos y sociales. Las diferentes expresiones de la derrota del gobierno son un importante golpe, pero tiene el poder, lo que le brinda capacidad de recuperación. No es una derrota definitiva, pero puede ser el inicio de su descenso, según también se expresen las capacidades de maniobra de la derecha neoliberal y las izquierdas plurinacionales.

A las fuerzas populares y de izquierda se les ha abierto un gran espacio de trabajo. Todos los votos por democracia y contra el autoritarismo evidencian el ámbito donde fortalecerse, igual que en el sector de desilusionados del régimen. Los retos de las izquierdas están en continuar de mejor manera su acción junto a los sectores en lucha, enfrentar al extractivismo que alimenta a transnacionales, trabajar por la clarificación ideológica contra el capitalismo y fortalecer organizaciones con independencia de clase, al margen de las maniobras de cooptación desde el poder. Diferenciarse claramente de la oposición de derecha es sin duda otro paso importante.

Por lo pronto, todos los sectores populares y democráticos deben apoyar el llamado de Yasunidos a firmar por la consulta para dejar el crudo bajo suelo en el ITT. Lograrlo, será otra derrota del desarrollismo basado en el extractivismo que significa destruir los bienes comunes necesarios para las gobernaciones futuras.

Fuente: ecuadorlibrered.tk

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