Sexo, pudor y poder

14 mayo, 2014

Imagen-Sexo, pudor y poder

Por Tomas Rodríguez León

La libertad es la condición ontológica de la ética; pero la ética es la forma reflexiva que adopta la libertad.

Michel Foucault

El moralismo nunca fue revolucionario, el espíritu conservador y el puritanismo sexual caracterizaron en todas las épocas al pensamiento retrogrado.

La santa y severa inquisición afinó su puntería criminal contra los delitos del cuerpo, lo inmoral sexual resulto punible como ofensa a las leyes de la sociedad y de Dios. La reacción victoriana se encargó de enfatizar lo sexual como lo definible moralmente, los fascismos persiguieron a los cuerpos liberados y los totalitarismos de toda laya crearon catecismos morales obligados.

La relación moralidad sexual y política fundamenta la gobernabilidad extrema, a las castas del poder no le bastan el dominio de los escenarios circundantes. Los regímenes ven en el cuerpo individual una amenaza libertaria (y ciertamente lo es), entonces, la calificación moral es inmanente a la conducta del poder, porque la (in)moralidad personal atenta contra el principio de vigilancia normativa y la intimidad incomoda la vigilancia. La irreverencia del placer no consentido es razón disciplinaria suficiente para justificar su prohibición. En su dimensión maniquea, las clases dirigentes hablarán en nombre de los derechos de las mayorías y harán creer al conjunto que una «mayoría moral» es la que impone límites a la libertad de los «inmorales», a la que se suma un inventario cultural forjado e importado desde el dogma religioso: el «acto inmoral» debe ser un delito.

La ciencia jurídica como parte de la superestructura de dominación determina cuándo es válido o no prohibir un acto (in)moral, e instala una dicotomía – moralismo legal y trasgresión personal – asentando el principio de que es el estado el fijador de límites y el calificador de la moral pública necesaria.

La despenalización del homosexualismo, la prostitución, e incluso el sexo oral son acontecimientos tardíos en el mundo occidental. En 1965 se condeno a un sujeto ligado a la revista Play Boy cuando se le descubrió en acto de felación con su secretaria, hecho calificado de inmoralidad y sodomía.

El estado garantista consolida su propuesta ética en el pensamiento panóptico, y son los argumentos morales los que justifican el control punitivo. Al igual que el pensamiento clerical de antaño, lo simbólico se entrecruza con lo real y lo imaginario. Por eso, el tema de la imagen será contundente e importará tanto o más que el mismo acto calificado. Así por ejemplo, y en forma simbólica, el estado promueve la prohibición de tomar cerveza en el santo día domingo (a comer ceviche con yogurt, se ha dicho) y en el educativo día lunes de inicio de clases se prohíben los lunes sexis. La apariencia importa, la decencia es significativa.

La hipocresía victoriana, la asunción del veto en el poder calificador de lo púdico en lo público, espanta con sus contradicciones pedagógicas: en un mundo en el que es permitido la imágenes de descuartizados cuerpos, fotografías de espanto y muerte por las guerras y desastres, niños famélicos de hambre, se prohíbe la exposición del cuerpo de la mujer ¡sobre todo el día lunes¡

La comercialización de la imagen de la piel, siempre tuvo vendedores y compradores y dan asco los vendedores, pero es un deleite sensual el desnudo humano, bello seria un movimiento liberador de todas cadenas mercantiles. Confirmemos, jamás será el estado con sus actos impúdicos y corruptelas crónicas, el juez probo de la moral individual y social. Ni serán los burócratas de dudosa reputación quienes juzguen el bien y el mal de mi conducta ni de mi mirada.

Post Data

1. La exposición del cuerpo tiene sus curadores burócratas políticos que sentencian qué es artístico, y qué impúdico. Los hermosos desnudos de la revista Soho evaden con estética depurada el ojo visor. Los cuerpos bellos y provocativos de las mujeres de los días lunes no pasan más al sensor ¿se juzga la provocación erótica? ¿Se quiere educar a las masas en lo artístico y púdico, considerando vulgar el lenguaje elemental que consumen los de abajo?

2. El pop-art asumió el sexo como algo natural. En el marco de la liberación sexual de los años 60, la revista Playboy de Hugh Hefner irrumpe contra la hipocresía moral, sobre todo en EEUU, y subversivamente rompe el apartheid al permitir la adhesión de negros a los clubes de Play Boy y modelos negros, lo que le valdría la condena de un gobernador blanco y movilizaciones y amenazas del Klu Klux Klan.

3. El escritor de izquierda y padre de la narrativa ecuatoriana Pedro Jorge Vera, al inicio de la década de los 70 publica la revista “Ecuador 70”, y opta no por las imágenes clásicas de la lirica izquierdista con los overoles obreros y mas marchas proletarias. Elige el cuerpo de la mujer, desnuda y liberada.

Fuente: lalineadefuego.info

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