La vida de un titere debe ser triste cuando la maneja un presunto criminal

22 mayo, 2014

Imagen-La vida de un titere debe ser triste cuando la maneja un presunto criminal

Por Arturo Prado Lima

La vida de un títere debe ser amarga. Obligado por su titiritero a pisotear sus sueños, a manipular sus gestos, a bailar al ritmo de los hilos que lo controlan, a abandonar su yo profundo para asumir el de un payaso ajeno a su propia naturaleza, debe sufrir en silencio su osadía de  encarnar públicamente las miserias y caprichos de quien le da vida y lo sostiene frente al público que lo acepta y aplaude. Y pensar que hay muchos y muchas personas dispuestas a sumir ese trágico papel a fin de saborear el poder, aunque sea de lejos.

En Colombia hay un títere de candidato a la presidencia de la república y amenaza con arrebatarle la presidencia al propio presidente que aspira a la reelección, un hombre con más carácter que, solapadamente, fue cortando los hilos del titiritero cuando éste creía que ya lo tenía bien atado.

La vida de estos muñecos de trapo, endebles y moldeables, irascibles y peligrosos, sin voluntad para contradecir una orden, tienen sin embargo el privilegio de la irresponsabilidad, la cual la asumen en el momento de dejarse atar los hilos que moverán su accionar en los distintos escenarios en que los pongan a actuar.

Iván Zuluaga, candidato a por el Movimiento Centro Democrático a la primera magistratura de Colombia, es ese títere sin vida propia a que me refiero. El artista, el titiritero mayor es el senador y ex presidente Álvaro Uribe Vélez, como todo el mundo sabe. Es este último el  experto en espionaje, el que controla toda la información de cómo funciona la política, la economía, el proceso de paz entre el gobierno y la guerrilla, los grupos armados al margen de la ley y el inspirador de todo movimiento, civil y armado, que no quiere que la pacificación del país.

Dispuesto este a que descarrilen las conversaciones de paz en la Habana, y ante la imposibilidad de volver a la presidencia, utiliza a un títere, no solo para que entretenga a la gran masa, sino para que se atraviese en el camino de un posible acuerdo de paz.

Cuando se hizo elegir como presidente en su primer mandato, puso en función a muchos títeres en todo el país, los alió con el paramilitarismo y llegó a la presidencia con un caudal de votos nunca visto. La mayoría de esos senadores, representantes, gobernadores, asambleístas y alcaldes terminaron en la cárcel. Es lo que se conoce como la parapoítica. En cualquier país del mundo, un presidente elegido bajo estas premisas no sólo es destituido del cargo, sino puesto a órdenes de la justicia.

En su segundo mandato, manipuló unas votaciones en el Congreso Nacional para que le permitieran reformar la Constitución y lograr su candidatura a un segundo periodo. Es lo que se conoce como la Yesidpolítica. Legalizó a miles de paramilitares. Inventó falsas desmovilizaciones de guerrilleros, invadió a un país amigo, fumigó, con el pretexto de los cultivos ilícitos, miles y miles de hectáreas de cultivo de pan coger con sustancias consideradas en otros países como armas químicas. Permitió la ocupación militar por tropas gringas entregándoles 7 bases militares estratégicas a lo largo y ancho del país.

Sus subordinados militares se llevaron a más de tres mil jóvenes de los barrios marginales de las ciudades y de los campos, con el pretexto de acceder a un puesto de trabajo, y los entregaron como guerrilleros muertos en combate. Es lo que se conoce como Falsos Positivos. En fin. 18 mil muertos por año. 6 millones de desplazados por violencia interna. 4 millones en el extranjero huyendo de la violencia. Miles de huérfanos y víctimas de una de las guerras más prolongadas y crueles de América Latina.

Sus servicios de inteligencia funcionaron a destajo. Interceptaron a opositores políticos, a periodistas, a sindicalistas, a estudiantes y hasta a sus propios funcionarios. Es lo que se conoce como Las Chuzadas. Al parecer, cuando entregó la presidencia al títere, que no le funcionó, se guardó toda la información posible y los sistemas que la producen para hacer el máximo daño posible, pues los hilos no le obedecieron desde la primera función.

Presumiblemente, esta información y sus centros de expionaje, ya se los habría entregado al nuevo títere, este sí, diseñado con mayor rigor y con hilos reforzados para que no se rompan en el momento menos pensado, o mejor, para que ni siquiera el mismo títere, en un ataque de arrepentimiento y sinceridad, los pueda romper, información que sería utilizada en contra del proceso de paz, en contra del candidato presidente y contra quien se interponga en el camino diseñado por las élites financieras y políticas para recuperar el poder.

Sólo que este títere resultó torpe, o en un descuido, el titiritero movió más algún hilo del muñeco y este metió una pata donde no debía sin las cuartadas de rigor: en uno de sus centros de espionaje.

Mala cosa. Y aun así, hay Colombianos y colombianas dispuestos a votar por un títere. Se nos dirá que eso es democracia. Si, pero la nuestra es una democracia legal pero ilegítima. (Tema para otro artículo) Aceptamos, como ven, Y aceptaríamos que se vote por un títere. Igual, en otros países han votado por payasos, por prostitutas, por brujas, pero se han presentado como son, como payasos, como prostitutas o brujas. Y han ganado en muchas ocasiones. Y ahí están, legislando, gobernando. Lo malo de nuestro títere es que no se presenta como lo que es, sino como un hombre íntegro, libre de toda atadura, incluso con la consigna de acabar con el proceso de paz de la habana, que en el fondo, pienso yo, todos los colombianos queremos que se llegue a feliz término, incluso el alma de Iván Zuluaga, aunque los hilos del titiritero lo guíen a otro lado.

El próximo domingo Colombia decide la guerra o la paz. Y cuidado, que si cae el títere por los, las alianzas del titiritero son igual de peligrosas para la paz. Una Marta Lucía Ramírez puede asumir el papel de Zuluaga. Incluso Enrique Peñalosa.

Los movimientos sociales, el movimiento agrario, el de los maestros, el de los estudiantes, la movilización sindical y social en general, pueden impedir que Colombia siga en manos de unos SEÑORES DE LA GUERRA que ven en ella su única posibilidad de supervivencia. Clara López es la única que llevaría al país a un proceso de transición de la guerra a la paz con claras garantías de éxito. Pero si no es así, sólo la conversión de la sociedad en comunidad política consciente le evitará a Colombia la soledad de ser gobernada por un títere, de un color o de otro por otros largos y tristes años.

@arturopradolima

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