Espana: Feliz 18 cumpleaños… ¡A la calle!

1 julio, 2014

Imagen-Espana: Feliz 18 cumpleaños… ¡A la calle!

H.G. es marroquí y tiene 18 años. “No, no he comido nada todavía hoy”. Vive en Jerez (Cádiz), hasta ahora como ocupa de una vivienda vacía. “Dormía en una casa abandonada, con unos amigos, pero hoy la han cerrado…”, dice. Así que deberá buscarse la vida para tener techo esta noche. Lo hará con un brazo en cabestrillo, consecuencia de una mala caída, y eso no le pondrá las cosas nada fáciles si ha de saltar alguna tapia para encontrar cobijo. “Me da miedo vivir en la calle…”, confiesa en un susurro al caer la noche en una plaza del centro. Sí, tiene solo 18 años.

H.G. es uno de esos niños que llegan a España en los bajos de un camión desde Marruecos. Él lo hizo en 2012, con 16 años. Confirmada su edad y la situación de desprotección, estuvo bajo tutela de la Junta de Andalucía en un centro de menores. Y pasó el tiempo. Hace seis meses llegó la fecha en la que alcanzaba la mayoría de edad. Ese día, ese mismo día, tuvo que abandonar el centro. Se fue a la calle. José Chamizo, exdefensor del pueblo andaluz, denuncia la situación de jóvenes como él. No es ni mucho menos un caso único: “He visto en distintas ciudades de Andalucía cómo a chavales (inmigrantes) que habían estado tutelados por la Junta, por distintos motivos, también es verdad que son chavales con una personalidad compleja, se les había dejado abandonados. Una vez que han tenido 18 años, están dando vueltas metiéndose en líos, drogas, prostitución… Entendí desde el primer momento que había que hacer algo con ellos”.

Al dejar la Oficina del Defensor del Pueblo Andaluz en verano de 2013, Chamizo creó una ONG, Voluntarios por Otro Mundo. Desde diciembre de 2013, la entidad que preside trabaja en Jerez con menores inmigrantes extutelados por la Administración que no tienen donde vivir. Michel Bustillo es el responsable del programa: “Es injusto, se está dando una total injusticia. Porque las personas con 18 años a las que se les abre la puerta están en una edad muy vulnerable”.

Y el caso es que se les abre la puerta, denuncia Bustillo, como a H.G., el mismo día de su cumpleaños y sin constancia de que tengan donde vivir: “El día que cumplen los 18, a las 12 de la mañana, tienen que recoger sus pertenencias y abandonar el centro. Y a las 12 de la mañana con un macuto con ropa, una carpeta con documentación, algún regalillo que les dan los monitores y algún ahorro de la paga que reciben cuando son menores, se van para buscar un refugio”.

“Llegué en los bajos de un camión, como todo el mundo”

I.E., marroquí, llegó a España hace un año. “Llevaré en la calle unos seis o siete meses…”. Es uno de los seis muchachos inmigrantes extutelados por la Junta y sin techo que Voluntarios por Otro Mundo tiene controlados en Jerez. La noche cae, hace frío, pero no lleva abrigo. Lo explica: “Me robaron la ropa en el albergue, el pasaporte, todo… Por eso me fui con un chaval a una casa abandonada. Tengo un diploma de camarero y busco trabajo para vivir, pero todo el mundo me dice que no hay nada”.

Chamizo habla de chicos que recurren a la prostitución para subsistir. “Yo he visto a gente que sale con hombres por 20 euros. Marroquíes con españoles. Yo nunca lo haría. Yo no soy así”, dice I.E. ¿Cómo se busca la vida él? “Conozco a alguna gente que me dan dos o tres euros para comer. Hace poco fui a un centro de día pero me dijeron que no había sitio. Fui también a un piso de otra ONG pero me dijeron que no había sitio, que había un montón de chavales esperando”.

Voluntarios por Otro Mundo tampoco puede acoger a más chicos. Las 14 plazas de sus dos casas de acogida están cubiertas. Así que quedan seis jóvenes en Jerez viviendo en la calle. José Chamizo asegura que no son una excepción: “No es que numéricamente sea una fenómeno apabullante. En la ciudad de Sevilla puede haber 20 o 30 chavales en esta situación. En Granada, me comentan que sobre 30… No son números científicos, tengo que decirlo. No son cifras apabullantes, pero sí es un fenómeno que hay que abordar, fundamentalmente por su futuro y por las complicaciones que puede tener la propia sociedad si no atiende adecuadamente a estos chavales”.

El actual Defensor del Pueblo Andaluz, Jesús Maeztu, afirma ser consciente del problema: “Sí, hay gente que se han quedado totalmente desprotegida. Hay un peligro claro de que entren en la pura y dura marginación”. Cáritas también constata en su Informe sobre Personas sin Hogar de 2013 un aumento del número de jóvenes extranjeros extutelados por la Administración que viven en la calle.

El asunto es complejo. Son mayores de edad, ya fuera de la tutela de la Administración. Deben dejar, por tanto, el centro de protección donde se les acogió. Pero ocurre que siguen siendo jóvenes, demasiado jóvenes, y carecen de una red personal y familiar que los proteja. ¿Por qué no vuelven a sus países? I.E., que vive en la calle, da una razón: “En Marruecos eres alguien si tienes billetes. Si no tienes billetes, no tienes nada qué hacer”. Por eso no renuncia a intentar lograr un futuro mejor en España.

Maeztu añade: “Son niños que vienen aquí buscando el paraíso prometido, como redentores de sus familias… Pero entran en el sistema sin preparación ninguna, con problemas culturales de adaptación… Y resulta que hay protección hasta los 18 años”. Tienen que buscarse la vida por su cuenta desde entonces, con escasa formación y en un mercado laboral imposible, especialmente para los jóvenes, más aún si son extranjeros. Sin ingresos, ¿cómo pagar un alquiler? “Están solos ante el peligro”, sentencia Maeztu. El peligro de hacerse invisibles al otro lado de la frontera que marca la exclusión social.

“La esperanza es lo único que no se pierde”

“No era consciente del peligro. Pero cuando me subí a la patera me di cuenta de que jugué con mi vida”, dice Douler M´Bongo, camerunés, 18 años, uno de los siete muchachos que residen en el hogar que Voluntarios por Otra Mundo tiene en el barrio de la Pita, en Jerez. Llegó a Tarifa con 17. Un día dejó su casa, su país así, sin más, sin despedirse. Estaba seguro de que su padre intentaría retenerlo. “No sabía nada de Europa. Pensaba que era el paraíso. Pero no es lo que yo esperaba. Esperaba una vida mejor, tranquila, un futuro… No sabía que la situación de España y de Europa es muy crítica. Pero estoy aquí. Tengo que aguantar”.

Recuerda perfectamente los días previos a cumplir los 18 el pasado noviembre. “Mi cumpleaños era el 10 de noviembre. El 8 me dijeron que no me podía quedar más de dos días ahí. No tenía adónde ir. Pero encontré la ayuda de Michel”. Ahora estudia hostelería y juega al fútbol en los juveniles del San Benito, un equipo local. Sueña con ser futbolista profesional. “La esperanza es lo único que no se pierde”, afirma en su particular versión del dicho.

La Administración autonómica tiene un programa llamado Más 18 que da vivienda a chicos que estuvieron en un centro bajo su tutela (tanto españoles como extranjeros), así como formación y asesoramiento para la inserción laboral. La Junta de Andalucía dispone de 28 pisos por toda la comunidad en los que residen jóvenes que no tienen hogar al dejar el centro (tanto españoles como extranjeros). “Son insuficientes”, asegura Chamizo.

Michel Bustillo, de Voluntarios por Otro Mundo, desglosa las plazas residenciales que, según él, se destinan a jóvenes inmigrantes extutelados por la Junta en la provincia de Cádiz. “En La Línea, 11 plazas, lo lleva un centro de las Hijas de la Caridad. Y, por otra parte, la Fundación Forja XXI creo que tiene ocho plazas. Son centros concertados por la Junta. Después, hay un programa de baja intensidad con muchas más plazas. No es residencial, sino que lo que hacen es acompañamiento a la formación y a la inserción laboral de los chicos. Aquí, la gran realidad es que si no tienen un techo es imposible abrir un itinerario con estos chicos”. La Junta tutela a unos mil menores inmigrantes. Cada año decenas de ellos alcanzan la mayoría de edad.

“Un día, el de mi cumpleaños, me dejaron en la calle”

E.U. logró entrar en España desde Marruecos como polizón en uno de esos barcos que cruzan el Estrecho. Llegó nadando a él y se coló. Lo pillaron ya en Algeciras. Ahora vive en la calle. “Hombre, claro que paso hambre. Hoy todavía no he comido nada”. Vivía con H.G. en la casa ocupada: “La han tapiado”. Vino a España para ayudar a su familia, extremadamente pobre. “Mi preocupación ahora siempre es ver dónde duermo, dónde como…”. Tiene 18 años.

Abdsamad El Yousfi, también marroquí, tiene más suerte. Llegó en un camión. “Yo sabía que si era menor no me podían echar porque de mi pueblo había venido un montón de gente, casi el pueblo entero, y me lo habían dicho”. Y lo mandaron a un centro. “Fue un poquito duro. Un día, el de mi cumpleaños (a los 18), me dejaron en la calle”. Fueron tres meses en la calle. Ahora, con 20 años, reside en el hogar que Voluntarios por Otro Mundo tiene en la Pita. Desde hace tres meses trabaja en turno de noche en una fábrica de plásticos. Gana 600 euros.

Al regularizar su situación, estos jóvenes adquieren permiso de residencia por dos años. Al término de ese plazo, según establece la legislación de extranjería, pierden la documentación a menos que estén cotizando a la Seguridad Social. Voluntarios por Otro Mundo trabaja contrarreloj para encontrar vías de formación para los 14 chicos a los que puede acoger con el fin de que encuentren trabajo. “Nosotros lo que podemos hacer en este tiempo es atenderlos, que reciban formación. Se les está dando formación a todos aquellos que quieran. Y tenerlos vestidos, alimentados, mientras cambian las circunstancias… Nos dedicamos a mantener su espíritu alto, que no es poco”, asegura José Chamizo.

La ONG lo intenta con recursos limitados. El programa funciona gracias al trabajo de 15 voluntarios de Jerez sin más impulso que el compromiso social. Michel Bustillo, voluntario, administrativo de profesión, está siempre disponible: “El miércoles próximo sale otro chico de un centro. Se llama Mohamed. Vino ayer a verme, es de Tánger. Llegó a España hace un año y tiene la residencia solicitada. En el centro de menores de la Junta de Andalucía confirman que no hay ninguna plaza para él en los recursos de la Administración”. Si Michel no encuentra una solución irá a la calle.

Demasiado jóvenes, con los familiares lejos y obligados a buscarse la vida… Como sea. Bustillo y Chamizo advierten que algunos recurren a la prostitución o al trapicheo con drogas. Preguntados directamente y con el compromiso de no dar sus nombres, los chavales marroquíes sin hogar reunidos al caer la noche en una plaza de Jerez niegan haberlo hecho alguna vez. Michel, sin embargo, revela la cruda realidad: “De los seis que habéis visto que están en la calle en Jerez, hay tres que se prostituyen por 20 euros. Es un medio de vida. Si son 20 euros, 20 euros que tengo para ir tirando…”.

Hace frío y es de noche en Jerez. Alguien consiguió dinero para comprar un pollo asado que los chicos de la plaza compartirán. Alguno de ellos aún no ha comido nada hoy.

Fuente: andalucesdiario.e

 .

Compártenos y Síguenos en:
  • Bitacoras.com

Previous post:

Next post: