De leyendas orientales, celebraciones cosmicas y treguas bilaterales

13 mayo, 2014

Imagen-De leyendas orientales, celebraciones cosmicas y treguas bilaterales

Por Arturo Prado Lima

En algún lugar del Himalaya, entre los elevados picos y montañas, hay un valle donde, según la tradición oriental, durante el plenilunio de Tauro, en la luna llena del mes de mayo, (el 14 de mayo este año), se dan cita los seres iluminados que sostienen los mundos y los multinuversos que rodean la existencia cósmica.

El evento es conocido como el Festival de Wesak y a él están invitados todos los seres de la tierra que aspiran a una nueva vida.

La escritora británica Alice Bailey, ( Manchester 1880 –  New York 1949)   dice que el festival se realiza en honor al natalicio de Siddharta Gautama, el Buda. De allí que todos los Budistas que pueden se acercan a este valle con el sueño de ver a la energía del Buda materializada. Es decir, ver en persona a su amado maestro.

Pues bien, los grupos esotéricos de ayer y de hoy dan un realce especial a esta fecha por una de las razones más certeras en cuanto a la supervivencia de la especie: la unidad de pensamiento frente al destino de la raza humanidad. Al evento no sólo acude el Buda, sino también todos los maestros de luz, pues esas entidades maravillosas son el soporte espiritual de todo ser viviente, el eje superior sobre el cual giran las galaxias y  los infinitos mundos que nos rodean.

No hay diferencia entre ellos. No hay religión entre ellos, como acontece entre nosotros. Hay un sueño: el plan superior de la humanidad y evitar de esta manera el sufrimiento en todas las escalas de la vida. Entiéndase como soberanía alimentaria, política, económica, social judicial, energética y ecológica, es decir la distribución equilibrada de todas las riquezas del planeta ya que todos tenemos derecho a ella.

Puede que esta sea una leyenda de oriente, aunque el lugar existe en la realidad. Pero más que todo, este es un lugar espiritual. Traducido a la metafísica occidental, el Festival de Wesk es un lugar donde cada ser viviente de la tierra se da cita para hablar sobre su propia existencia, para aceptar las diferencias, para aprender a  convivir en sociedad y solucionar los conflictos individuales y colectivos recurriendo a la energía pacificadora antes que a la fuerza bélica como hoy pretendemos solucionar nuestras diferencias sociales, políticas o económicas.

El Valle de Wesak es un lugar en nuestro corazón, oculto para la inmensa mayoría de los mortales. Ese lugar no existe en occidente y tiende a desaparecer en el propio oriente gracias al capital buitre y las tiranías financieras que sólo dan valor al ser humano y las sociedades en general de acuerdo al consumo y la plusvalía que generen.

Durante la lectura de estos temas, pensé mucho en Colombia y no pude evitar un sueño: que ese valle estuviera en nuestras selvas y ciudades, o mejor que mejor, en nuestros corazones. Ese Festival de Wesak podría ser perfectamente una tregua a la guerra civil que nos asola desde hace medio siglo. La tregua, tal cual ese valle mitológico y real al mismo tiempo, sería el espacio correcto para abolir la forma de dirimir los conflictos que nos aquejan como sociedad y grupos humanos. No para acabar los conflictos. Ellos seguirán existiendo. Sino para que su solución no sea a tiros, sino con soluciones políticas.

Sería un alivio para la humanidad ver florecer un Valle Wesak en Venezuela donde se ahogen para siempre las guarismas, en Nigeria donde los Boko Haram desaparezcan sin que su huella criminal se recuerde en los nuevos tiempos, en Ucrania o en Siria, el México o en Egipto.

En Cololmia, antes que  buscar ese lugar en San Vicente del Caguán, En Caracas, en México o en la Habana, ese lugar tendríamos que buscarlo en nuestro corazón. En nuestro interior, en nuestra fuerza extraordinaria de aportar energía positiva y creadora para corregir los desequilibrios ideológicos que se traducen en injusticia, muerte y sufrimiento.

También he pensado que la tregua sería una buena bandera para la actual campaña electoral.  Desde el punto de vista del Festival de Wesak, sería un llamado a la creación de un espacio interior para pensarnos como país, como colombianos, como creadores de vida, tranquilidad y justicia. Como hacedores de paz.

Si aplicamos las palabras de Eisten citadas por José José Mujica, “si todo sigue igual por qué no hacemos otra cosa”, deberíamos ensayar otras fórmulas más osadas para acabar con el miedo y la muerte en Colombia y en todos los países que hoy padecen las dictaduras criminales del gran capital.

@arturopradolima

Compártenos y Síguenos en:
  • Bitacoras.com

Previous post:

Next post: