El Coleccionista

26 junio, 2014

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Francisco Garzón Valarezo

Los peritos explican que quienes coleccionan algo lo hacen por un deseo de realización personal, por placer, por el gusto que supone la posesión de lo acumulado por encima de la necesidad y que a veces no tiene ningún uso práctico.

La Enciclopedia Americana explica las razones de los coleccionistas: “…Tienen pasatiempos por muchas razones, pero principalmente, por diversión. Relajan y permiten romper la monotonía cotidiana.” Así se nos revela el caprichoso pasatiempo, de los Isaías, se divertían y relajaban comprando autos clásicos de miles de dólares.

Desde luego también está el interés científico, Simón Bolívar coleccionaba textos antiguos, Charles Darwin coleccionaba insectos, Leonardo Da Vinci coleccionaba pequeñas rocas y minerales. La mayoría de personajes ilustres de la historia coleccionaron objetos banales. Don Pablo Neruda contaba: “En realidad, lo mejor que coleccioné en mi vida fueron mis caracolas. Me dieron el placer de su prodigiosa estructura.”

Los biógrafos dicen que Napoleón coleccionaba soldaditos de plomo, al rey Luis XV le gustaban tanto los dibujos de botánica que los coleccionaba, Tomas Alba Edison decía que coleccionaba amigos, Isaac Newton coleccionaba flores y hiervas. Louis Pasteur pone su nota rara, coleccionaba bigotes. Lorenzo de Médecis atesoraba en su escritorio vasijas pequeñitas con porciones de arena de todas las playas del mediterráneo.

Un líder inglés de la segunda Guerra Mundial coleccionaba tacitas de té de los países aliados y otro coleccionaba pipas. Aquí en nuestro medio aunque no encaja en el inventario de los que hemos nombrado está Fernando Cordero que colecciona figuras de búho, otro que tampoco entra en la lista pero que patea el tablero, el que raya a todos es el estrafalario que colecciona doctorados Honoris Causa.

Aunque la designación de un Honoris Causa implique el reconocimiento de un mérito, se devalúa cuando se entrega por conveniencias, como los que entregó la Universidad de Machala a un reconocido contrabandista defraudador del Fisco y después a un banquero, o el de la universidad de las Islas Baleares que intentó entregar el título a un tenista famoso.

Igual se puede pensar de las academias que han entregado más de una decena de doctorados al coleccionista, que feliz de la vida, en el abismo de su mediocridad debe creerse un intelectual de alta valía. Cuánta razón tuvo el grafitero que pintó: “Hay genios sin estudios e idiotas con doctorados” porque con aquel título honorífico deben ser investidos quienes han destacado en ámbitos profesionales, de reconocido prestigio y no un simple cuentero devaluado.

Puede argumentar la propaganda oficialista que hay avances en política social, no obstante la BBC de Londres acaba de publicar el 20 de junio del 2014 que en América Latina “los logros sociales son indudables. En los últimos 15 años unos 100 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza y, sin embargo, la distancia que los separa de los más ricos apenas ha variado”.

El indicador relevante de la política del gobierno queda hecho trizas ante este dato, tomando en cuenta que según testimonio oficial 250.000 ecuatorianos salieron de la pobreza extrema, cifra insignificante frente a los 100 millones que emergieron en el resto de la región y que empezaron a hacerlo 8 años antes de que inicie el periodo de la “revolución”. Esto sumado a la burla sádica de que aquel que gana más de $ 2.50 ya no es pobre.

La ineptitud manifiesta al no poder ganar las elecciones del 23 de febrero contando con todo a favor, la conducción económica y política torpe, las ansias de perpetuarse en el Poder no son “Causa de Honor“  como se traduce el título de Honoris Causa, es como señala el pueblo: Causa de horror.

Fuente: ecuadorlibrered.tk

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