Cuidado con el contragolpe de Uribe: Los egos heridos suelen ser fatales

16 junio, 2014

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Alvaro Uribe - Ex Presidente de Colombia

Por: Arturo Prado Lima

Las Cortes Internacionales de Justicia, y las colombianas, faltaba más, deben echarnos una mano a los colombianos de paz: llamar a juicio al expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez y ponerlo en el sitio que le corresponde en la historia. Más de 250 denuncias por presuntos crímenes contra la humanidad, narcotráfico, paramilitarismo, genocidio así lo ameritan.

De esta manera, nos ahorraríamos un posible Golpe de Estado tras su derrota en las elecciones del 15 de junio, la reactivación de bandas armadas bajo un solo mando y de hecho la prolongación de la guerra indefinidamente y la producción en masa de muertos, viudas, huérfanos, desplazados de guerra, exiliados y mutilados.

Es que el proyecto del paramilitarismo colombiano, antes de la legalización de sus fuerzas, iba hacia esas orillas. Carlos Castaño, fiel ejecutor de la ideología uribista, fijó las coordenadas para la formación de las primeras guerrillas de derecha de América Latina.

Ese proyecto, concebido en ese entonces para ponerlo en marcha en caso de que ganara la presidencia de Colombia Carlos Pizarro León Gómez, el carismático líder del M-19, recién desmovilizado, estoy seguro, debe estar a buen recaudo, listo para activarse en caso de peligro de pérdida de poder de las castas financieras y económicas de Colombia. El plan no se llevó a cabo por las perspectivas de poder de Uribe Vélez y porque lograron asesinar a Carlos Pizarro en el interior de un avión a 16 mil pies de altura.

Y pensar que lo iban a hacer aunque los sueños del M-19 no eran socialistas o comunistas, precisamente, sino socialdemócratas. Su Gran Tesis era que en Colombia no había el proletariado suficiente, que, en alianza con los campesinos y las clases medias lograran una revolución a gran escala. Lo primero que había que hacer, decían, era realizar una revolución industrial para que ésta produzca el proletariado que haría la revolución. De paso, ¿No habría la necesidad también de crear una clase media importante, o al menos, detener su caída hacia estratos más bajos?

No me sorprendería que todo volviera a empezar como lo pensaban en aquellos tiempos. Un Señor de la Guerra herido por la derrota es capaz de esto y mucho más. Conoce todo el entramado de violencia colombiana. Conoce las debilidades y las fortalezas del enemigo. Las bandas criminales en Colombia, las Bacrim, están a la orden del mejor postor. No se le vaya a ocurrir unificar a esas hordas mercenarias bajo un mismo mando y una ideología como Hicieron en su tiempo los creadores de las AUC. Pues bien, el Nuevo Estado debe combatir la impunidad, y ese combate pasa por llevar a los tribunales a un presunto genocida. El nuevo país no debe permitirse la impunidad como fórmula de paz como tampoco permitir que el exterminio del otro sea la mejor fórmula de los uribistas.

Por todas estas razones, es justo y necesario que la Justicia Universal se tome en serio su papel de protector de los pueblos y llame a rendir cuantas al mundo a este presunto genocida y sus secuaces: es una tarea prioritaria si el Nuevo Estado que surja de las negociaciones de paz para que pueda dedicarse a producir soberanía económica, política y social, alimentaria y energética, y avanzar en la construcción de una legitimidad estratégica que se centre de una vez por todas a construir paz y país.

Todo el mundo sabe que si la justicia nacional o internacional actuara en conciencia, este hombre, dispuesto a prolongar la guerra infinitamente, debería estar purgando varios delitos que tarde o temprano deberá pagar y no instalando a toda una nación de una cultura miserable y rastrera de la que será difícil salir, desde el propio Senado de la República.

@arturopradolima

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